Elementos muy sencillos, pero no simples: un entorno montañoso creado con plásticos negros, muy inquietante, que proponía un entorno pegajoso e incómodo, un reducto fatal del que pareciera imposible zafarse, una maldición, un lodo; un caserío esqueletizado, en el que la protagonista deseaba y soñaba como si tales potencias estuvieran a su alcance, ilusa; el mismo caserío quebrado y comido por la ruina y la vegetación, cuando ya todo se había roto para siempre de forma violenta y los sueños habían quedado devastados.
Esta economía de elementos escénicos soportaba la visión compleja y enriquecedora de Bieito: en escena, los personajes adquirían una relevancia dramática muy superior a la atesorada por el libreto de Power. Donde dormía una estampa popular atravesada de tópicos -la amenaza del lobo, la romería popular, la propia orfandad de…
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