El último concierto de la temporada de la Sinfónica de Bilbao, BOS, fue un acabado ejemplo de cómo un concierto con imperfecciones, altibajos e incluso excesos en el propio planteamiento inicial puede resultar apasionante y, desde luego, preferible a una de esas citas carentes de especial relieve que trufan las temporadas de las orquestas -cuando no las dominan-. En esta tarde intensa se pudo escuchar el estreno estatal de la interesante Märchen-Suite de Zimmermann, probablemente lo más redondo de la cita, y se pudo escuchar música de Wagner, con los tradicionales fragmentos de Tristán e Isolda y una selección de La caída de los dioses que incluía, cómo no, la famosa escena de la inmolación de Brunilda: un Himalaya.
Preludio y Muerte de amor de Tristán e Isolda ofreció un muy buen resultado orquestal. Erik Nielsen continúa creciendo en el…
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