Discos

Hasta siempre, Herr Gielen

Paco Yáñez

lunes, 23 de septiembre de 2019
Leoš Janáček: Glagolská mše; Taras Bulba. Alexander von Zemlinsky: Psalm 23 opus 14. Carl Ruggles: Sun-Treader. Charles Ives: Central Park in the Dark; General William Booth Enters into Heaven; The Unanswered Question. Colin McPhee: Tabuh-Tabuhan. Edgard Varèse: Arcana. Eduard Steuermann: Variations for Orchestra. Claude Debussy: Le Martyre de saint Sébastien; Nocturnes. Ferruccio Busoni: Berceuse élégiaque opus 42; Nocturne symphonique opus 43; Sarabande und Cortège opus 51. Max Reger: Concierto para piano y orquesta en fa menor opus 114. Franz Schreker: Vorspiel zu einem Drama. Paul Hindemith: Symphonie "Mathis der Maler". Goffredo Petrassi: Concerto per orchestra Nº1. Richard Strauss Der Rosenkavalier: "Mir ist die Ehre widerfahren"; Wiegenlied opus 41. 1; Tod und Verklärung opus 24. Giacomo Puccini: Madama Butterfly: "Un bel di, vedremo", "Scuoti quella fronda" y final del acto II. Richard Wagner: Wesendonck-Lieder: "Der Engel"; "Träume". Maurice Ravel: Daphnis et Chloé; Une Barque sur l’océan; Alborada del gracioso; Valses nobles et sentimentales; La Valse. Aleksandr Skriabin: Sinfonía Nº3 en do menor "Le divin poème" opus 43. Christiane Boesiger, Catherine Gayer, Ellen Shade y Elizabeth Whitehouse, sopranos. Cornelia Kallisch, Waltraud Meier, Margit Neubauer y Márta Szirmay, mezzosopranos. Hanna Aurbacher y Brigitte Messthaler, contraltos. Thomas Moser, tenor. Richard Anlauf, barítono. Günter Reich, bajo. Steven de Groote, Claude Helffer y Peter Roggenkamp, pianos. Imrich Szabó, órgano. Chor der Oper Frankfurt. Chor des Bayerischen Rundfunks. EuropaChorAkademie. Slovak Philharmonich Chorus Bratislava. SWR Vokalensemble. Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR. Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrücken. SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Michael Gielen, director. Sören Meyer-Eller y Hans-Jörg Müllender, productores ejecutivos. Bernhard Bauer, Helmut David, Anton Enders, Ute Hesse, Bardo Kox, Norbert Klövekorn, Frank Richter, Susanne Vogt, Norbert Vossen y Frank Wild, ingenieros de sonido. 8 CDs ADD/DDD de 585:41 minutos de duración grabados en Baden-Baden, Colonia, Fráncfort del Meno, Friburgo, Karlsruhe, Münster, Saarbrücken y Stuttgart (Alemania), de 1961 a 2006. SWR Music SWR19061CD.

Parafraseando a Antonio Gamoneda (de quien celebramos estos días la aparición de la segunda parte de su «poesía reunida» publicada por Galaxia Gutenberg), en 2019 han vuelto a arder las pérdidas, con ese reguero de continuas ausencias que cada año golpea a la música culta. Entre quienes nos han dejado a lo largo de este año, una muerte resulta especialmente dolorosa para quien estas líneas firma: la de Michael Gielen (Dresde, 1927 - Mondsee, 2019), compositor y director austriaco de origen alemán que el pasado 8 de marzo fallecía, a los 91 años de edad, privándonos de una de las batutas que más hizo por la música del siglo XX, muchos de cuyos estrenos capitales pasaron por sus manos. Consciente de la crucial importancia de Michael Gielen, el sello discográfico de la radio alemana SWR está dedicando al que fue durante décadas director de varias de sus orquestas una serie fonográfica, la Michael Gielen Edition, de la cual venimos dando cuenta en Mundoclasico.com desde abril de 2018, fecha en la que reseñamos el quinto volumen de dicha edición, dedicado a dos de los compositores de referencia para Michael Gielen: Béla Bartók e Ígor Stravinski (SWR Music SWR19023CD); una reseña que tuvo su continuidad en febrero de 2019, cuando nos adentramos en el sexto volumen de la serie: edición que contenía una de las más completas integrales de las obras orquestales y vocales de Gustav Mahler de cuantas podemos encontrar en el mercado bajo una misma batuta: la que el sello de la SWR (SWR19042CD) nos presentó con una notabilísima selección de interpretaciones dirigidas entre los años 1988 y 2014, incluyendo varios de los lanzamientos que, como es habitual en la Michael Gielen Edition, ya habían aparecido en el sello Hänssler.

