La Agrippina de Joyce DiDonato es aquí una mujer alfa de un cinismo acentuado con magnífica densidad y articulación vocal. Cada nota le sale como una perla en medio de una antológica combinación de intensidad y control dramático. Con similar excelencia vocal Lucy Crowe la juega como una Poppea saltarina y seudo romántica pero no menos zorra que su rival. Y manipulados por ellas saltan y corren hombres adictos al sexo y al poder, siempre casi a punto de eyacular en su ansiedad hacia uno y otro. Todo ocurre en una de esas instalaciones típicas de Rebecca Ringst, en este caso un gran contenedor metálico cuyo interior podemos ver a través de persianas que suben y bajan, y que se desintegra en módulos separados de acuerdo al movimiento de personas.
Como en el Saúl de Glyndebourne, Kosky triunfa con una regie irresistible. En el caso de Poppea,…
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