A ver cómo les explico yo esto. Versión uno: Una niña, símbolo de las primeras etapas de la vida, es el centro de una danza ritual en torno a sus aprendizajes y transiciones, representadas mediante diferentes colores con los que se van tiñendo su cabello, su piel y su ropa. Versión dos: un coro vestido de campesinas húngaras baila sardanas mientras le hacen todo tipo de barbaridades a una niña en camisón que probablemente termine denunciándoles por varios delitos, a cuál más desagradable.
Vale, puede que en la segunda versión mi gusto por el sarcasmo se me haya desbocado un poco, pero les aseguro las dos sirven para relatar una de las escenas que el director Romeo Castellucci muestra en su puesta en escena del Requiem de Mozart.
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