La Staatsoper juntó la temporada pasada en la puesta de largo de esta producción lo que creía que eran varios caballos ganadores, y amén de los Kaufmann, Pape o Stemme, se encontraban también aquellos de Audi y Baselitz, pero sin presagiar que estos últimos iban a tomar sus propios senderos, por los mismos que siguen.
La pintura del neo expresionista Georg Baselitz (1938) atesora una gran calidad y reconocimiento, de ello no hay duda, y como algún que otro colega señalaba, podríamos estar hablando más de una inversión que de una apuesta escenográfica, razonamiento ante el que no cabría debatir ni una simple coma. Visto de este modo el presente Parsifal se puede presentar como un intencionado intento de asegurar el triunfo financiero del futuro, pero con cadáveres a sus espaldas, pues denuesta e hipoteca el éxito artístico del presente.
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