Son raras las vicisitudes que tienen que ver con la programación de un título operístico. Esta maravilla de Haendel sólo llegó al Liceu hace seis años. Nadie hubiera apostado -pese al éxito- por una reaparición tan rápida, pero había una gira de DiDonato, a quien público y dirección aman por igual, y se produjo el milagro, bien es cierto que con sólo una función y en forma de concierto (poco importa, actuaron con manos y ojos aunque algunos un tanto aferrados a la partitura, pero la parte teatral estuvo). El teatro -era una función de abono- estaba lleno aunque sin llegar a las localidades agotadas. El público siguió con atención, no hubo bajas, se aplaudió mucho al final y también algunas arias (no todas lo merecían, y algunas que sí, pasaron en silencio). En general se ofreció completa sin algunos da capo o variaciones. Como sucede con…
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