Cantaba por primera vez en el Teatro de la Maestranza una de las figuras indiscutibles del panorama tenoril de finales del siglo XX y comienzos del XXI, que con gran inteligencia y una casi siempre adecuada elección de roles ha sabido mantenerse en las tablas durante más de treinta años. Sin duda, una de las máximas de su carrera ha sido siempre la paciencia; nunca ordenar nada a su voz, sino seguirla naturalmente en su evolución, lo que le ha permitido ampliar el repertorio de manera escalonada sin perder jamás flexibilidad o extensión, algo que demostró en 2006 con un espléndido Idomeneo tras haber ya encarnado a Don Carlo o Rodolfo de Luisa Miller.
A diferencia de otros colegas de cuerda con los que comparte repertorio, Ramón Vargas se permite, quizás por su especial sensibilidad musical, configurar programas donde la ópera cede…
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