Discos

Eva Reiter, mujer compositora

Paco Yáñez

viernes, 8 de marzo de 2019
Eva Reiter: Noch sind wir ein Wort ...; Masque de Fer; Allemande multipliée; Irrlicht; In groben Zügen; Konter. Michael Schmid, flauta contrabajo. Annette Bik, violín. Klangforum Wien. Multiple Me. Peter Böhm y Eva Reiter, productores. Un CD DDD de 50:45 minutos de duración grabado en Viena (Austria), Bruselas (Bélgica) y Luxemburgo, en diciembre de 2012, noviembre de 2016, y junio, agosto y noviembre de 2017. Kairos 0015031KAI.

Después de haber visitado, en esta semana en la que prestamos una especial atención a la composición en clave femenina, la música de la ucraniana Anna Korsun, por medio de su tan interesante monográfico para el sello Wergo (WER 6426 2), nos fijamos hoy, Día Internacional de la Mujer, en la tan sugerente y actual voz de la flautista, viola y compositora austriaca Eva Reiter (Viena, 1976), una creadora a la que el sello Kairos dedica un monográfico realmente atractivo que, como el de Anna Korsun, demuestra la enorme potencia y actualidad de las compositoras de nuestro tiempo (incluidas las españolas, si bien éstas con el hándicap, de cara a su visualización, de una industria discográfica prácticamente en ruinas o inexistente en España; de ahí, que su presencia en el mercado fonográfico internacional sea cada vez más exigua, acusando no sólo la (aún) marginalidad de la composición femenina en las programaciones de música culta, sino la todavía mayor invisibilidad de la misma en el terreno discográfico).

Contra tal marginación alzamos hoy nuestra denuncia, aunque tenga que ser, una vez más, por medio de una edición fonográfica centroeuropea: ámbito geográfico-cultural que, tras (si tal preposición es aquí pertinente) la crisis económica, muestra que es allende nuestras fronteras donde la música goza de un enraizamiento social con bases sólidas que perpetúan proyectos en nuestro territorio tan frágiles a cada nueva acometida de los (ya superpuestos) terremotos especulativo-financieros. Precisamente, todo un terremoto sonoro lo es Noch sind wir ein Wort ... (2016), partitura que abre este compacto de Eva Reiter en una torrencial y arrolladora interpretación del Klangforum Wien (con la propia Reiter en la flauta contrabajo). Referenciar históricamente Noch sind wir ein Wort ... no es baladí, dada la radical actualidad de su estética, por lo que habremos de remitirnos a compositores como Stefan Prins, así como a la música saturada francesa, para encontrar vínculos que puedan dar pistas al lector de por qué derroteros estilísticos nos movemos. Poderosísima partitura para contrabajo, flauta contrabajo, coro de músicos y electrónica, en ella mandan las sonoridades graves, moviéndose Reiter, en este sentido, en los antípodas con respecto a los registros armónico-ruidistas de Anna Korsun (tan dada la ucraniana a los espectros más agudos).

Noch sind wir ein Wort ... es un proceso de huida constante, un frenesí que desde la flauta y el contrabajo lanza materiales que chocan entre sí y con un coro de músicos que hace de sus voces una masa polimorfa de efectos guturales, fonéticos y todo tipo de técnicas vocales extendidas que la electrónica no hace más que deformar de un modo muy pictórico. Si para caracterizar la pintura de Jackson Pollock hablamos de Action painting, para glosar esta partitura tendríamos que referirnos a una suerte de Action music muy marcada por lo gestual, por el trazo y por la liberación de energías fugaces que la electrónica tensa y espacializa, con un punto un tanto impostado en cuanto a amplificación, lo que nos coloca en un territorio mestizo entre la música culta y la comercial, por lo decibélico de esta grabación tan hinchada. Es ello consecuencia de las nuevas formas de presentar el sonido instrumental; de ahí, también, los vínculos con Stefan Prins, ya no sólo por la apariencia mecánica y robótica que por momentos adquiere Noch sind wir ein Wort ..., una obra que, como otras del compositor belga del estilo de Generation Kill (2012) o I'm your body (2014), juega con los mecanismos y el fallo como procesos de (re)aprendizaje. Así pues, una muy potente (y soberbiamente interpretada) puerta de acceso al universo creativo de compositora austriaca.

