En febrero de 2009 estaba Mariss Jansons (Riga, 14 de enero de 1943 - San Petersburgo, 1 de diciembre de 2019) ensayando el Requiem de Antonín Dvořák con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. En el «Hossana» del Sanctus hay un pasaje muy expuesto en el que los primeros violines deben descender vertiginosamente un par de octavas en un solo compás. Por mucho que lo intentan la cosa no sale. Al día siguiente Jansons aparece con la idea de que los segundos violines acompañen a los primeros tocando una octava más abajo: el resultado es mágico, y el maestro grita «¡bravo Mariss Jansons!» Cualquiera que lea esta anécdota (contada por Tom Service en su libro Music as Alchemy. Journeys with great conductors and their orchestras -2012-) sin saber quién fue Jansons, pensará que se trata de otro divo de la batuta pagado de sí mismo.
Todos sabemo…
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