Es más que interesante profundizar el llamado “verismo italiano”. Entre los varios compositores que han incursionado el mismo, está justamente Ruggero Leoncavallo, músico que desde joven estaba particularmente dotado para producir melodías cortas y pegadizas. El prólogo de la ópera Los Payasos es un magnífico ejemplo. Hay una introducción orquestal que preanuncia el drama que va a acontecer. De pronto aparece Tonio encarnado por el excelente barítono Luciano Garay para contar cómo es la vida del artista y lo que busca el compositor: hombres de carne y hueso que aman y odian, que tienen sentimientos pero que en escena deben esconder sus lágrimas internas y exhibir sus risas falsas. Realmente se lució Garay expresando lo antedicho, a pesar que hubiera sido mejor algo menos de volumen en el acompañamiento de la orquesta sabiamente conducida…
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