Como primera pieza del programa estaba previsto el Tercer Concierto de Bartók con la participación solista de András Schiff. Pero se cayó Schiff y se cayó Bartók, y en su lugar se dio el Concierto en Sol mayor de Mozart contratando los servicios del alemán Martin Helmchen (Berlín, 1978). Qué pena, dirán ustedes –y dije yo cuando supe del cambio-. Y sin embargo la pena se convirtió en una felicidad inmensa.
Porque la versión que dieron Helmchen y Nelsons del concierto mozartiano fue de perfección absoluta (valga la redundancia). Con la orquesta convenientemente reducida -tres contrabajos- pero sin talibanismos historicistas, bastó la introducción del Allegro para darse cuenta de que aquello iba a ser algo grande: ágil, claro, a tiempo justo y con un fraseo refinado, haciendo cantar con igual delicadeza a la cuerda y a la madera en empaste…
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