Vox nostra resonat

Andrés Gaos & The invention of tradition (8) 'Granada' como repertorio de sustitución

Maruxa Baliñas y Xoán M. Carreira

viernes, 29 de noviembre de 2019
Andrés Gaos, París: 1937 © Biblioteca América-USC

Al parecer, Andrés Gaos (1874-1959) sentía especial predilección por Granada (Buenos Aires: Teatro Colón, 27 de octubre de 1916), su única obra orquestal que gozó de cierto recorrido. En un artículo anterior estudiamos las circunstancias de su estreno en plena Guerra Mundial, como cortesía de la propaganda bélica francesa hacia Argentina, un país de enorme importancia estratégica en aquellos momentos, así como sus interpretaciones en España y Argentina en la década de 1920. En esta segunda entrega estudiamos el regreso a los escenarios de Granada en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, al servicio de las relaciones diplomáticas francoargentinas y como fruto de la propaganda política de la dictadura militar de Agustín Pedro Justo (1932-1938), que dió nombre a la "década infame" de la historia argentina.

París 1937. Gaos como músico argentino

Los días 24 y 29 de septiembre de 1937 Gaos participó en la Exposición Universal de París, representando a Argentina*, y dirigió la mítica Sociedad de Conciertos Lamoreux en dos programas que ofrecían una selección de la producción sinfónica de diez de creadores argentinos indisolublemente vinculados al Conservatorio Williams (1893), la Asociación Wagneriana (1913), la Sociedad Nacional de Música (1915), El Conservatorio Nacional de Música (1924), entidades firmemente institucionales y/o afines a las propuestas estéticas e ideológicas de la corrupta dictadura, preocupada por el cosmopolitismo musical que caracterizaban la programación de la Orquesta Filarmónica de la de la Asociación del Profesorado Orquestal, a partir de 1925, y el Teatro Colón a partir de 1929, dirigida la primera por Ernest Ansermet (1883-1969) y el segundo por Juan José Castro (1895-1968). Salvo Gaos y Alberto Williams (1862-1952), el resto de los autores seleccionados habían monopolizado el cartel de estrenos argentinos en las dos primeras décadas del Teatro Colón (1908-1928), y varios de ellos -singularmente Carlos López Buchardo (1881-1951) y Constantino Gaito (1878-1945).

 

Los diez compositores elegidos por Gaos tenían entre setenta y cinco y cuarenta y siete años: Felipe Boero (1884-1958), Ernesto Drangosch (1882-1925), Raúl Espoile (1888-1958), Constantino Gaito, Andrés Gaos, Carlos López Buchardo, Juan Bautista Massa (1884-1938), Carlos Olivares (1890-1972), Celestino Piaggio (1886-1931) y Alberto Williams. Las obras seleccionadas habían sido escritas entre 1889 y 1922, las únicas obras recientes fueron la Quinta sinfonía en mi bemol mayor "El corazón de la muñeca" op.100 (1936) de Williams e Impresión nocturna de Gaos cuya fecha de composición desconocemos y que a menudo se menciona como estrenada en dicho concierto, de lo cual no existe constancia alguna. Salvo Williams, los otros nueve apenas habían compuesto música para orquesta.Si tomamos la programación de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en sus primeros cincuenta años de vida (1946-2006) como indicador de la relevancia de estos diez autores en el repertorio sinfónico argentino, en medio siglo de actividad ininterrumpida de esta emblemática orquesta sólo encontramos las Escenas argentinas (a menudo sólo la "campera") de López Buchardo.

A pesar de su inexperiencia como director (sólo había estado en dos ocasiones al frente de una orquesta sinfónica, en 1913 y en 1933) y de las razonadas protestas de diversos sectores profesionales, Gaos fue impuesto como el artista idóneo para dirigir esos conciertos promocionales del esencialismo nacionalista defendido por la dictadura militar, cuyo estandarte era el mito rural del gaucho reflejado en obras como las Escenas argentinas (1922), única composición sinfónica de López Buchardo, Obertura Criolla (1920) de Drangosch, Cabalgando por el totoral de Espoile, Un amanecer en la Pampa (1918) de Felipe Boero o Visión de Gaito. 

