En estos tiempos de pandemia hay que echar la imaginación y el emprendimiento a caminar. Es obvio que durante un tiempo los conciertos en locales cerrados van a tener lugar con aforos restringidos, y algunos incluso no serán económicamente viables por esa razón. Es también previsible que parte del público (probablemente más en los conciertos de clásica, en los que la edad media de los espectadores es mayor) pueda tener comprensibles reticencias a asistir a tales eventos, en los que, además de no estar al aire libre, se da la circunstancia potencialmente negativa del factor tiempo de exposición, dado que el espectador permanece en su localidad, rodeado de las mismas personas, durante el tiempo que dure el concierto (habitualmente no menos de 70 minutos).
No es pues de extrañar que se busquen alternativas que permitan conciliar la necesidad…
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