Por la mañana, temprano, a esa hora en que la música es sólo un negativo aún por revelar, unos brazos gesticulando en el vacío han rescatado de mi olvido unas palabras que oí bramar a un colega hace ya muchas sinfonías : "el director es mi enemigo natural". Como los armónicos de una nota dada, este primer mandamiento satánico del músico de orquesta resonaba en mi cabeza mientras el maestro Ros Marbá corregía paternal y paciente, los defectuosos movimientos de uno de los 19 alumnos que se habían inscrito en el II Curso Internacional de Dirección de Orquesta que se celebra anualmente en Igualada. Aquí, la orquesta es el campo de tiro donde estos estudiantes hacen las prácticas para obtener el permiso de armas que les permita asesinar compositores a golpe de batuta con total impunidad. Quizá me exceda con la metáfora, porque ya sé que son…
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