Esta reseña se refiere a las funciones con distintos repartos de los días 7 y 8 de abril. El título esta vez alude a la dichosa ‘danza de las horas’, siempre el fragmento más esperado y aplaudido (ocurrió también en estas representaciones), y que es, junto con la duración extensa y las varias cuerdas importantes que cubrir, lo que en principio atrae de esta ópera, muchas veces tan denostada. Dicho esto, el público ‘tradicional’ (ya no se sabe bien a qué se alude con esta palabra) del Liceu la cuenta entre sus favoritas y que hayan pasado catorce años es un período demasiado largo que indica, además, la dificultad real con que se tropieza siempre para presentarla con dignidad, sin lo cual no vale la pena emprender tan ardua tarea.
Como se acudió a la misma puesta en escena de entonces (y bien está en tiempos de ahorro necesario) volveré…
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