El 26 de septiembre La Nación, diario favorable a la dictadura, publicó un elogioso reportaje anónimo titulado Los conciertos de música de la Argentina en París que incluía una entrevista en la que Andrés Gaos justificaba la programación de nueve de los diez autores argentinos (omite mencionar que autoprogramó dos obras propias, una por concierto):

Los dos conciertos, el que se realizó el viernes y el del miércoles próximo son las dos primeras manifestaciones de esa orden que el gobierno argentino haya organizado en Europa. Cuando se me confió la elaboración de los programas, propuse presentar una síntesis de la escuela argentina contemporánea. Como doble homenaje a la Argentina, reserve en el primer concierto un lugar destacado a Alberto Williams, decano de los compositores argentinos y uno de los últimos alumnos vivientes de Cesar Frank. Entre toda su obra abundante y variada elegí la primera composición escrita después de su regreso de Francia, una Obertura de concierto y su última sinfonía, terminada en 1936 y recientemente publicada en Buenos Aires.

En cuanto a las Escenas argentinas de López Buchardo, están todas inspiradas en el folklore argentino y en ellas está expresada de manera profunda y original la nostalgia que se desprende del paisaje de la pampa en oposición a la alegría de las fiestas populares. Esta misma impresión estará reproducida en diversos grados en varias de las obras inscriptas en el programa del segundo concierto: en un poema sinfónico de Raúl Espoile, en la Obertura criolla de Ernesto Drangosch, en las composiciones de Felipe Boero, Constantino Gaito y J. B. Massa, músicos que han buscado su inspiración en la fuente inagotable de las leyendas populares sudamericanas. Pero la escuela argentina comprende también a maestros clásicos y la Sinfonía de Carlos Olivares y una Obertura de Celestino Piaggio, que se interpretarán el 29, lo probarán suficientemente. Estas obras han encontrado en los miembros de la Orquesta Lamoreux intérpretes tan competentes como abnegados. Desde mi llegada a París estos músicos han trabajado con entusiasmo, lo que me ha permitido presentar las obras de mis compatriotas de manera impecable. Dos solistas especialmente, el violinista William Canterelle y la arpista Lily Laskine han sido para mi preciosos colaboradores*.

Esta circunstancia política y diplomática proporcionó a Gaos la oportunidad de presentar el 24 de septiembre en París su poema sinfónico Granada, y lograr una modesta repercusión en diarios de diversas orientaciones ideológicas, alguno de ellos muy poco interesado en la vida cultural. 

Los compositores argentinos en París. Viernes por la tarde [24 de septiembre] sala Gaveau, sala llena para asistir al primer concierto de música argentina. El programa incluía la Quinta sinfonía del Sr. Alberto Williams, decano de los músicos argentinos. Es una obra importante que llamó la atención del público desde los primeros compases. La orquestación es clara y sonora a la vez. En cuanto a las danzas populares del segundo tiempo, estas evocan plenamente el ambiente argentino donde se impregnan los temas. El Sr. Andrés Gaos condujo esta obra de un modo admirable destacando con una finura extraordinaria la belleza de los detalles. Nosotros escuchamos a continuación las Escenas argentinas de López Buchardo, composición encantadora donde los motivos, con tendencias populares, nos transportaban a la pampa argentina. El último movimiento, La Campera, está preñado de una sincera emoción. El crepúsculo en la Alhambra, del Sr. Andrés Gaos es un poema sinfónico admirable y comunicativo, donde la orquestación vibrante y colorista finalizó con una auténtica ovación. Para terminar se nos ofreció la Obertura de Williams, obra de mérito indiscutible que la orquesta Lamoureux ejecutó con un fuego extraordinario. Es necesario rendir homenaje al maestro argentino Sr. Andrés Gaos porque su “maestría” [sic] reveló a un músico consumado. Su dirección sobria y enérgica a la vez produjo en el público entusiasmado una profunda impresión*.

Música. Concierto de obras argentinas. El comité del pabellón argentino de la Exposición, deseoso de que se conozcan en París las obras de sus compositores más distinguidos, ha organizado dos conciertos sinfónicos. El primero tuvo lugar el viernes [24 de septiembre] en la Sala Gaveau con el concurso de la Orquesta Lamouréux, bajo la dirección de otro argentino, el Sr. Andrés Gaos. El Sr. Gaos está lejos de ser un desconocido para nosotros. ¿Quién no tiene en la memoria el recuerdo de sus grandes éxitos como virtuoso? El concierto de ayer [27 de septiembre] nos demostró que, además del admirable intérprete que conocemos, es también un director de orquesta de primera categoría. Las obras ejecutadas bajo su dirección recibieron un auténtico éxito. Fueron la Quinta sinfonía y la Obertura de M. Williams, las Escenas argentinas de López Buchardo y el Crepúsculo en la Alhambra [Granada] de Gaos. Todas estas composiciones fueron interpretadas de manera admirable y han obtenido del público que llenó la sala un brillante éxito*.