La propia Eva Reiter fundó, en el año 2003, el ensemble Multiple Me, una agrupación que tiene entre sus objetivos la potenciación/ampliación de las técnicas instrumentales extendidas, así como el desarrollo de nuevos instrumentos con los que multiplicar las posibilidades tímbricas de la música artística europea. Todo ello, trabajado como ensemble de estudio: ámbito en el que Multiple Me lleva a cabo la indagación que posibilita destellos como los ofrecidos por la segunda partitura de este compacto, Masque de Fer (2017). Escrita para voz, flauta, đàn bầu (un tipo de laúd vietnamita), viola y percusión, aunque en los datos del disco no se especifique la presencia de la electrónica, si ésta no se aplica en vivo, al menos ha de tener un papel destacado en la mesa de edición, por cómo escuchamos este quinteto de tan pródigas multiplicidades sonoras, en las que cada instrumento parece doblado por una sombra estilizada durante su ataque (de nuevo, aplicado cual brochazos). Una vez más, es la de Stefan Prins la impronta aquí más acusada, con sus procesos de fallo atascados en cascadas; un procedimiento también presente en las composiciones acústico-instrumentales del danés Simon Steen-Andersen: otra figura muy significativa para comprender las coordenadas técnicas y estéticas de Eva Reiter; al menos, en partituras como Masque de Fer. Con una voz tratada a modo instrumental, los restantes instrumentos del cuarteto lo serían de un modo electrónico; de forma que, en conjunto, asistimos a un muy premeditado proceso de desnaturalización (o resignificación) de las cualidades tímbricas de cada músico, dando como resultado una nueva realidad sonora en la que tanto incide Karin Harrasser en sus tan particulares (como al final de esta reseña veremos) notas para este compacto.

Si Johann Sebastian Bach se levantase de su tumba hoy, 8 de marzo de 2019, y escuchase la Allemande multipliée (2017) de Eva Reiter, o bien se caería de nuevo a su catafalco víctima del susto, o bien pensaría haber resucitado en otro planeta en el que su música fuese interpretada por algún tipo de comunidad alienígena cuya audición y modos de interpretación difiriesen ya no sólo en lo estético, sino en la propia orgánica a través de la cual escuchar lo que casi trescientos años antes había compuesto como 'Allemande' de la Partita para violín Nº1 en si menor BWV 1002 (1720). Y es que la reinterpretación del original bachiano en la partitura para violín y pedalero Allemande multipliée es uno de los ejercicios creativos (para muchos será herejía) más libres y personales que conozco de las Sonatas y Partitas BWV 1001-1006 (c. 1703-20) del kantor de Leipzig. En esta alemanda aquí tan prolijamente multiplicada, Reiter utiliza tanto el violín como los efectos de transformación y retardo posibilitados por el pedalero para poner en diálogo breves destellos del BWV 1002 a modo de citas-fantasma con técnicas extendidas contemporáneas que transforman la partitura barroca en un artefacto plenamente actual que nos recuerda a piezas también fertilizadas por la herencia histórica de las Sonatas y Partitas como Its fleece electrostatic (2012), obra para violín y pedales de guitarra eléctrica del costarricense Mauricio Pauly. Con ella comparte Allemande multipliée un virtuosismo heterodoxo y mestizo, entre los ecos del barroco y del rock: una fusión tan proteica como, por momentos, perturbadora, a la que se asoma el mismísimo flamenco por cómo la violinista Annette Bik procede a lo que parece todo un racial zapateado para enfatizar los elementos de danza en esta alemanda. A mayores, la voz de la violinista también está presente, poniendo, junto con el propio violín, el pedalero y el zapateado, un cuarto elemento que multiplica los elementos de esta polifonía contrapuntístico-ruidista tan del hoy como del ayer: una revisitación de las fuentes históricas con un ánimo tan intervencionista como dialogante, y que, en todo caso, nos pide una audición posterior del original bachiano para comprobar lo que para unos será actualización del violín en el siglo XXI y, para otros, estragos (y no faltan a Eva Reiter conocimientos de la música histórica, incluida la bachiana, pues recordemos que la compositora vienesa se formó como violagambista e interpreta regularmente repertorio barroco en ensembles con instrumentos de época; así que el encuentro entre siglos y estéticas se da, aquí, por medio de una voz más que autorizada).

