Musicología

Winterreise, el viaje infinito (I)

José-Luis López López
viernes, 13 de diciembre de 2019
Wilhelm Müller © Dominio público Wilhelm Müller © Dominio público
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Como un recuerdo, venido de un tiempo remoto para quien esto escribe, aunque en términos astronómicos sea menos que un instante, ha regresado Winterreise a la misma sala sevillana (la misma, exactamente) donde lo cantó Nathalie Stutzmann, con Inger Södergren al piano, el 24 de octubre de 2006, a la misma hora, 20:30. Este recinto (el antiguo Teatro Álvarez Quintero, más tarde sala de cine) se llamaba Fundación El Monte, en la calle Laraña, y organizaba el mejor y más internacional Ciclo de Música de Cámara que ha conocido Sevilla. Después, tras sucesivas fusiones y absorciones bancarias, se extinguieron la Caja de Ahorros El Monte, y la Fundación y el Ciclo.

Quedaban las instalaciones, que sobrevivieron anodinamente, hasta que en 2015 pasaron a ser gestionadas por el Ayuntamiento, a través de su meritorio Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), con el nombre de Espacio Turina. Y en esta Temporada 2019-2020 ocupa ya, sin duda, el lugar de referencia musical de la capital y su entorno (Andalucía y Sur de España) en formato camerístico, junto al amplio coliseo, con el que colabora y se complementa, del Teatro de la Maestranza, donde tienen su asiento las mayores producciones (ópera, zarzuela, musicales, grandes recitales líricos y pianísticos, etc.), así como la Temporada de Conciertos de la Real Orquesta Sinfónica (ROSS). Sin desdeñar una verdadera multitud de otros espacios musicales y artísticos (lo bueno llama a lo bueno) de Sevilla y su zona de influencia, el Espacio Turina tiene programadas para el presente curso más de 150 actividades de primera línea, de cuyas muestras más relevantes iremos dando cuenta.

Bien: ese 24 de octubre de 2006, Winterreise triunfó en la Fundación El Monte, y quien esto escribe fue encargado de las notas y traducción (un precioso cuadernillo bilingüe, del que conservo amorosamente un par de ejemplares), como en muchas ocasiones (un año más tarde hice lo mismo, para el Teatro Maestranza, sobre el otro gran ciclo schubertiano, Die schöne Müllerin, con las mismas intérpretes). Por eso, y por el interés que merecen las más altas cumbres del género liederístico, estas observaciones tendrán alguna utilidad, esperamos, aparte de la meramente informativa, como reflexión dirigida al público, y a los intérpretes, especialmente al joven y brillante director de escena Rafael Rodríguez Villalobos (Sevilla, 1987), Premio Fundación Princesa de Girona -Artes y Letras-, concedido en febrero de este año, pero entregado, en pública ceremonia televisada, presidida por los Reyes de España, la Princesa Leonor y su hermana la Infanta Sofía, justo cuatro días antes de este concierto.

La fascinación que suscita Winterreise en muchos de nosotros se ha visto multiplicada, este mismo año 2019, por la lectura de 'Viaje de invierno' de Schubert. Anatomía de una obsesión, del tenor Ian Bostridge (Londres, 1964)*.  Mencionemos también un par de precedentes en español: la traducción rítmica, a mi juicio algo forzada, del poema de Müller*,  y la monumental edición bilingüe de la casi totalidad de los lieder schubertianos vertida al castellano, creo, con excesiva literalidad por Fernando Pérez Cárceles*.

Después de haber escuchado Winterreise directamente unas veinte veces (en Sevilla, y España, y Europa) y en cientos de ocasiones radiofónicas y discográficas (a lo que hay que añadir el conocimiento de la lengua alemana) podemos decir, sin exagerar, que nos sabemos de memoria los 24 poemas que componen este Ciclo, igual que los 20 de Die schöne Müllerin. No es condición siempre necesaria, pero nunca sobra.

Los cantantes que han protagonizado conciertos y grabaciones (de estas últimas Arkivmusic da cuenta de cerca de 150, aunque seguro que el número es mucho mayor) han sido de variadas tesituras. Si bien el original está escrito para tenor, la personalidad y fama de Dietrich Fischer-Dieskau, junto con el carácter sombrío de las canciones, lo acaparó durante un tiempo para voces graves. No es este el lugar para un catálogo vocal, pero pronto abundaron las versiones de tenor (el propio Ian Bostridge, sin ir más lejos); y, aunque en menos cantidad, no faltaron las voces femeninas, especialmente contraltos (Nathalie Stutzmann) o mezzosopranos (Christa Ludwig), e incluso, raramente, alguna soprano (Christina Schäfer). Si descartamos el portentoso arreglo para tenor y 25 instrumentos -algunos poco frecuentes- de Hans Zender, Schuberts Winterreise, eine komponierte Interpretation (que merecería ser tratado aparte), y algunos experimentos vocales de fusión, solo nos faltaba la novedad de que asumieran este papel los contratenores. Pues bien: aquí tenemos al primero (creemos), Xabier Sabata (el 10 de enero se anuncia Philippe Jaroussky con Lieder de Schubert, aunque aún desconocemos el programa).