El volumen que hoy presentamos, séptimo de la Michael Gielen Edition, compendia una serie de grabaciones parte de las cuales ya había aparecido en años previos, en sellos como el propio Hänssler, Arte Nova, o Intercord; si bien un buen puñado de registros (tanto en vivo como en estudio) son primicia en disco compacto, como iremos indicando en cada caso. Al igual que en los compactos dedicados a Mahler, Stravinski y Bartók, estamos ante unas lecturas caracterizadas por la férrea disciplina y empuje que impone Gielen desde esa musculosa batuta a la que nos referíamos cuando reseñamos el quinto volumen de la serie, con el que comparte una pujanza y un pulso rítmico, en global, semejante, aunque ello no escatime el que se atiendan a las muy particulares idiosincrasias de cada compositor, pues lo aquí reunido nos ofrece un panorama estético de las últimas décadas del siglo XIX y de las primeras del XX de lo más ecléctico...

...comienza este viaje asomándonos a tierras checas, de la mano de Leoš Janáček (Hukvaldy, 1854 - Ostrava, 1928), de quien escuchamos, abriendo el primer compacto, una imponente lectura de la Glagolská mše (1926) grabada en junio de 1988 en Münster. A pesar de estar registrada en un recinto religioso, sorprende el planteamiento general llevado a cabo en esta Misa Glagolítica que más parece una cantata o un poema sinfónico (en las partes estrictamente orquestales) que una misa propiamente dicha. Magnífica en voces (Ellen Shade, soprano; Márta Szirmay, mezzo; Thomas Moser, tenor; y Günter Reich, bajo; además de un muy pertinente Slovak Philharmonich Chorus de Bratislava), destaca el poderío abrumador con que Gielen conduce a una SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg lanzada a tumba abierta desde el comienzo de la introducción, de cuerdas aceradas y una verticalidad impactante. A pesar de la presencia de un coro (entonces) checo, la lectura rehúye cualquier idiomatismo nacionalista, acercando, como es habitual en las versiones de Michael Gielen, las partituras a su vena más germánica (que algo de ello restaba en el lenguaje de Janáček; incluso, en la torrencial ejecución del solo de órgano a cargo de Imrich Szabó: una de las más bachianas que conozco en compacto). Y no es porque Michael Gielen no sea un director checo; es decir, no hay que irse a lecturas como la mítica de Karel Ančerl (Supraphon SU 3667-2) para encontrar una respiración más eslava, así como un sentido más litúrgico de la obra: algo de lo que tan buena fe han dado dos de mis lecturas predilectas, las de Michael Tilson Thomas (Sony SK 47182) y, muy especialmente, la de Charles Mackerras (Chandos CHAN 9310): ambas, estupendas y con un punto más de refinamiento que ésta tan abrumadora que hoy reseñamos; una versión, en todo caso, disfrutable por su músculo y poderío, aunque de misa tenga más bien poco.

La segunda partitura de Leoš Janáček que presenta este séptimo volumen de la Michael Gielen Edition se encuentra, asimismo, en el primer disco. Se trata de Taras Bulba (1915-18), pieza orquestal que aquí escuchamos en un registro efectuado en estudio el 21 de noviembre de 1986. De nuevo, Gielen dirige a la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg en una versión especialmente elegiaca y contemplativa en sus dos primeros movimientos, frente a un mayor lirismo en la lectura que tengo como referencia para esta obra, la de Charles Mackerras al frente de la Wiener Philharmoniker (Decca 440 966-2): una interpretación que goza, además, de una orquesta portentosa en cada uno de los primeros atriles. Ello no quita que la de Gielen sea muy disfrutable, como en una "Profecía y muerte de Taras Bulba" impresionante por su sentido épico tan acusado, vigoroso y contemplativo cuando es preciso, destacando las llamadas en la distancia de los metales, así como los juegos de la percusión, todo ello como un fresco de la memoria bélica del cosaco que protagoniza la obra de Gógol tomada por Janáček como referencia dentro de las filiaciones eslavas tan habituales en el checo, aunque aquí Gielen tampoco explore esa vía, como sí lo hacía soberbiamente Karel Ančerl (Supraphon SU 3667-2) en la otra lectura referencial junto con la de Mackerras.

