Estreno en Barcelona y en el Liceu, séptimo de los títulos de Haendel que disfrutan de semejante honor (el primero, el más conocido Giulio Cesare fue en 1964), Rodelinda es mucho menos famosa y frecuentada que las otras hermanas agraciadas (Agrippina, Ariodante, Alcina, Serse y Ariodante). En mi caso fue uno de los últimos títulos que vi antes de comenzar a escribir para Mundo Clásico en 2002 y desde entonces no he vuelto a verla. Un agradecido y emocionado recuerdo para aquella versión, de cuyo estreno absoluto en Glyndebourne en 1998 ha quedado por suerte un documento visual, y muy especialmente a Antonacci, Scholl, y Streit, que, dirigidos magistralmente por Christie, hicieron que de golpe se convirtiera en uno de los títulos favoritos de su autor. Los otros elementos no habían sido tan relevantes, incluida la puesta en escena, pero…
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