La casa de Pasquale no tiene muros. Sólo hay un conjunto de muebles contra un fondo negro, distribuidos en tres espacios limitados por tres puertas sin marco, allí paraditas desafiando la gravedad para separar el dormitorio, la sala de estar donde se centra la acción, y la cocina. Todo ello bajo un techo sólo insinuado con algunas luces de neón que no hace sino acentuar el surrealismo definitorio de esta producción. Los muebles de los años cincuenta serán reemplazados por la Norina disfrazada de Sofronia en el segundo acto por otros de frío diseño contemporáneo. Pero la chica se equivoca si con este reemplazo lo que quiere es borrar la nostalgia que, como en ninguna otra ópera bufa, campea en ésta del principio al fin.
Michieletto visualiza esta nostalgia haciendo transitar de vez en cuando el fantasma de un Pasquale niño con una mamá que…
Comentarios