Como la Glagolská mše, el Psalm 23 opus 14 (1900) de Alexander von Zemlinsky (Viena, 1871 - Larchmont, 1942) fue grabado por Gielen en Münster, en junio de 1988, con el mismo coro y orquesta. No estamos ante el sensual y delicadísimo Zemlinsky de Riccardo Chailly para este opus 14 (Decca 444 969-2), pero es obvio que el lenguaje del austriaco resulta más cercano a Gielen, tan directo aquí, aunque perdamos la opulencia tímbrica y el lirismo de Chailly; en mi opinión, primera opción fonográfica.

El segundo compacto está dedicado a la música norteamericana, y no diría que se trate, ni mucho menos, del que contiene las lecturas más afortunadas de este volumen, notándose que con algunas de estas partituras Michael Gielen no tenía el mismo grado de sintonía que los directores que a continuación citaremos como referencia para cada página. Ello es patente en la obra que abre el disco, Sun-Treader (1926-31), pieza orquestal de Carl Ruggles (Marion, 1876 - Bennington, 1971) que aquí escuchamos en versión del 21 de junio de 1975 con Gielen al frente de la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR (que aparece en disco compacto por primera vez). Aunque pueda parecer extraño en Gielen, falta énfasis y pulso rítmico, además de color, quedando la versión muy roma y plana frente al alarde de Michael Tilson Thomas con la Boston Symphony Orchestra para la Deutsche Grammophon (463 633-2), que cinco años antes nos dejó la mejor versión que conozco de Sun-Treader.

De uno de los mayores genios de la música norteamericana del siglo XX, Charles Ives (Danbury, 1874 - Nueva York, 1954), escuchamos en este segundo disco General William Booth Enters into Heaven (1914), Central Park in the Dark (1906) y The Unanswered Question (1908), las dos primeras como primicia en compacto. Aunque con sus virtudes y detalles (de los tantos que disemina Ives en sus partituras), en estas versiones de los años 1975 y 1995 vuelve a faltar el punto idóneo para que podamos disfrutar plenamente de estas páginas como de la mano de Michael Tilson Thomas (Sony y RCA) y Leonard Bernstein (Sony y Deutsche Grammophon). Por tomar un ejemplo, en las dos piezas orquestales los pasajes más vivos carecen de brillo en las maderas, así como de las melodías reconocibles, desdibujándose las llamadas y respuestas en The Unanswered Question, así como los juegos de ecos, distancias y poliestilismos en el retrato nocturno de Central Park. A pesar de que la introducción y la disolución de ambas piezas es hermosa en su tejido de cuerdas, los episodios centrales pierden bastante como para que no podamos hablar de un Ives de primer nivel.

Aunque no es John Adams un compositor que uno asocie con Michael Gielen, es imposible no escuchar un antecedente de su estilo sincrético en la lectura que en el segundo compacto Gielen realiza de Tabuh-Tabuhan (1936), página orquestal de Colin McPhee (Montreal, 1900 - Los Ángeles, 1964); especialmente, en su primer movimiento. Los ecos orientales procedentes de Bali se asoman de un modo más acusado al segundo movimiento, siendo el tercero toda una síntesis que Gielen llena de vitalidad, dejándonos una versión enfática, plena de desparpajo y frenesí, muy disfrutable, con Claude Helffer y Peter Roggenkamp en los pianos, acompañados de la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, en un registro, como el de Carl Ruggles, efectuado en vivo el 21 de junio de 1975 que ve la luz por primera vez en compacto.