Veamos: en mayo de 2018 Sabata interpretó en L’Auditori de Barcelona este ciclo, con Francisco Poyato al piano. No estuvimos allí, pero hemos leído algunas críticas: “se alternaron momentos excelentes con otros más problemáticos”, “tendencia a exagerar los contrastes, tanto rítmicos como dinámicos”, “un primer contacto con un ciclo que necesita una gran maduración…”. Ponderadas apreciaciones estas de A. Colomer, que, sin embargo, es más severo respecto del “estado de ánimo agitado, casi histérico” del protagonista, aunque lo atribuye en buena medida al acompañamiento de Poyato. En el extremo contrario, con entusiasmo “patriótico”, se manifiesta, en su reseña escrita en catalán, X. Cester, que la concluye con estas palabras, respecto al Der Leiermann conclusivo: “El timbre del contratenor va crear aquí el clima fantasmagòric que Schubert no hauria somiat mai”. No hace falta traducir; solo glosar que tal vez sea cierto que Schubert nunca habría soportado la pesadilla de ver así tratado a “su” “Viaje de invierno”. Y un detalle más: es sabido que cantante y pianista actuaron descalzos. Calcada de esta fue la representación de la obra en L’Auditori de Girona el 30 de marzo del presente año.

Por su parte, Villalobos, en diversas declaraciones (quizá la más extensa, la entrevista de Nacho Castellanos publicada en Scherzo el 4 de noviembre, día de la entrega de los Premios Princesa de Girona) comenta -entre otros muchos interesantes asuntos- esta puesta en escena. Menciona como dos grandes referentes suyos a Peter Sellars y Gerard Mortier

Excursus: remito -con disculpas- reseña a mi primera reseña en Mundoclasico.com, sobre L’amoir de loin de Kaija Saariaho en el Barbican de Londres, adonde viajé expresamente para ver la representación y hablar con la autora -aunque allí faltaba Sellars, es bien sabido que él y Amin Maalouf son fundamentales para las óperas de la compositora finlandesa-; y del 13-07-2011 -también viajé al Madrid Arena de la Casa de Campo exclusivamente para gozar de la única ocasión en que se ha podido ver en España Saint François d’Assise de Oliver Messiaen-, donde me ocupo intensa y extensamente de Gerard Mortier, en sus dos caras, la “buena” y la “mala”: tal vez, con perdón, la crítica de la que me siento más satisfecho de cuantas he escrito en toda mi vida.

Proseguimos: tras mencionar Villalobos a Sellars y Mortier y citar a Joan Matabosch, el entrevistador le pregunta sobre este Winterreise. Su respuesta incluye un aspecto fundamental, verdadero nudo de la cuestión:

“Lo que hemos hecho ha sido transformar una obra lírica en una obra dramática”. Y añade: “no hay ni una dramaturgia, ni un personaje sólido… En una ópera todo es más fácil porque el libreto y la música te están aportando todos los elementos”. En otras páginas (el anuncio de la programación del Espacio Turina cita sus palabras) abunda en este punto de vista: “Para alejarnos del concepto de Lied clásico, nada dramático, hemos decidido construir un espectáculo visual y dramatúrgicamente potente [así, en negritas] que nos abstraiga un poco del significado literal del texto para construir la historia”.

Pero hay más: complementa ese núcleo inscribiéndolo en “uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad: la salud mental”. Porque, añade: “Me interesaba mucho tratar los problemas que acechan a la mente humana: la ansiedad, el suicidio, la bipolaridad… [de nuevo negritas] porque, aun siendo tabúes, cada vez hablamos más de ellos, con menos eufemismos. En el espectáculo, hemos de colocar sobre el escenario a este personaje que atraviesa distintos estados mentales de una manera bastante descarnada”, concluye el director de escena.

No sabríamos decir, después de leer esto, qué es mayor: ¿la osadía o la ingenuidad de nuestro director? Pero, en un caso u otro, participan totalmente el contratenor X. Sabata y el pianista F. Poyato; como se dice en los procesos judiciales “cooperantes necesarios”, y quizá más: inductores explícitos o implícitos.

Pues, como veremos en la crítica de esta representación, aunque en el programa se leía (en inglés, derivado del francés mise en scène: ¿por qué no “puesta en escena”, que es más claro y menos rebuscado?) “Mise en espace, Rafael Rodríguez. Villalobos”, resulta evidente la comunicación interactiva entre Sabata/Poyato y él. Y no sería justo (positiva o negativamente) cargar sobre nuestro joven y apreciado sevillano todo el peso de lo que ocurrió en el escenario, vistos los antecedentes de Barcelona y Girona.

Notas

Ian BOSTRIDGE, 'Viaje de invierno' de Schubert. Anatomía de una obsesión, Madrid: El Acantilado, 2019, traducción de Luis Gago de "Schubert’s Winter Journey. Anatomy of an Obsession, London: Faber & Faber, 2015

Wilhelm MÜLLER, Viaje de Invierno, traducción de Andrés Neuman, Madrid: El Acantilado, 2003

Los Lieder de Schubert: Textos en alemán y castellano recopilados, traducidos y presentados por Fernando Pérez Cárceles, Prólogo de Miguel Zanetti, Madrid: Ediciones Hiperión, 2005, 3 Volúmenes.

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