La verdad es que uno se reencuentra con la trilogía popular de Verdi como quien lo hace con unos viejos amigos que están allí siempre y no importa si la realización es mejor o menos completa uno sale siempre admirado de la concisión, de la capacidad para captar en un par de frases un sentimiento, una psicología, de la modernidad que encierra tanta tradición que no se arroja por la ventana porque sí…
Que conviva un aria de entrada de la soprano como ‘Tacea la notte placida’ con la canción inicial de Azucena ‘Stride la vampa’, o el racconto ‘Condotta ell’era in ceppi’ con el belcantismo de ‘Ah sì, ben mio’ o ‘Il balen del suo sorriso’ (tenor y barítono) deja boquiabierto. Que el relato de Ferrando (una de esas arias ‘explicativas’ como la que se encuentra también en el prólogo de Simon Boccanegra) nos dé en tan poco tiempo todos los…
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