Novedades bibliográficas

Virus, superpotencia de la vida (1)

Juan Carlos Tellechea

martes, 12 de mayo de 2020
Supermacht des Lebens © 2015 by C.H. Beck

Los virus nos causan horror y aversión...¡puaj! ¡que asco! ¡Fuera! ¡Ojo, son muy contagiosos! Y sin embargo, nacieron en las primeras horas de la vida, cuando ni siquiera había células, hace unos 3.900 millones de años. En realidad somos nosotros los intrusos en su reino, los seres humanos, quienes aparecimos (como eucariontes) en este planeta unos 2.000 millones de años después de ellos. Es más, la mitad de nuestro genoma está compuesto por virus...¡y tan frescos! ¡Nos ayudan a vivir y no lo sabemos, ni siquiera los conocemos ni los percibimos como peligrosos!

La viróloga alemana Karin Mölling, una gran investigadora internacional en este campo, ha publicado un libro por demás fascinante y oportuno en estos tiempos del COVID-19, sobre la asombrosa vida y obra de estos increíbles microorganismos. Supermacht des Lebens. Reisen in die erstaunliche Welt der Viren* (Superpotencia de la vida. Viajes en el asombroso mundo de los virus) se titula la obra de casi 320 páginas (con 26 ilustraciones) publicada por la renombrada editorial C. H. Beck de Múnich.

Mölling nos demuestra que los virus no son en absoluto nuestros enemigos. Todo lo contrario, hacen importantes aportes a nuestro desarrollo y a nuestra salud. Hay más virus en la Tierra que estrellas en el cielo y están por todas partes. Muchos de estos microorganismos son inimaginablemente viejos. Los más pequeños son cien veces más diminutos que las bacterias; los más grandes, los denominados virus gigantes que revivieron investigadores recientemente después de una eterna helada de 30.000 años, son más gordos que muchas bacterias.

Los virus tienen un solo propósito en la vida, multiplicarse, y lo hacen a expensas de otros. Algunos almacenan su material genético en el núcleo de la célula huésped y, por lo tanto, permancen en el cuerpo de la persona afectada durante toda su vida, como si constituyeran la colección de libros de una gran biblioteca: viruela, hepatitis B, poliomielitis, gripe española, SIDA, SARS, entre muchos otros. Los virus se definen generalmente como agentes patógenos (causantes de enfermedades) y su comportamiento se describe en términos de vocabulario bélico.

A decir verdad, la mayoría de los virus no causan enfermedades; incluso se los utiliza cada vez más con fines curativos. Verbigracia, para fortalecer las resistencias antibacterianas, como un asesino de microbios malignos. En sus investigaciones sobre el SIDA, Mölling descubrió un mecanismo por el cual esto sería posible y con éxito. En su próximo libro, aguardado con expectación, tratará el tema de los gérmenes patógenos multirresistentes (esos que pueden transmitirse incluso en los hospitales), así como el del papel que a través de su método pueden desempeñar los virus al respecto.

Al comienzo de la vida no estaban Adán y Eva, como pretende enseñarnos la Biblia en su Antiguo Testamento, sino el Verbo, como afirma Juan al inicio de su Evangelio. Estas expresiones pasan sorprendentemente bien con nuestros propios conceptos actuales sobre el amanecer de la vida; ya que en ese despertar había al menos letras y no una palabra completa.

Las primeras biomoléculas, hace unos 3.900 millones de años, se componían de cadenas cortas y simples de ácido ribonucleico (ARN). El ARN está formado por una cadena de ribonucleótidos, cada uno de ellos formado por ribosa, un fosfato y una de las cuatro bases nitrogenadas, cuyas denominaciones han sido simplificadas con las letras A (Adenina), U (Uracilo), G (Guanina), C (Citosina). El ARN celular es lineal y monocatenario (de una sola cadena), pero en el genoma de algunos virus es de doble hebra.

Si uno quisiera mirar más hacia atrás, debiera preguntarse de dónde vienen estos nucleótidos. ¿Surgieron mediante relámpagos y truenos en un caldo de cultivo ancestral o en la profundidad de los océanos al borde de las negras fumarolas de los volcanes submarinos? Allí pueden reinar bajo alta presión hasta 400 grados Celsius de temperatura.

Los científicos continúan experimentando las condiciones que pudieron haber llevado a la creación del primer ARN. Químicamente, los ribonucleótidos son de muy dificil sintetización, por lo que para muchos estudiosos no pudieron haber sido el comienzo de la vida biológica. Sin embargo, quizás sea muy dificil reconstruir hoy esa situación.

Hay otra teoría, la de que el ARN habría venido del frío, del hielo, ya que charcas calientes o incluso hirvientes promueven la destruccion de sus componentes. Científicos del Max-Planck-Institut für Biophysikalische Chemie, de Göttingen, quienes participan en estos momentos también en la investigación del coronavirus, mantienen ARN congelado durante años para estudiar su comportamiento (¿Crecen? ¿Pudo haber venido del hielo la vida?).

Cuando no se puede avanzar con los conocimientos actuales se apela entonces a las fuerzas celestiales o sobrenaturales... ¿pudieron haber sido traídos por meteoritos, pudieron haber provenido de Marte? Otra alternativa: ¿pudieron haber sido aminoácidos los primitivos componentes de la vida (como alternativa al ARN)? Los aminoácidos son más fáciles de sintetizar, pero no pueden duplicarse por sí mismos y sin multiplicación no puede haber vida.

Las reacciones químicas pueden transcurrir bajo el mar, con aportes de energía del entorno. No hay ninguna reacción ni ninguna vida sin aportes de energía, ya que no existe un perpetuum mobile, pero la energía no necesariamente debe provenir de una célula.