Con Edgard Varèse (París, 1883 - Nueva York, 1965) nos encontramos con un compositor mucho más afín a Michael Gielen, como se deduce de la audición de su espectacular Arcana (1925-27) recogida en el segundo compacto. Ya desde su fulgurante comienzo, tomamos conciencia de una visión a tumba abierta, especialmente en cuanto a pulso rítmico y a su acentuación por los metales, sonando la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg con una verticalidad impresionante en este registro en estudio del 6 de febrero de 1995 que disfrutamos en disco compacto por vez primera. Así pues, una propuesta marcada por el músculo y el impacto sonoro; asimismo, muy moderna en timbres, aunque para escuchar estos con el más mínimo detalle me iría a la versión de Riccardo Chailly en su impagable integral orquestal vareseana con la Concertgebouworkest de Ámsterdam (Decca 460 208-2).

Cierra la selección norteamericana Eduard Steuermann (Sambor, 1892 - Nueva York, 1964) con Variations for Orchestra (1958), otra partitura completamente afín a un Michael Gielen que la acerca, cómo no, al Schönberg de las Variationen für Orchester opus 31 (1926-28), así como a las 3 Orchesterstücke (1913-15, rev. 1929) de Alban Berg, por lo que a lo cerebral se le une lo sensual, en una lectura que congratula en estos tiempos de liviandad por su rigor y férrea arquitectura. Gran versión, por tanto, registrada en estudio por la SWR Sinfonieorchester el 12 de febrero de 1990, repleta de matices y soberbia en estilo que rubrica con fortuna un segundo compacto desigual.

Comienza la amplia presencia francesa en este séptimo volumen de la Michael Gielen Edition a la altura del tercer disco (todo él primicia en compacto), que incluye una lectura simplemente correcta de Le Martyre de saint Sébastien (1910-11), de Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 - París, 1918), grabada en vivo el 14 de abril de 1972 con la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR, el Chor des Bayerischen Rundfunks y el SWR Vokalensemble, acompañando a Cathérine Gayer, Hanna Aurbacher y Brigitte Messthaler en las voces principales. Se echa de menos un carácter más ritual en la obra y ese misticismo suspendido que flota en la magnífica versión de Michael Tilson Thomas con la London Symphony Orchestra para la Sony (SK 48240). Más halagüeña me ha parecido la versión que completa este tercer compacto, con unos estupendos Nocturnes (1897-99) registrados, igualmente en vivo, por la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR el 30 de octubre de 1975. Destaca en esta versión, aunque pueda resultar poco idiomático en los esfumados impresionistas de Debussy, el puntillismo con el que Gielen destaca cada voz y timbre; de forma que el resultado muestra matices sonoros de un Seurat, por sus relieves, especialmente destacados en una tercera pieza del tríptico, "Sirènes", soberbiamente integrada entre el SWR Vokalensemble y la orquesta. Como veremos en los compactos dedicados a Ravel, serán los pasajes más pujantes y tímbricamente modernos aquellos en los que la batuta de Michael Gielen obtenga más matices y planos de relieve; destacadamente, por medio de unas maderas graves estupendas, lo que refuerza el carácter nocturnal de la página.

El cuarto compacto, titulado por la SWR Música de transición, presenta tres partituras de Ferruccio Busoni (Empoli, 1866 - Berlín, 1924): Berceuse élégiaque opus 42 (1909), Nocturne symphonique opus 43 (1912-13) y Sarabande und Cortège opus 51 (1918-19); y una de Max Reger (Brand, 1873 - Leipzig, 1916), su Concierto para piano y orquesta en fa menor opus 114 (1910): páginas que Michael Gielen sostenía que facilitaban la comprensión de la Segunda Escuela de Viena, por las puertas musicales que abrían hacia el futuro, a pesar de no adelantar las modernidades que Schönberg puso sobre los atriles. Excepto Nocturne symphonique, aquí en primicia discográfica a cargo de la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR (con toma en vivo del 29 de octubre de 1980), el resto de las grabaciones ya habían sido editadas previamente, siendo todas tocadas por la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, con tomas en estudio efectuadas entre 1987 y 1995. En páginas como el Concierto para piano de Max Reger destaca Gielen los vínculos con el pasado, su vena brahmsiana y las citas de corales que el compositor disemina por su partitura, volviendo a convocar, como por sus grandes acordes y enormes desarrollos orquestales de los movimientos extremos, la sonoridad del órgano: instrumento tan importante en el pensamiento musical de Max Reger. La lectura que aquí disfrutamos, con Steven de Groote al piano, es estupenda, tanto por solista como por orquesta, resultando especialmente bella en un 'Largo' tan sedoso y cálido que cuesta asociarlo con una batuta como la de Michael Gielen (aunque en algunos de los movimientos lentos mahlerianos ya nos había dejado pruebas de que es capaz de acariciar los oídos cuando se lo propone; diría que, incluso, acercando este opus 114 de Max Reger a los conciertos para piano de Serguéi Rajmáninov).

