Soy consciente de que me adscribo a la doctrina minoritaria cuando digo que me cuesta ver el elemento religioso en las sinfonías de Anton Bruckner. Incluso en esta Novena, dedicada “al buen Dios”. El motivo es, lisa y llanamente, porque no lo necesito para disfrutar en lo sensorial y en lo intelectual de una música muy estimulante en ambos sentidos; por eso me gusta igual el Bruckner agnóstico de Sergiu Celibidache que el Bruckner fervoroso de Eugen Jochum. Manfred Honeck se apunta a la hermenéutica mayoritaria, y así lo manifiesta en sus notas de la carpetilla. Como viene siendo costumbre en este sello discográfico, Honeck desmenuza la Novena Sinfonía señalando multitud de ejemplos (indicados con número de compás y minutaje del disco) acudiendo a la liturgia católica, y singularmente al “Agnus Dei” en su tercer movimiento.
Y su versión…
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