Las células vinieron mucho después; tras esta afirmación viene la pregunta de quiénes vinieron primero, los virus o las células. La concepción ampliamente difundida es la de que los virus necesitan células. Pero esto no es así, subraya Mölling. Los virus necesitan energía, pero ésta no necesariamente viene de células. Esta es para mí una diferencia importante que no comparten todos mis colegas, señala la viróloga, ex investigadora del Max-Planck Institut für molekulare Genetik, de Berlín, ex profesora, investigadora y directora del Instituto de Virología Médica de la Universidad de Zúrich, con investigacion, docencia y diagnósis de virus para el Universitätsspital de esa ciudad, así como profesora honoraria del Hospital Charité, de Berlín.

Siempre se piensa en primer término en el sol como dador de energía. Sin embargo, a 200 metros de profundidad en el mar reina la oscuridad. Por lo tanto, la luz no fue allí abajo la primera fuente de energía, sino que tuvo que haber sido energía química, que se encuentra en combinaciones químicas o energía térmica. Las primeras moléculas de ARN eran cortas; ya que cuanto más largas sean las cadenas, tanto más inestable es el ARN. El Premio Nobel de química (1967) Manfred Eigen calculó la tasa de error en la duplicación del ARN en relación con la longitud y el equilibrio de su cadena.

En fin, todo esto y mucho más, está exhaustivamente explicado para legos en la materia en 12 capítulos del libro que se pueden leer fluidamente uno por uno desde el principio hasta el final o a la inversa, y que permiten incluso saltear temas para ir directamente a los que más interesen en cada momento.

Lo cierto es que los virus son parte de nuestro ecosistema, de nuestra vida, de nuestro medio ambiente, de nuestra digestión. Están omnipresentes y son increíblemente numerosos: hay1033 secuencias de ácido ribonucleico (ARN) en este planeta.

Los virus, no principalmente los patógenos, están al comienzo de la evolución, son sus impulsores, Solo conducen a enfermedades si algo cambia en el medio ambiente y si los virus tienen la oportunidad de usar este cambio. Por lo tanto, una persona puede enfermarse, pero a menudo es ella asimismo la responsable de esta situación.

No me gusta decir 'culpa' o 'guerra', estas palabras no coinciden con la descripción de la evolución o con los virus. Los virus son oportunistas: se aprovechan de situaciones y oportunidades. El mercado de Wuhan (donde se desató esta pandemia de COVID-19, presumiblemente en noviembre de 2019) puede no haber tenido otro mejor huésped a mano que la persona a quien el virus utilizó para propagarse, indica Mölling en una reciente entrevista con el periódico suizo Neue Zürcher Zeitung.

Este es un comportamiento puramente oportunista. Quizás ahora estamos pagando un alto precio por lo que encontramos tan hermoso: ciudades con grandes poblaciones como Nueva York, pero también viajes. Ambas circunstancias ofrecen caminos cortos a los virus, quienes no pierden esta oportunidad. Así es como se extendieronNadie tiene la culpa de que hagan esto. Hay que ver también que el coronavirus se encuentra extremadamente en forma. Nuestra esperanza puede ser que este estado físico esté retrocediendo. Si fuera así, el virus podría entonces desaparecer, añade.

He subrayado, continúa Mölling en su libro, que los microorganismos no causan enfermedades en un entorno balanceado, en un ecosistema equilibrado. Ese sistema no existe; si existiera no enfermaríamos nunca, puntualiza.Equilibrio habrá cada vez menos en vista de la sobrepoblación, así como frente al cambio climático y a las catástrofes naturales que éste genera. La falta de espacio y la proximidad de otras personas y animales con peligros de infección son cada vez menos evitables. El estrés y la escasez pueden activar los virus. Las enfermedades infecciosas seguirán siendo una de las principales causas de decesos en el mundo, concluye Mölling, quien ha trabajado en investigaciones contra el cancer y sigue muy de cerca todavía sus avances.

El gran peligro para la Humanidad es el Hombre mismo. Los Hombres han exterminado muchas especies, han destruido ecosistemas, han quemado recursos que necesitaron miles de millones de años para surgir. Los microorganismos y los virus continuarán existiendo por más tiempo que los mamíferos y los eucariontes. Los virus no nos necesitan, pero nosotros a ellos sí, acota Mölling. Somos nosotros los intrusos en el mundo de las bacterias y los fagos, no al revés. Ellos digieren por nosotros, lo que nosotros no podemos comer; nos colonizan nos protegen ante gérmenes extraños y peligrosos.

Pronto seremos muchos, demasiados en el mundo. La producción de alimentos ha podido duplicarse con mejoras técnicas en los últimos 50 años. Esto seguramente será posible un par de veces más, pero no mucho más. Si todos los habitantes de la Tierra vivieran como los de Nueva York, necesitaríamos por lo menos cinco planetas como este para poder subsistir. Aún cuando pudiéramos soportar todo por un tiempo prolongado, al final será el sol el que arreglará todo. Se inflará, según el ciclo de dispersión que cumplen las estrellas (diagrama de Hertzsprung-Russell), se transformará en un gigante rojo que quemará la Tierra, antes de pasar a ser un enano oscuro. Ha transcurrido hasta ahora la mitad de ese tiempo, todavía quedan por delante 4.000 milllones de años, evoca Mölling, quien al principio de su carrera en 1969 había estudiado física nuclear antes de pasar a la virología.

Reestreno en 1998 y edición

Notas

Karin Mölling, Supermacht des Lebens. Reisen in die erstaunliche Welt der Viren, München: C.H. Beck, 2015. ISBN: 978-3-406-66969-9

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