“He observado con frecuencia que aquí en Viena suele haber aficionados que, después de oírme improvisar una noche, intentaban imitar al día siguiente algunas particularidades de mi estilo haciendo ostentación de ello”.
Aunque parezca que este íncipit fue formulado por alguna figura del jazz, de las que actúan en los clubes de la capital austriaca, dicha impresión está lejos de ser realidad. Forma parte de una carta que Ludwig van Beethoven dirigió a su amiga Eleonor von Breuning en 1793. En ella, el compositor se jactaba, además, del interés despertado por sus interpretaciones y mostraba su desprecio hacia algunos maestros de piano, “enemigos mortales míos”, a los que no dudaba en burlar, al plantear pasajes de notable dificultad técnica para cuando los copiaran.
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