Mientras, las páginas orquestales de Ferruccio Busoni ratifican la alta calidad de este cuarto disco, con tres partituras marcadas por la muerte, lo nocturnal y unas sonoridades suspendidas que Gielen esfuma cual pintor, sin forzarlas en absoluto e integrando los densos acordes de páginas como la espectral Berceuse élégiaque con líneas melódicas que evocan desde una nana a una inquietante sensualidad desintegrada, rubricando, el 3 de febrero de 1995, una versión primorosa con la SWR Sinfonieorchester en la que sus últimos compases resultan de un colorido muy atractivo por su ambigüedad al establecer los sucesivos centros tonales. También con la orquesta de Baden-Baden y Friburgo grabó Gielen, el 12 de diciembre de 1987, una Sarabande und Cortège de impresión, ya publicada en el sello Intercord. De nuevo, la expansión cromática manda, con una tensión tonal en los albores de lo schönberguiano, aquí aliada con un ritmo fúnebre inmisericorde durante todo este esbozo para el Doktor Faust (1916-24). Es, por tanto, una pena que, por lo escuchado en estos dos estudios sinfónicos, Michael Gielen nunca hubiese grabado (que yo tenga constancia) la ópera y opus magnum de Ferruccio Busoni, pues nos hubiese dejado una versión de referencia (al menos, en lo orquestal). La grabación más antigua del compositor italiano aquí recogida es un Nocturne symphonique con la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart que individualiza más los timbres de la orquesta, con una dirección más romántica, lírica y enfática, igualmente muy concentrada y más preciosista, completando un cuarto compacto entre lo mejor del séptimo volumen a nivel interpretativo; un disco que reafirma la enorme comprensión que Michael Gielen tenía de la música de los albores del siglo XX, como veremos en su momento en la soberbia edición dedicada a la Segunda Escuela de Viena, ya en el volumen 8 (SWR19063CD) de la Michael Gielen Edition.

El quinto compacto se abre con Franz Schreker (Mónaco, 1878 - Berlín, 1934) y su Vorspiel zu einem Drama (1913), con una toma en estudio efectuada el 7 de febrero de 1995 con la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Me ha parecido ésta la mejor lectura del disco: plena de intensidad, opulencia y colorido, desplegada a partir de una orquesta de gran formato que sirve a Gielen para no escatimar en gigantismo y en un estilo sonoro que se mueve desde el glamur hasta el erotismo, rubricando una lectura fantástica de lo que, en realidad, es la obertura -en versión de concierto- de la ópera Die Gezeichneten (1915).

Así como la de Franz Schreker fue una música que Michael Gielen defendió con frecuencia, recuperando en Alemania parte de sus óperas, la de Paul Hindemith (Hanau, 1895 - Fráncfort del Meno, 1963) no estuvo presente sobre los atriles del director de forma habitual, por lo que la SWR rescata para esta edición un registro de Symphonie "Mathis der Maler" (1934) efectuado el 8 de febrero de 1968 al frente de la Rundfunk-Sinfonieorchester Saarbrücken. Se trata de una lectura muy enérgica y arcaizante, con un tercer movimiento de verdadera impresión por su agitado nerviosismo y colorido, aunque a veces le falte atmósfera y un lenguaje más afín al compositor alemán como el desplegado en las soberbias lecturas de Herbert Blomstedt (Decca 421 523-2) y Leonard Bernstein (Deutsche Grammophon 429 404-2).