De nuevo es Multiple Me el ensemble que da cuenta de Irrlicht (2012), partitura para flauta, trompeta, trombón, percusión, violín, viola, violonchelo y electrónica que anticipa ya los derroteros que posteriormente seguirían algunas de las piezas aquí escuchadas. Es por ello que este Fuego fatuo no cesa de crepitar e irradiar luz en los distintos instrumentos del ensemble, si bien sus trazos luminosos, pese a la brevedad que refiere el título, se expanden de forma más duradera que la música de acción respectivamente escuchada en Noch sind wir ein Wort ... y en Masque de Fer: obras en las que los materiales sonoros parecían perseguirse a sí mismos, en un ejercicio de motilidad constante. Aunque apenas un lustro separe a Irrlicht de dichas partituras, esa anticipación temporal convoca otras influencias e improntas en Eva Reiter. Así, diría que aquí es aún audible el universo acústico-electrónico de Wolfgang Mitterer, así como el sentido del humor de un Bernhard Gander, con sus monstruosidades y deformaciones instrumentales: perfecto caldo de cultivo y trampolín desde el que empaparse de la posterior influencia que parece recibir Reiter de la música saturada francesa y Stefan Prins. En todo caso, estamos ante otra partitura en la que el tratamiento instrumental es extremo, desnaturalizando (ma non troppo) la sonoridad original, audible a modo de atisbos: percepción fragmentaria que tan importante es en la audición de las partituras aquí reunidas: buenos ejemplos que son de un mundo múltiple y cambiante que exige una atención constante a procesos que apenas se desvelan, para desaparecer. De este modo, por momentos puede resultar 'frustrante' la audición de una pieza tan huidiza y polimorfa, con tal frenesí de disrupciones acústicas. No queda otra que lanzarse a su torrente de fuegos fatuo-musicales, y dejarse llevar.

Escrita para cuarteto de cuerda y transductor, In groben Zügen (2014) es una de las partituras en las que la motilidad alcanza un mayor grado dentro del catálogo de Eva Reiter. Potenciado por la transformación de energías catalizada por el transductor, el movimiento de los materiales entre los cuatro arcos es imparable, alcanzando una complejidad y un virtuosismo dignos de un Brian Ferneyhough. Ahora bien, este viaje a través de un verdadero acelerador de partículas musicales nos recordará en diversos momentos a una de las partituras icónicas de la modernidad en el cuarteto de cuerda, el Helikopter-Streichquartett (1992-93) de Karlheinz Stockhausen, por la sensación de estar inmersos en un torbellino en el cual giran sobre sí mismas las cuatro cuerdas: una impresión que se refuerza en unos últimos compases en los que pareciera que, literalmente, girasen las aspas de los helicópteros hasta su final paralización. De nuevo, estamos ante una página sin electrónica en sentido estricto, si bien el uso del transductor, además de la generosa amplificación del cuarteto, hace que la microfonía eleve de forma normalmente no audible sonoridades que potencian esa rugosidad que asociamos a lo electrónico, complejizando la escena al poner sobre los atriles no sólo esos dejes (también, por los febriles sobreagudos) stockhausenianos, sino la impronta -de nuevo- de Stefan Prins. La interpretación en este compacto corre a cargo del Klangforum Wien, cuyo cuarteto fue, asimismo, el que estrenó la partitura. Ni que decir tiene, que las cuerdas del ensemble vienés son de lo más perfecto en este repertorio, por lo que la versión resulta un auténtico festín; grabada, además, con primor.

