El Espía de Mahler

40. Los muñecos del ventrílocuo

Jordi Cos
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Si lo sometes a un minucioso examen filosófico enseguida descubres que, muchas veces, el acontecimiento de un concierto sinfónico no es más que la representación teatral de un fracaso. Una comedia de mucho éxito cuyo argumento se resume en la incapacidad del director de orquesta para lograr que la música transite por la senda del sonido sin apoyarse en la muleta de su batuta.A todos nos parecería ridículo que en una función de teatro el director de la obra apareciera de pronto en escena moldeando con gestos de mimo la entonación y los movimientos de los actores. Curiosamente, en cambio, esta intrusión se nos antoja necesaria, incluso imprescindible, para gozar de la música sinfónica.Digo yo que la máxima gloria a la que tendría que aspirar un director de orquesta es, precisamente, no oficiar, disfrazado de párroco, la ceremonia religiosa…

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