Austria

Griegos trágicos en Salzburgo (I)

Agustín Blanco Bazán

viernes, 6 de septiembre de 2019
Salzburgo, viernes, 16 de agosto de 2019. Grosses Festspielhaus. Médée. Ópera en tres actos con libreto de François-Benoît Hoffman y música de Luigi Cherubini. Simon Stone, regie. Bob Cousins, escenografía. Mel Page, vestuario. Christian Arseni, dramaturgia. Elena Stikhina: Médée . Pavel Černoch: Jason. Vitalij Kowaljow: Créon. Rosa Feola: Dircé. Alisa Kolosova: Néris. Coro de la Opera de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena bajo la dirección de Thomas Hengelbrock. Festival de Salzburgo, 2019
Stone: Médée de Cherubini © SF/Thomas Aurin, 2019

Este año, los mitos griegos se cargaron al Festival de Salzburgo. Lo hicieron sin necesidad de columnas dóricas, jónicas o corintias, gracias a talentosos regisseurs empeñados en demostrar que los mitos no son cuentos de hadas sino realidades actuales. 

Como Tobias Kratzer con el Tannhäuser de Bayreuth, Simon Stone combinó teatro y cine en Medée para explicarnos qué puede llevar a una mujer a asesinar a sus propios hijos. Un horror, dirán ustedes, pero creo que la explicación le salió bastante bien. Porque aquí no sólo se trata de un Jasón descubierto in fraganti en la cama matrimonial con Dircé, la hija de un acomodado mafioso en un Salzburgo contemporáneo. Medea debe abandonar la paradisíaca villa alpina que fue su hogar para volver a su nativa Georgia, luego de perder no sólo la tenencia de sus hijos sino también su visa de residencia y …¡fin de la obertura con filmaciones! Durante el resto de la noche veremos a Dircé probándose vestidos de novia en la mejor casa de la ciudad, y los invitados chequeando en el hotel donde tendrá lugar la boda. También descubrimos a Medée en un locutorio en Tblisi llamando a Jasón y dejándole extensos mensajes (grabados con una voz de Jeanne Moreau) que el cretino no se molesta en contestar: que le desea felicidad, pero que lo quiere ver una vez mas, sólo una vez, que también quiere ver a sus niñitos, que ya compró un pasaje barato, que llega mañana, etc. Es así que termina presentándose en el aeropuerto de Salzburgo, en una escena de descomunal teatralidad: Creón y la policía de inmigración no la dejan entrar, pero Medea hace un escándalo ante las cámaras de un canal de noticias, que repiten y repiten la visión de la refugiada tirándose al suelo con sus valijas y los inútiles forcejeos de la policía para contenerla. Algo que sus hijos ven en la gran televisión de su cuarto en el hotel de la boda. 

Cine y teatro siguen colaborando para contarnos qué hace Medea con una visa temporal de veinticuatro horas, desde el momento en se cuela en la boda disfrazada de camarera para matar a Dircé hasta la alocada carrera en nocturna con sus hijos en un automóvil robado que termina en callejón sin salida de la estación de servicio. Es allí que al verse rodeada de sus enemigos, toma el surtidor para rociarlo todo con nafta antes del final de fuego. En fin, todo tan histérico, apasionado y asfixiante como la música de Cherubini. Y todo maravillosamente sincronizado con la versión musical que la Filarmónica de Viena ejecutó con luminosa claridad de detalle y enfática entrega dramática bajo la batuta de Thomas Hengelbrock. 

Una característica particularmente bienvenida en este festival de Salzburgo fue la elección de cantantes de voz fresca y convincente talento actoral. Por ejemplo: Elena Stikhina, una inolvidable Medée por su incisivo timbre dramático y un fraseo capaz de conmover y espantar hasta las rocas con sus ruegos y amenazas. No le quedó atrás su rival Dircé, que Rosa Feola cantó con emisión redonda y radiante en el medio y el agudo. Pavel Černoch, interpretó un Jasón satisfactoriamente repugnante como playboy alpino con su mezcla de susto y estupidez.  Su voz fue siempre de timbre cálido y bien proyectado, a pesar de un apoyo algo débil en el registro grave. Excelente el Creón de Vitalij Kowaljow.

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