Ambas reseñas son anónimas, lo que invita a pensar que se trata de notas de redacción, como revela el lenguaje empleado, la abundancia de calificativos y de referencias visuales. Se trata de una práctica frecuente en la prensa diaria de la época que sigue siendo relativamente habitual en la de nuestros días cuando se trata de atender a eventos institucionales, especialmente si están organizados por entidades o empresas clientelares de la publicidad de esos medios. De todos modos es relativamente sencillo discriminarlos de los publirreportajes insertados en secciones de opinión e incluso de información, como sucede con un artículo del compositor e hispanista Raoul Laparra (1876-1943) o los dos publicados en L'intransigeantun tabloide nacionalista y protofascista famoso por sus campañas de promoción del pacifismo de Adolf Hitler.

Conciertos de música argentina. Hay en Buenos-Aires también un conservatorio de música artísticamente situado como una escuela de bellas artes. Sus clases, amuebladas al estilo español del siglo XVIII, se distribuyen alrededor de la encantadora sala del Teatro Cervantes, edificio ortodoxamente castellano construido por la famosa actriz María Guerrero, donde dejó su fortuna, su salud y su vida. Bajo los auspicios del secretario general de las artes, Sr. G. de Elizaldo (autor de un notable ensayo sobre técnica vocal), y del eminente director Sr. Lopez Buchardo, el firmante de estas líneas asistió a interesantes clases de composición, donde había una feliz tendencia en algunos alumnos a buscar en el folclore y el ambiente del país la fuente de sus inspiraciones. La confirmación de estas tendencias nos llega de manera íntegra y sugerente en las obras ofrecidas en París de los señores Buchardo y Gaos, bien orquestadas, a la vez libres y claras, y del Sr. Espoil incluso. Con otras características autónomas hay que destacar a los señores Boero, Drangosch y Massa. De simpática inspiración fueron las obras del Sr. Gaito, mientras que las sinfonías de Alberto Willliams y M. Olivares presentaron ideas valiosas y una muy apreciable solidez de factura. Los dos conciertos, brillantemente presentados por la Orquesta de Lamouréux, bajo la excelente dirección del Sr. Andrès Gaos, han demostrado plenamente, en París, que una escuela nacional ha nacido en Argentina, y que ya desde ahora marca con fuerza su propia tipología. Raoul Laparra*

La primera audición de obras de compositores argentinos que tuvo lugar el viernes por la tarde en la sala Gaveau fue un auténtico triunfo para ellos y para la República Argentina. La orquesta Lamoureux bajo la enérgica dirección del Sr. Andrés Gaos nos hizo escuchar una serie de composiciones que tuvieron un gran éxito con el público, no sólo a causa de su valor intrínseco sino también gracias a su sabor exótico. La Quinta sinfonía de Williams, con sus danzas populares, su instrumentación brillante y su sólida construcción, ha sido objeto de numerosísimos aplausos. Las Escenas argentinas de López Buchardo nos revelaron un autor de valor real por lo que fue la obra más apreciada por el público. Escuchamos a continuación Un crepúsculo en la Alhambra del Sr. Andrés Gaos. Es un poema sinfónico de una inspiración profunda y de una instrumentación llena de color. La sala abarrotada no ahorró sus expresiones de entusiasmo al autor. La última obra del programa fue la Obertura de Williams, una de las primeras composiciones del gran maestro argentino, escrita en Francia mientras asistía a las clases de César Franck. Todas estas obras fueron apreciadas en su justo valor gracias a una ejecución impecable y esencialmente musical. El Sr. Gaos ha malgastado su gran talento de director de orquesta servicio de sus compatriotas y ha obtenido de la orquesta Lamoureux un resultado magnífico. Los compositores argentinos no podrían haber elegido un intérprete mejor*.

