Probablemente nos guste más en ópera el tratamiento que le dieron Verdi o Britten, pero atacar el modo francés de aproximación al teatro de Shakespeare es bien arbitrario, como lo es salvar una obra o dos y condenar otra(s). A Thomas le ha ocurrido eso: si a Gounod se le puede perdonar la vida hasta por su Faust (estoy hablando en general, no en lo que a mí me parece que es, una gran ópera y no por el género), ¿cómo no hacerlo con Roméo et Juliette? Si Berlioz hizo ese experimento único de Béatrice et Bénédict, vale. Pero si Thomas se mete con Hamlet, a muchos se le abren las carnes. Yo estaría de acuerdo en decir que es un autor al que le va más -también llevándolo a su campo- el Goethe de Wilhem Meister (que, además, convertido en Mignon -título que por otra parte sigo esperando volver a ver- pasa más desapercibido), pero estoy lejos…
Comentarios