Hubo un tiempo en el que la calidad técnica de un instrumentista se medía en la del canto. Así lo prescribían los métodos que durante la primera mitad del siglo XIX proliferaron con intención pedagógica moderna. Violinistas, pianistas, trompetistas o clarinetistas, entre otros, reclamaron para sí el uso de la técnica vocal. Es más, parecieron entrar en una competición en la que dilucidar qué sonido sería el más cercano a la voz humana.
Louis Spohr, desde Alemania, reclamó para el violín dicha proximidad. El belga Auguste de Bériot no sólo fue esposo de María Malibrán y pareja artística de su hermana Pauline, sino que redactó un tratado para el mismo instrumento influenciado por el escrito para la voz por su cuñado, Manuel García. Títulos como Klavier und Gesang (1853), de Friedrich Wieck, o L’art du chant appliqué au piano (1853), de…
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