Cierra el quinto disco Goffredo Petrassi (Zagarolo, 1904 - Roma, 2003) con su Concerto per orchestra Nº1 (1933-34), en el registro más antiguo de este séptimo volumen; a su vez, el primero que se conserva de Michael Gielen al frente de la SWR Sinfonieorchester, pues nos retrotraemos a los días 24 y 25 de enero de 1961, fechas en las que fue grabada en el Hans-Rosbaud-Studio de Baden-Baden esta toma, aún monoaural, que incide no sólo en el neoclasicismo de Petrassi, sino en ecos impresionistas y orientales que Gielen incorpora haciendo su dirección, así, algo más lucida, pues se vuelve a percibir que, como en el caso de Hindemith, no es Petrassi un compositor que se encuentre en el núcleo estético del director austriaco. A mayores, y a pesar del indudable valor histórico del registro, no estamos ante la mejor toma de sonido de la edición, por lo que el interés decae considerablemente, siendo preferible irnos a la integral de los ocho conciertos de Petrassi grabada entre 2003 y 2004 por Arturo Tamayo al frente de la Radio Symfonie Orkest neerlandesa (Stradivarius STR 33700).

El sexto disco (todo él por primera vez en compacto) recoge grabaciones efectuadas por Michael Gielen para el programa de televisión Kitsch, Kunst … oder (1997), en el que pretendía mostrar cómo una interpretación puede cambiar por completo el sentido de una partitura musical, pasando un mismo texto de una consideración kitsch a una de alta cultura en función de cómo éste se toque. Para adentrarse en tal dicotomía, tomó en su día Michael Gielen, al frente de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, diversos ejemplos musicales al respecto, comenzando por Richard Strauss (Múnich, 1864 - Garmisch-Partenkirchen, 1949) y el dúo "Mir ist die Ehre widerfahren", extraído de Der Rosenkavalier (1911). Escuchando las serias lecturas del director austriaco, nadie diría que se trate de kitsch en absoluto, aunque cierto es que, para extraer todo el encanto de esta música y su inquietante aroma a fin de época, uno se iría a los registros de Carlos Kleiber (en sus dos documentos audiovisuales publicados por la Deutsche Grammophon) y Herbert von Karajan (tanto en disco, DG; como en vídeo, Sony). Otro tanto diría de los fragmentos "Un bel di, vedremo", "Scuoti quella fronda" y del final del acto II de Madama Butterfly (1901-03), ópera de Giacomo Puccini (Lucca, 1858 - Bruselas, 1924) en la que Gielen intenta mostrar el sentido de exotismo que lo oriental poseía en la música europea de principios del siglo XX. Aun así, para quien quiera disfrutar de ese exotismo con los mejores mimbres recomendaría las versiones de Sir John Barbirolli (en CD, EMI 7 69654 2) y Herbert von Karajan (en blu-ray, Deutsche Grammophon 0440 073 5131 4): ambas, estupendas.

En esta dilucidación entre lo kitsch y lo artístico (cuántas veces ambas cosas no van de la mano), Michael Gielen convoca a Richard Wagner (Leipzig, 1913 - Venecia, 1883), por medio de dos Wesendonck-Lieder (1857-58): "Der Engel" y "Träume". En ellos, busca Gielen mostrar cómo el tempo y las indicaciones dinámicas modifican nuestra percepción de ambas partituras, optando para la primera por un tempo muy moderado; mientras para la segunda, por una indicación similar, pero rehuyendo la total lentitud, para evitar acaramelar ambas páginas. Las dos cuentan con una estupenda Waltraud Meier en plenitud de facultades en estos registros efectuados, igualmente, para la televisión, en noviembre de 1993, destacando una sobrecogedora lectura de "Träume". Es también Waltraud Meier quien canta, maravillosamente, el Wiegenlied opus 41. 1 (1899), acompañada por un Gielen aquí especialmente sedoso, dando cuenta del bello y nostálgico decadentismo del último Richard Strauss.