Cierra este compacto la partitura más antigua del mismo, aunque tan sólo cuente una década de existencia. Se trata de Konter (2009), obra para flauta contrabajo y electrónica en la que ambos medios se expanden mutuamente en un proceso que se diría de ascesis y despojamiento, hasta que la flauta encuentra un espacio para sí misma y se repliega a su propia voz: una voz compleja y multiforme, profusamente desvelada por medio de la amplificación (algo tan recurrente en Reiter; de ahí, lo poderoso e hinchado de su sonido), con hasta cinco micrófonos en la flauta y uno más para el flautista. El hecho de que el propio músico lleve un micrófono se debe a que sus acciones fonéticas, proyecciones de aire y sonidos guturales tienen un peso tan relevante como el de los sonidos instrumentales y electrónicos; de forma que se puede hablar de tres emisores que se complementan (cuando no pugnan) entre sí. Además, las formas de activación de la flauta son de lo menos convencional, empezando por el hecho de ser una de las partituras (que yo conozca) en las que la concepción percusiva del instrumento es mayor, con toda una plétora de golpeos de las llaves y los tubos; ataques que, por medio de la potente amplificación, alcanzan una gran presencia y todo su sentido (pues, de otro modo, resultarían silentes para el público). Junto con ese sonido tan extrañamente percusivo en una flauta, ésta es activada con un virtuosismo arrollador que parece increíble pueda ser expuesto por un solo músico, con toda la paleta de técnicas extendidas propias de la flauta contemporánea: flatterzunge, multifónicos, slaps, diferentes ataques (inspirados o espirados) de aire sin tono, trémolos y un largo etcétera al que se suma, en torno al segundo minuto de Konter, el tocar la flauta tan sólo en su cabeza, puesto un megáfono (a su vez, también amplificado) en el tubo de la misma o en la boca del flautista, según se vayan alternando los ataques al instrumento o las articulaciones vocales: todas ellas buscando una sonoridad de aire de naturaleza híbrida entre la flauta y la voz. Mientras, la electrónica nos retrotrae a un estadio compositivo claramente anterior en la estética reiteriana, pues todavía no estamos, como en Irrlicht, bajo la impronta de un Mitterer, sino aún más atrás, con algunas apariciones (en el ecuador de la partitura) un tanto clichés y convencionales por su ambiente atmosférico y lírico, con desarrollos de los materiales acústicos más largos y atascados en bucles que los escuchados en las partituras más recientes de este compacto: de mayor vivacidad y menos lugares comunes. Esta expansión y conflicto de materiales, tantos de ellos intrincadamente conectados en los tres medios aquí reunidos (voz, flauta y electrónica), evoluciona hacia una depuración final de carácter cuasi chamánico por su sentido ritual, concentrando la música en la interioridad de una flauta que parece haber absorbido y asimilado todos los procesos de confrontación previos. La lectura registrada en este compacto tiene como protagonista al soberbio Michael Schmid, flautista de un Ictus Ensemble al que pertenece la propia Eva Reiter (como flautista, viola y voz). Del propio Schmid podemos ver en Youtube un registro efectuado el 28 de julio de 2013 en Darmstadt, más agudo y agresivo que éste de Kairos. Quizás en esta nueva grabación de noviembre de 2017 haya utilizado un instrumento de registro más grave, pues (aunque quizás es cosa de la toma de sonido) tiene más aplomo la nueva versión de Kairos, frente a la más directa, frenética y aristada interpretación de Darmstadt. La electrónica está mejor editada en Kairos, con una presencia más expansiva, ampliando el virtuosismo de un músico técnicamente tan deslumbrante como Michael Schmid. Con mayor poso y calidez, el registro de Kairos se antoja la lectura de referencia para esta página en cuanto a transparencia y equilibrio; especialmente, de flauta y electrónica, pues los efectos vocales y guturales tienen un plus de vehemencia y realce en la toma de Darmstadt.

Como se puede deducir a partir del último párrafo, las tomas de sonido de este compacto han sido especialmente cuidadas y mezcladas, si bien con ese añadido decibélico que las puede hacer, para lo que estamos acostumbrados en la música culta, un tanto hinchadas, con una agresividad más propia de la música comercial. En todo caso, es ello parte de la concepción sonora de la propia Eva Reiter, empezando por el hecho de cómo amplifica los instrumentos acústicos para hacerlos dialogar en un mismo plano con la electrónica (o la modificación electroacústica de los propios instrumentos). Por lo que a la edición se refiere, ésta es la habitual de Kairos, contando con una hermosa portada del pintor mexicano Enrique Fuentes y con notas a cargo de Karin Harrasser: un curioso ensayo en el que se aborda la estética de Eva Reiter de un modo global desde la lingüística y la literatura, más que desde la propia música, siendo las únicas que yo recuerde en el sello vienés en las que no aparece ni uno solo de los títulos de las partituras aquí grabadas en el propio texto (!), por lo que el libreto carece de explicación alguna de las coordenadas técnicas y estilísticas de estas seis piezas. Esperamos, por tanto, que lo esbozado en esta reseña sirva de guía para comprender la rabiosa actualidad y la potencia expresiva de cuanto Eva Reiter nos ofrece, como la de tantas otras grandes compositoras que enriquecen la música de nuestro tiempo y a las cuales, un 8 de marzo más, queremos reconocer y reivindicar desde Mundoclasico.com.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Kairos.

 

08/03/2019

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