Fue la Sinfonía nº 3 de Saint-Saëns la que nos llevó un domingo, a la hora de la siesta, hasta la Sala de conciertos del Mariinski. No es nada habitual escucharla en concierto por la dificultad de introducir el órgano en la orquesta y porque Saint-Saëns es un compositor que no acaba de asentarse en el repertorio. Y el resultado fue muy superior a lo que esperábamos, incluso Carreira, que es fan reconocido de Saint-Saëns y considera esta sinfonía una obra maestra.
El programa era muy coherente, música francesa de la Belle Époque (salvo La Valse, ya de 1920), y atendía a la formación de los jóvenes músicos en un estilo que se ha considerado ‘patriótico’ y, consecuencia de la geopolítica, resulta tener claras confluencias con el estilo imperialista ruso (el del Grupo de los Cinco). Visto desde aquí, además de ser un repertorio que todo joven…
Comentarios