Segundo concierto de música argentina en la Salle Gaveau. Fue con un enorme éxito que tuvo lugar, el miércoles [29 de septiembre], la última sesión de obras de compositores argentinos. Una multitud compacta llenó la Salle Gaveau. Las obras de los señores Gaito, Massa, Piaggio, Espoile, Boero, Olivares, Drangosch fueron ejecutadas a la perfección por la orquesta Lamoureux, que dirigió el gran maestro argentino Andrés Gaos, al que habíamos elogiado ya tras el primer concierto. El poema sinfónico de Gaito, Visión, es una composición de gran mérito, que el público apreció en su justo valor. La Impresión nocturna de Gaos, con frases melancólicas y profundas, y La muerte del inca de Massa, obra sólida y pegadiza, han impresionado al muy numeroso auditorio, que no se cansaba de aplaudir. Las composiciones de tendencias folklóricas de los señores Espoile y Boero complacieron igualmente, al igual que el primer tiempo de la sinfonía de Olivares. Las dos Oberturas de Piaggio y Drangosch están muy bien hechas, aunque esta última está construida sobre un tema bastante vulgar. Felicitaciones a todos los autores que han figurado en estos programas. Las obras escuchadas nos han demostrado todo lo que podemos esperar de su talento. El Sr. Gaos, el gran animador de toda esta música, ha sido objeto de auténticas ovaciones a lo largo del concierto y cuando este terminó*.

Un discurso apologético que contrasta con el tratamiento que da a la noticia Le Petit Parisien, diario conservador y moderado de enorme prestigio internacional.

Con ocasión de la Exposición, el Sr. Andrés Gaos, director de orquesta seguro y preciso, ha dirigido, a la cabeza de la orquesta de los Concerts Lamoureux, obras de compositores argentinos. Esta joven escuela no nos aporta ninguna novedad, pero se nos hace infinitamente simpática porque es de los maestros franceses, de Massenet, de Saint-Saëns, de donde ellos sacan sus indicaciones. Todos estos compositores expusieron sus ideas de un modo claro por medio de una orquestación simple y sencilla. Entre las obras más exitosas hay que citar Impresiones nocturnas del Sr. Gaos, una larga meditación que se desarrolla sin esfuerzo, cantada por el cuarteto; una muy breve Salida del sol en la pampa, del Sr. Boero, de una orquestación refinada; y un Andante sinfónico del Sr. Olivares, totalmente impregnado de Haydn*.

París 1938. Gaos como músico español.

Al año siguiente Granada de Gaos se interpreta en varias ocasiones en París, coincidiendo con la Guerra Civil y el deseo general de apoyar a España. El 2 de enero de 1938, en la Salle Gaveau de París, como parte de la temporada 1938-39, la Orquesta Lamoreux y su director titular Eugène Bigot (1888-1965) interpretaron Granada de Gaos dentro de un programa de música española o inspirada en España*, “L’Espagne en Musique”, que debió obtener bastante éxito, pues se repite -con algunos cambios en el programa- el 4 de diciembre de ese mismo año. La noticia del concierto aparece en diversos periódicos y revistas que le dan un tratamiento homogéneo, como corresponde a un remitido*.

La última aparición parisina de Gaos como compositor* fue el 4 de diciembre cuando Eugène Bigot volvió a dirigir Granada (esta vez con el subtítulo Crépuscule á l’Alhambre) e incluyó en el programa la Symphonie Espagnole de Lalo -una de las obras más interpretadas por Gaos en París- con Lucien Schwartz como solista*

Tres semanas después se publicó en su sección habitual del muy prestigioso diario liberal Le tempsun extenso artículo de Florent Schmitt (1870-1958) que analiza algunos de los estrenos que habían tenido lugar en los últimos días en París, y Granada de Gaos es una de las piezas que comenta. La extrema dureza de su juicio nos dice mucho sobre cuáles eran los criterios estéticos que predominaban en esos meses previos al estallido de la 2ª Guerra Mundial, que -lógicamente- transformará profundamente la estética musical (y todo lo demás): 

En los Lamoureux, un concierto español, alimentado en gran parte por los franceses Lalo, Chabrier, Ravel y el ruso Rimsky-Korsakov, nos parece, en cuanto a elemento indígena, bastante despreciable. En primer lugar esa Catalonia bastante famosa que, en sus ideas bastante convencionalmente ibéricas, está lejos de ser de lo mejor de Albéniz. Después una Granada que tampoco será, quiero creer, de lo mejor de Gaos. Ignoro si el Sr. Andrés Gaos está del lado de Franco o del otro: su Crepúsculo en la Alhambra, de una neutralidad desconcertante, es de todas las Españas, de todos los países y de todo el mundo. Ahí encontramos, junto a los procedimientos académicos más usuales, todos los errores de un principiante: repeticiones insistentes, cánones pueriles, progresiones armónicas a la tercera de una simetría que supera las peores predicciones. Y esto se estira interminablemente, recomienza sin cesar, hasta que después de mucho tiempo uno deja de escuchar. En cuanto a las ideas en sí mismas, están en consonancia. Hay un tema que resulta aceptable, pero precisamente es el dúo de Mireille nota por nota*. Sólo la orquesta, clara y bien sonante, elevó un poco este trabajo ingrato por excelencia, falto de toda poesía, y del cual la exhibición, ahora que en España hay músicos de talento como Samper, Escriche, Salazar y otros, no era en absoluto necesaria*.

