Turandot es, efectivamente, una princesa de hielo que guarda en su seno un horrible resentimiento, fruto de las afrentas sufridas por su antepasada Lo-u-Ling. Sin embargo, se enfrenta a un serio problema entre las escenas primera y segunda del tercer acto: convertirse en una mujer enamorada. Este cambio se puede achacar a la ópera como excesivamente brusco y puede provocar una pérdida de credibilidad al enfrentarse a la historia por primera vez. No obstante, algunos intérpretes han sabido planear la versión del personaje siguiendo la premisa de Puccini, es decir, con ardor contenido y no como un témpano de hielo. Como todas las heroínas puccinianas, Turandot está amenazada.La fuerza del papel reside, en mi opinión, en tres momentos básicos. El aria inicial en la que expone sus causas y anhelos; el tercer enigma, en el que se define; y el…
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