Discos

Atrayendo con terneza sin igual

José del Rincón

miércoles, 10 de abril de 2019
José de Torres (ca. 1670-1738): Amoroso señor. Aurora Peña, soprano. Concerto 1700. Daniel Pinteño, violín y director. Edición y transcripción: Raúl Angulo (Asociación Ars Hispana). Supervisor artístico: Bart Wandewege. Ingeniero de sonido: Jesús Trujillo. CD DDD de 58:10 minutos de duración grabado en la iglesia de San Sebastián de Cercedilla en junio de 2018. 1700 Classics 170001.

El primer disco de Aurora Peña y Concerto 1700 dirigido por Daniel Pinteño se titula Amoroso señor y contiene cuatro cantadas sacras de José de Torres: Reloj que señala, Sosiega tu quebranto, Amoroso Señor y Murió por el pecado. Ninguna de ellas había sido interpretada ni grabada anteriormente. Aunque se ha especulado con ello, no vamos a meternos en el jardín de plantearnos si Torres es el mejor compositor del Barroco español -existiendo autores tan importantes como Sebastián Durón, Antonio de Literes o José de Nebra- pero sí podemos afirmar que las obras que contiene este disco son música de primerísimo nivel, que sorprenden por su calidad ya en una primera audición y que van acrecentando esta impresión a medida que van instalándose en la memoria del oyente que la escucha repetidas veces. Las obras que integran Amoroso señor son una excelente muestra de la etapa tardía de José de Torres y demuestran cómo este compositor va asimilando con total naturalidad las influencias extranjeras (sobre todo del barroco italiano) y se va desprendiendo de los resabios de la tradición española, cosa que se puede comprobar tanto en la escritura vocal, con la sucesión de recitados y arias que sustituyen a las coplas, seguidillas y otros números de raigambre hispana, como en las partes instrumentales, en las que es evidente la influencia italiana, especialmente de Vivaldi. La perfecta simbiosis que Torres logra entre los textos alegóricos castellanos y su propia escritura vocal (con la habitual descripción del texto a través de las figuras retórico-musicales) demuestra una asimilación muy personal de todas las influencias y la consecución de un estilo más moderno y ecléctico, pero igualmente español.

Estas cantadas han sido encontradas en las catedrales de Guatemala y Méjico por el musicólogo Raúl Angulo Díaz, autor asimismo del magnífico ensayo que figura en la carpetilla del disco. Es impagable la tarea de redescubrimiento de músicas españolas pretéritas que están llevando a cabo el citado Raúl Angulo y Antoni Pons a través de la Asociación Ars Hispana, entidad privada que está surtiendo de música de excelente calidad a Concerto 1700 y a otros grupos al margen de los departamentos de musicología de conservatorios y de facultades universitarias.

La versión que Aurora Peña y Concerto 1700 hacen de estas cantadas de Torres es sobresaliente y es el perfecto complemento a una música de tanta calidad. Aurora Peña no hace sino ratificar en esta grabación las virtudes que lleva tiempo evidenciando en sus conciertos en vivo: una voz potente, inmaculada, cristalina y de gratísimo timbre; una perfecta adecuación a las inflexiones del texto, que resulta plenamente inteligible en su dicción; una técnica, como siempre, superlativa, que la hace sentirse cómoda en estas cantadas nada fáciles y que le permite afrontar otras veces obras aún más difíciles que estas; un rigor estilístico digno de encomio y una musicalidad, en fin, intachable que le permite servir esta música con una intensidad emocional que nos permite disfrutarla al máximo. Un buen ejemplo del virtuosismo de la soprano valenciana son las coloraturas y el re sobreagudo (probablemente un mi bemol afinado a 415 hercios) de la segunda aria, titulada “Suave acento”, de la cantada que da título al disco.

Todos y cada uno de los instrumentistas que forman parte de Concerto 1700 están, asimismo, impecables en sus cometidos y afrontan la música de Torres con la debida adecuación estilística inspirada en criterios historicistas; son en esta ocasión los violinistas Daniel Pinteño y Víctor Martínez Soto, el oboísta Jacobo Díaz, la viola Isabel Juárez, la violonchelista Ester Domingo, el contrabajista Ismael Campanero (que toca aquí el violone), el intérprete de cuerda pulsada Pablo Zapico y el clavecinista y organista Alfonso Sebastián. Especial mención requieren las dificilísimas partes de violín solista de la segunda de estas cantadas, que Pinteño despacha sin despeinarse.

Aparte de su excelencia como violinista, Daniel Pinteño dirige Concerto 1700 de forma admirable. Igual que decíamos a propósito de Aurora Peña, el disco consigue transmitirnos las virtudes que el violinista malagueño consigue extraer en directo su grupo, entre las cuales destacan un depurado sonido y el vigor y el ímpetu que insufla a todas las músicas que acomete.

Sería injusto cerrar esta reseña sin mencionar la supervisor artística de Bart Vandewege, productor tan meticuloso como sabio, y la toma de sonido del polifacético Jesús Trujillo, más conocido por sus facetas de crítico y director de la estupenda Dársena en Radio Clásica.

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