1957 Buenos Aires del fracaso al olvido.

La última interpretación de Granada en vida de Gaos tuvo lugar el domingo 21 de julio de 1957 en el Teatro Ópera de Buenos Aires, en un concierto de Roberto Kinsky al frente de la Orquesta Sinfónica Metropolitana. Las críticas de la prensa capitalina, coincidentes con la perspectiva que Florent Schmitt había aplicado veinte años antes, fueron demoledoras: "Extensa partitura carente de toda calidad que justifique su exhumación", Granada "es una expresión evidentemente menor de un hispanismo más superficialmente pintoresco que profundo, muy en boga algunas décadas atrás"*.

Roberto Kinsky (1910-1977), director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional desde su creación en 1949, fue uno de los firmantes, en 1955, de un manifiesto contra la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu (1955-58). Como represalia perdió su puesto, se le prohibió dirigir en el Teatro Colón y sufrió una condena social a un ostracismo radical, que alcanzaba a sus colaboradores y que se prolongó hasta el fin de la dictadura. La calidad artística e influencia social de Kinsky se reflejan en la presencia habitual de su nombre en numerosas publicaciones sobre la vida musical de Buenos Aires entre 1939 y 1977, a pesar de lo cual no parece existir ningún estudio monográfico sobre su figura y, desde luego, son escasas las menciones a sus tres años de ostracismo.

El Teatro Ópera era un céntrico cine y music-hall de gran aforo que en los años cincuenta ofrecía todo tipo de espectáculos, incluyendo conciertos populares de música clásica al margen de las programaciones de abono, habitualmente interpretados por orquestas de vida efímera creadas para la ocasión. Tal parece ser el caso de la Orquesta Sinfónica Metropolitana sobre la cual no he conseguido encontrar ninguna información ni en la bibliografía de referencia sobre las orquestas de Buenos Aires ni en mis consultas específicas a diversos investigadores de la vida musical argentina en los años de posguerra. 

Notas

1. "Le Monde ilustré", París: 9 de octubre de 1937, nº 4.161, p 14

2. Citado por ANDRADE MALDE, Julio, "Andrés Gaos: el gallego errante", A Coruña, Ediciones Vereda, 2010, pp 337

3. "Le Figaro" París: 26 de septiembre de 1937, año 112, nº 269, p 5

4. "Le Matin", París: 28 de septiembre de 1937, año 54, nº 19.548, p 10

5. "Le Matin", París: 4 de octubre de 1937, año 54, nº 19.554, p 6

6. "L'intransigeant", París: 27 de septiembre de 1937, año 58, nº 51134, p 6

7. "L'intransigeant", París: 6 de octubre de 1937, año 58, nº nº 51142, p 9

8. "Le Petit Parisien", París: 5 de octubre de 1937, año 62, nº 22.133, p 8

9. "Le Ménestrel: journal de musique", París: 31 de diciembre de 1937, año 99, nº 53, p. 13

10. "Le Matin", París, 2 de enero de 1938, año 55, nº 19.644, p 5 y 7

11. "Le Ménestrel: journal de musique", París: 9 de diciembre de 1938, año 100, nº 49, p. 5

12. "Le Ménestrel: journal de musique", París: 30 de diciembre de 1938, año 100, nº 52

13. ‘La brise est douce et parfumeée’, conocida como canción de Magali, del acto II, escena 3, de la ópera de Gounod de 1864.

14. "Le Temps", París: 24 de diciembre de 1938, nº 28227, p 3. Florent Schmitt fue crítico titular de "Le temps" desde 1929 hasta el inicio de la II Guerra Mundial en 1939.

15. Andrés GAOS Guillochón, Introducción a "Andrés Gaos: Granada, 'Na Alhambra a tardiña' poema sinfónico para orquesta", Vigo: Xunta de Galicia e Dos Acordes, 2010, p 10

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