Para esta nueva empresa de ópera semi-escenificada en el Barbican londinense, Peter Sellars colocó una tarima entre el público y la orquesta. Sobre ella, solistas de negro interpretaron humanos y animales sin representar a estos últimos con orejas, plumas o pieles postizas. Fue gracias a esta idea que la elusiva genialidad de la obra de Janáček finalmente salió a la vista. Porque, mas que un cuento de animales vs. humanos, La zorrita astuta es una parábola del erotismo que los une a todos en una naturaleza común. Así lo propone Sellars desde el comienzo en una escena inolvidable: el guardabosque caza una zorrita niña para llevársela como diversión para su familia. Pero durante el interludio siguiente la niña se transforma en una mujer con la cual el guardabosques hace el amor apasionadamente.
En la escena siguiente, veamos a la zorrita…
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