Quien más aplausos cosechó la noche siguiente en Idomeneo fue la Electra de Nicole Chevalier. Su D'Oreste, d'Aiace fue una verdadera escena de la locura subrayada por contorsiones inéditas y ataques vocales de soberano control y squillo. Este fue el mejor momento de la regie de personas de Peter Sellars, que cambió Creta por una isla del Pacífico para prevenirnos sobre la furia de un Neptuno dispuesto a hundirnos en el caos del calentamiento global. Pero el principal problema fue que, a diferencia de la genial Clemenza di Tito presentada en Salzburgo en 2017, este Idomeneo sepultó en general el perfil de los conflictos individuales con la retórica de su mensaje político.
De cualquier manera, la progresiva reconciliación entre los griegos locales y los refugiados troyanos fue maravillosamente escenificada, y aparte de Nicole Chevalier,…
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