Opinión

El discreto encanto del feminicidio: ultra derecha y crítica musical

Enrique Sacau

viernes, 5 de julio de 2019
La ira divina cae sobre Sodoma © François Elluin (1781). Dominio público

Parece curarse en salud el crítico musical Gonzalo Alonso cuando, en un artículo lleno de exabruptos homófobos y machistas publicado el 29 de junio en La Razón, menciona como modelos de régisseur a reconocidos directores homosexuales. No logra evitar la polémica y necesita publicar días después un artículo en su web haciendo las cosas peores: sepan que, según Alonso, hay también un lobby judío en el mundo de la ópera. 

Evito los argumentos ad hominem y no asumo que Alonso sea homófobo, machista o antisemita: no sé nada de sus circunstancias personales, estado civil, preferencias sexuales, intención de voto o nivel de renta. Me centro, pues, en lo que ha escrito e, incomprensiblemente, la dirección de La Razón ha considerado oportuno publicar. Para muestra, un botón. 

En el entorno de la ópera en Italia circula la broma si se retira a los homosexuales de la ópera, quedan una mesa y dos candelabros. El resultado: la degradación y distorsión de la ópera como arte. 

La fuente de esta perla es un artículo de Loris Maudrad, quien publica a menudo en reconocidos medios de extrema derecha alemanes, como lo son el anti-inmigrante y anti-musulmán PI News, y el Katholisches. El artículo de Alonso, que se apoya frecuentemente en Maudrad, denigra las producciones provocadoras que intervienen en el texto e ignoran las presuntas intenciones del autor. 

Es un viejo e interesante debate, naturalmente, y hay dos bandos principales con muchos tonos de gris de por medio. Los hermeneutas relativizamos la centralidad del texto (la partitura, el libreto y las indicaciones escénicas) y consideramos a los intérpretes autores. Los exégetas, por el contrario, asumen que hay un texto con un significado intrínseco que se debe descifrar: para ellos, el intérprete es primero estudioso y luego canal que comunica las intenciones del autor. 

Algo parecido a los reformistas contra los conservadores de la Corte Suprema de los Estados Unidos: los primeros creen en la lectura contemporánea de la Constitución y el constante diálogo con la misma, y los segundos que hay que tomarla al pie de la letra. 

Los literalistas suelen creer que las producciones de hace 50 años (y que habrían dejado atónitos a Mozart y Verdi) están más de acuerdo con las intenciones (¿el espíritu?) del compositor; suelen denostar las de hoy en día (que dejarían, también sin duda alguna, atónitos a los mismos compositores). También hay, como digo, posiciones intermedias. Alonso podría haber elegido escribir sobre esta cuestión interesantísima y expresar sus gustos y disgustos a placer. Pero no. Resulta chocante que Alonso haga causa común con Maudrad para darle un sopapo a lo que califica como “lobby gay”. En este presunto lobby mete a directores gays y heterosexuales. ¿Quién necesita sutileza cuando se trata de lobbies? 

Es incomprensible, naturalmente, el nexo causal entre lo que el autor considera la “degradación y distorsión” de la ópera y la presencia significativa de homosexuales en esa industria. Esta relación de causalidad directa tiene dos posibles explicaciones: o bien Alonso ignora las reglas básicas de la lógica y no tiene mucha idea de escribir en español, o bien las conoce y escribe correctamente lo que piensa. La primera posible explicación me inspira cierta compasión y la segunda desprecio. 

Desprecio particularmente, por citar otra perla del artículo (les recomiendo que lo lean porque abundan), que Alonso suscriba, ni más ni menos que en la frase con la que termina el ensayo, la opinión de Franco Zeffirelli a propósito de La Scala. Según el recientemente fallecido director escénico, cinematográfico, partidario de la pena de muerte a las mujeres que abortan y senador por Forza Italia (el partido político del rey de las tetas Silvio Berlusconi): La Scala es “un maravilloso cofre de belleza”. Zeffirelli se imagina la decepción de un niño que vaya a la ópera a ver el presunto cofre y se encuentre con la producción escénica de Carmen firmada por Emma Dante, que no entro a valorar. Zeffirelli considera esta producción “peligrosa” para los niños. 

En realidad, es la cita inmoral de Zeffirelli que secunda Alonso la que es peligrosa para los niños. Sin duda hay que proteger a la infancia de un texto que afirma que un teatro es necesariamente un cofre de belleza. Son también cofres del horror. La historia de un celoso acomplejado que apuñala a su ex-novia por haberlo dejado no es bella, ni en La Scala ni en Vallecas. No lo es. 

Al periódico que publica semejante cosa deberían ponerle un cartel, como a la lejía, que recomiende no dejarlo al alcance de los niños. A las producciones escénicas de Carmen que la blanquean y presentan como hermosa tampoco deberían asistir los niños. Y al autor de este artículo ruin y nauseabundo habría que exigirle rigor lingüístico y, sobre todo, rigor moral. 

Comentarios

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05/07/2019 11:13:55

No creo que el autor de ese articulo al que se refiere Enrique Sacau tenga la capacidad intelectual para escribir mejor, y de moral... bueno..... siempre existe la esperanza......

En Inglaterra decimos Wolf in sheep's clothes o "lobo vestido de oveja".

Gracias Enrique! pero no te ocupes mas de esto.....no vale la pena.

Eduardo Benarroch


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05/07/2019 16:31:45

Bueno. No suelo comentar lo que escriben mis colegas, pero veo que Eduardo Benarroch, buen amigo con el que suelo estar en desacuerdo muchas veces, ha escrito algo con lo que sí puedo estar -parcialmente-de acuerdo. No en que Enrique Sacau deje pasar por alto este tipo de cosas. Yo soy más bien un exégeta, en la teoría (buena) de Enrique, pero, como él bien señala, con zonas grises (que es lo que todos tendríamos   que tener, sin ser exclusivamente una cosa u otra). Concretamente he visto la puesta en escena de la Dante de esa Carmen que fue muy silbada en la primera función, y que sin duda contenía elementos  para estar en desacuerdo, pero partía de una idea seria de las que las versiones caligráficas suelen carecer (tipo las de Zeffirelli, que sin duda ha hecho algunas buenas hasta los años 70, no sólo en ópera, sino en teatro y en cine, y que cuando estaba obligado por la exigüidad del espacio -como en la Aida de Busseto- obtenía mejor resultados que cuando llenaba la Arena de Verona de todo tipo de objetos lujosos).  Y aunque haya algo de cierto en la 'teoría' de los lobbies habría que insistir en que no se trata de uno ni de un solo tipo ; hay nombres poderosos que tienen una sexualidad 'normal' (algo exagerada) y que usan testaferros para imponer nombres en absoluto condivisibles


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