Si Salvadore Cammarano retrodató la trama del romance histórico de Walter Scott a finales del siglo dieciséis, la conocida apuesta de Barbara Wysocka situará la acción en la américa de los Kennedy, refrendada, amén del atrezzo – Cadillac incluido –, por el vestuario de Julia Kornacka.
Lo que más condiciona la calidad del producto final no es sin embargo el cambio de marco histórico o la presencia de un único ambiente con pobres alusiones a las primitivas escenas, sino la nueva lectura dramática del personaje de Lucia, mucho más temperamental, distorsionando e incluso nublando nuestra capacidad de entender las decisiones reflejadas en el libreto de Cammarano, para llegar incluso en ocasiones a contradecirlo. El hecho se agrava más con un título que como es sabido innova en la historia del género al instaurar una relación indisoluble entre…
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