Por último, al capítulo straussiano hemos de sumarle un registro del 4 de mayo del 2006, con una toma en vivo igualmente de la SWR Sinfonieorchester. Se trata de Tod und Verklärung (1889), página que Michael Gielen desgrana en sus primeros compases con una gran lentitud y tenebrismo, remarcando los fúnebres presagios de una obra de la que se dice que Strauss, ya en el final de su vida, afirmó que reflejaba con exactitud lo que era la cercanía de la muerte. Ésta, desde luego, parece presente en los compases centrales de la obra, de una tremenda virulencia en la que destacan los golpeos del timbal, así como una concepción de la orquesta que diría organística: totalmente vertical e integrada en acordes cromáticos. Frente a ese extatismo en lo más lento de la partitura, contrastan los compases más rápidos por su agresividad, por lo que la lectura parece beber de dos estados de ánimo bien distintos. Se trata, por tanto, de una versión muy interesante, a sumar a la prolija nómina de grandes interpretaciones de Tod und Verklärung, entre las que uno tiene como preferencias las dirigidas en 1974 por Herbert von Karajan (Deutsche Grammophon 447 422-2) y en 1979 por Sergiu Celibidache (Münchner Philharmoniker Archive MPHIL0006).

Regresamos a la música francesa en un séptimo disco íntegramente dedicado a Maurice Ravel (Ciboure, 1875 - París, 1937) que se abre con una de las más bellas partituras de comienzos del siglo XX, Daphnis et Chloé (1909-12), aquí en versión de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg grabada en estudio del 8 al 10 de septiembre de 1997. Muy notable interpretación, la dirigida por Michael Gielen, destacando pasajes como las introducciones a ambas partes de la obra, la "Danse grotesque de Dorcon", o la "Danse guerrière": todas ellas, un primor en calibración de las tensiones dinámicas, lectura coreográfica de la partitura, y afinación/definición de planos vocales y orquestales (incluidos instrumentos no convencionales, como la máquina de viento, además de obtener un sentido muy plástico de las voces del EuropaChorAkademie). La introducción a la segunda parte es también un perfecto ejemplo, con sus juegos de llamadas en la distancia y planos acústico-teatrales espacializados; todo ello, dentro de un soberbio manejo de la violencia inherente, rubricado con una "Danse guerrière" entre las más vigorosas de la discografía de un ballet que no anda escaso de fantásticas grabaciones. Asimismo, plena de fuerza, refinamiento y detalles es la conclusiva "Danse générale", finalizando una lectura que, si bien en su comienzo parecía remitirse a un planteamiento cercano al de Pierre Boulez en su toma del año 1994 con la Berliner Philharmoniker para la Deutsche Grammophon (447 057-2), acaba resultando más heterogéneo y teatral.

Completan el séptimo disco dos partituras breves de Maurice Ravel, Une Barque sur l’océan (1905, orq. 1906) y Alborada del gracioso (1905, orq. 1918), esta última, por primera vez en disco compacto. Une Barque sur l’océan suena especialmente atmosférica y extática, pero le falta esfumado y cromatismo, así como poética y delicadeza. En este sentido más frío, me quedaría con la impresionante lectura registrada en 1973 por Pierre Boulez al frente de la New York Philharmonic (Sony SM3K 45842). Mientras, la Alborada del gracioso habría que retitularla aquí como Alborada del hercúleo, por su sentido robótico, hasta militar, en metales y percusión. Peca de falta de humor y exotismo: ése que, paradójicamente, a comienzos del siglo XX representaba lo español en Francia. En todo caso, destaca Gielen por cómo enfatiza algunos timbres de la SWR Sinfonieorchester, con gran rotundidad en el registro grave de cuerdas y maderas, en línea con la hercúlea visión de la obra. Para unas lecturas más satisfactorias, en estilos totalmente distintos, me iría a la grabación del año 1969 de Pierre Boulez al frente de la Cleveland Orchestra (Sony SM3K 45842) o, más aún, a la completísima y repleta de estilo de Sergiu Celibidache en su registro audiovisual del año 1994 con la Münchner Philharmoniker (EuroArts 2059118): primoroso y bastante más raveliano que esta grabación de Michael Gielen.

