Para ser alguien a quien no le gusta la parte dodecafónica de Arnold Schoenberg, resulta que este curso 2018-2019 lo empecé escuchando en Coruña su Concierto para violín con la moldava Patricia Kopatchinskaja, y lo termino en Lucerna con la misma obra y la misma solista. No ha sido voluntario sino mera casualidad, pero me alegro infinitamente: a estas alturas de mi vida esta música sigue sin gustarme, pero a las mismas alturas sé reconocer una interpretación brillante cuando me la dan. Y la de esta noche lo fue, y mucho.
Kopatchinskaja es una violinista con una técnica fuera de serie, con buen gusto para tocar lo que sea desde el barroco a lo que se escribió anteayer, y sobre todo con una personalidad que ejerce un magnetismo irresistible para quien la escucha. Dejando aparte el lenguaje, la pieza es dificilísima técnicamente (“necesitará…
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