La temporada se inició con la misma ópera con que se puso en marcha el ‘nuevo’ Liceu tras los cinco años de ‘exilio’ después del incendio de 1994. Al principio se exhibió un pequeño corto al respecto que provocó los aplausos del público (mucho invitado del mundo político y la cultura).
Fue una nueva puesta en escena muy tecnológica ella, con mucha proyección, luz, espadas láser tipo Guerra de las Galaxias vinieran o no a cuento, trajes de robot y robots, una grúa que maniobraba para abrir y cerrar partes del escenario con el coro en general con muy poco movimiento, un mandarín vestido en el peor estilo revisteril, una Liù que parecía salir de una película de 1940 de Cecil B. de Mille, un Timur que de ciego no tenía nada… y poco más. Ah, sí, como ahora queda bien hablar del machismo en Puccini, y Calaf junto con Pinkerton se las pintan…
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