Pasando al capítulo de valses (ya en el octavo y último disco), en primer lugar, unos Valses nobles et sentimentales (1911, orq. 1912) que no me han convencido, muy escasos de encanto y brillo; de nuevo, con una Radio-Sinfonieorchester Stuttgart des SWR (con toma en vivo del 10 de octubre de 1975) que queda, en general, por debajo de lo escuchado a la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg. Mientras, es primicia en disco compacto la versión de La Valse (1919-20) que escuchamos como cierre a este séptimo volumen, con una toma en vivo de la SWR Sinfonieorchester efectuada el 24 de marzo de 1993 en Colonia. Como se pueden imaginar, dentro del catálogo raveliano La Valse era una partitura que le iba como anillo al dedo a Michael Gielen, que nos regala una versión de un poderío atronador; por momentos, un tanto rígida, pareciendo un vals de robots en sus compases más cuadriculados, si bien en los más contrarrítmicos Gielen despliega un frenesí que abruma por los golpeos con los que espolea a sus bailarines. Versión telúrica, profusamente construida desde los registros graves de cuerda, maderas y metales, ya desde su pedal inicial se perciben los tintes amenazadores de la partitura, los ecos que reviste de la conflagración bélica que acababa de acontecer, convirtiéndola Gielen en una elegía por el vals vienés y su decadentismo: aquí, llevado a las puertas del expresionismo.

Por último (aunque sea La Valse la partitura que cierra este cofre), escuchamos a Aleksandr Skriabin (Moscú, 1872-1915) con su Sinfonía Nº3 en do menor "Le divin poème" opus 43 (1902-04), en una versión de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg grabada en estudio en mayo de 1975 que ya había aparecido en disco compacto en Hänssler (CD 93.059). Tampoco se encuentra entre lo más logrado de este séptimo volumen, pecando un tanto de enfoque germánico y de una impronta cuasi-schönberguiana. Se disfrutará, por ello, de un empuje común a las musculosas lecturas de Michael Gielen, pero en cuanto a colorido, a misterio y a refinamiento poético le falta bastante para llegar a lecturas que creo muy preferibles, como la de Riccardo Muti en su integral con la Philadelphia Orchestra (EMI 7 54251 2), o la sublime grabación en vivo efectuada el 12 de febrero de 1976 por Kiril Kondrashin al frente de la Concertgebouworkest de Ámsterdam (RCO Live RCO 06004).

Así pues, un séptimo volumen de la Michael Gielen Edition muy interesante por partituras, aunque de nivel interpretativo más desigual que los volúmenes ya reseñados en Mundoclasico.com, con Bartók, Mahler y Stravinski. En todo caso, el próximo volumen de la serie que visitará nuestras páginas recupera el nivel promedio de los volúmenes quinto y sexto, con una edición fantástica en doce discos dedicada a la Segunda Escuela de Viena: una de las especialidades mayores de Michael Gielen y un lanzamiento discográfico que, ya se lo adelanto, es de lo mejor que se haya publicado en esta serie.

Las tomas de sonido son, en general, muy buenas, al provenir todas ellas de registros radiofónicos de la propia SWR, aunque se notan las acusadas diferencias existentes entre los registros más antiguos (especialmente, el más flojo y monoaural de 1961) y los más modernos (que llegan hasta 2006). El libreto vuelve a ser tan bueno como los anteriores de la serie, con 75 páginas en alemán e inglés repletas de ensayos (a cargo de Paul Fiebig y Elvira Seiwert) no sólo sobre las partituras aquí tocadas, sino sobre la relación histórica de Michael Gielen con cada una de ellas, especificando el enfoque que el director austriaco les confería en cada momento. Además de los datos completos de los registros, así como de fotografías y de las biografías de todos y cada uno de los artistas aquí implicados, nos encontramos con una presentación de la Michel Gielen Edition, con las carátulas de los lanzamientos previos y con una cronología y biografía del director austriaco en sus propias palabras (en este volumen, únicamente hasta el año 2014, en cuyo mes de febrero Michael Gielen se subió al podio por última vez como director). No comprendía dicha cronología, por tanto, el triste fallecimiento del dedicatario de esta edición, el pasado 8 de marzo: fecha que ya nos encontramos en el libreto del octavo volumen de la Michel Gielen Edition, del que les daremos cuenta antes de terminar un 2019 en el que, tristemente, hemos dicho hasta siempre a Michael Gielen.

Estos compactos han sido enviados para su recensión por la SWR.

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