España - Andalucía

Llegó, carraspeó… y cantó

Raúl González Arévalo

jueves, 6 de febrero de 2020
Málaga, viernes, 31 de enero de 2020. Teatro Municipal Miguel de Cervantes. Recital de Javier Camarena. Arias y piezas de Vincenzo Bellini (Obertura y “È serbato a questo acciaro… L’amo tanto, e m’è si cara” de I Capuleti ed i Montecchi), Niccolò Zingarelli (“Più dubitar mi fan… Là dai regni dell’ombra”), Gioachino Rossini (Obertura de La gazza ladra; “S’ella m’è ognor fedele… qual sarà mai la gioia...” de Ricciardo e Zoraide; “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola), Manuel García (“Mais que vois-je, une lyre!... Vous, dont l’image toujours chère” de La mort du Tasse), Éduard Lalò (“Vainement, ma bien-aimée” de Le roi d’Ys), Gaetano Donizetti (Obertura de Adelia; “La maîtresse du roi… Ange si pur” de La favorite; “Ah! Mes amis, quel jour de fête!” de La fille du régiment), Elpidio Ramírez y Pedro Galindo Galarza (“Malagueña salerosa”), César Portillo de la Luz (“Contigo en la distancia”), Pablo Sorozábal (“No puede ser” de La tabernera del puerto). Javier Camarena, tenor. Ángel Rodríguez, piano. Orquesta Filarmónica de Málaga. Iván López-Reynoso, director. Aforo: 1104. XXXI Temporada Lírica. Ocupación: 100%
Javier Camarena © 2019 by Mar Álvarez

La expectación era máxima. Para la celebración del 150 aniversario de la apertura del Teatro Cervantes en 1870 se ha programado la mejor temporada lírica en años. La inauguración había sido con un buen Fidelio en noviembre, pero el plato fuerte llegaba en enero con el recital de Javier Camarena. El tenor mexicano se encuentra de gira por España celebrando sus 15 años de carrera internacional y Málaga es la única ciudad en la que estaba previsto que cantara con orquesta en vez de con piano. Estrella indiscutible de la lírica, ha sido un reclamo para agotar las entradas y atraer espectadores de todo el país. Un gran acontecimiento cultural como hacía mucho que no ocurría. 

Después de una buena obertura de I Capuleti ed i Montecchi, en la que la Filarmónica de Málaga dejó claro que no estaba de mera comparsa, finalmente compareció el tenor. “Tengo una buena y una mala noticia, ¿cuál quieren primero?”. “¡La mala!”, gritaron desde el público. Así que antes de cantar explicó que tenía afectado un ganglio por una infección bacteriana, que le había visto un médico por la mañana, y que a pesar de la incomodidad, quería cantar y se encomendaba a la técnica porque las cuerdas vocales estaban bien. Pero quería advertir de que los agudos podían no sonar tan brillantes como se esperaba y podría haber algún sonido que no estuviera como a él le gustaría. El público aplaudió comprensivo. Entonces cantó. ¡Y vaya si cantó! Tanto, que el comentario unánime entre los asistentes era que si cantaba así estando enfermo, cómo cantaría estando bien. 

El aria del Tebaldo belliniano fue la promesa perfecta de la noche que esperaba. La afección no se dejó notar: los agudos zumbaban en los oídos, la coloratura corría, la voz fluía y el intérprete se entregaba desde el principio, componiendo pequeñas piezas de teatro en cada intervención. La claridad de la dicción, la calidad del fraseo, el dominio del estilo y la variedad de los colores confirmaban de nuevo, por si había alguna duda, que Camarena no tiene rivales en este repertorio hoy día. El aria de Zingarelli diferenciaba el estilo y recordaba con un legato de manual el panorama musical italiano antes de la llegada del huracán Rossini, con el que cerraba la primera parte. 

Las arias del Príncipe de La cenerentola y de Ricciardo del título homónimo las había inmortalizado en el recital Contrabandista, dedicado a la figura de Manuel García. Aquí se impuso la técnica soberbia y la calidad del artista, que hace olvidar por completo que la idoneidad con el Cisne de Pesaro es fruto de un trabajo duro más que de afinidad natural. Llegados al descanso, el público aplaudió como normalmente se reserva al final de los espectáculos, e incluso hubo quien ya se ponía en pie. 

Después de la pausa, la segunda parte fue toda en francés. Empezó con otra rareza, la primera aria de Tasso, procedente de La mort du Tasse, compuesta y protagonizada por el mítico tenor sevillano. Aquí Camarena sacó a relucir otras armas, siempre partiendo del dominio de la palabra y del sonido, con piani de gran efecto y factura, un magisterio de la prosodia gala y una fusión con la técnica italiana que le hacen uno de los pocos intérpretes perfectos para estos papeles. La delicadeza, la elegancia y el efecto que logró son un tipo de virtuosismo muy complicado, al alcance solo de los más grandes. Él mismo lo explicó al público, con el que el diálogo fue constante: “a pesar de lo que la mayoría de la gente cree, el aria que acabo de cantar es mucho más difícil por la sutileza que requiere que otras más brillantes, que tienen grandes agudos, como el aria de la Cenerentola con la que hemos cerrado la primera parte, o los famosos nueve “dos de pecho” del aria de Tonio con la que cerraremos la segunda, aunque causen gran efecto y arranquen aplausos”. El aria de Le roi d’Ys siguió por la misma senda, con un sentimiento y una capacidad de comunicación excepcionales. 

El esfuerzo empezaba a pasar factura y la incomodidad del tenor era evidente en algunos movimientos de cabeza y carraspeos entre piezas, mientras que en el canto se manifestaba en algún sonido algo más sucio, apenas perceptible en las notas sostenidas en pianissimo. Peccata minuta ante el despliegue y la entrega absoluta, que culminó con el compositor que mejor sirve a su actual estado vocal, Donizetti. “Ange si pur” fue cantada con un sentido de la intimidad lejos de todo efecto superficial. ¡Vaya manera de diferenciar los cuatro “pitié”! Contenidos, doloridos… y para rematar enlazó el último con el da capo con el que volvía a la frase inicial en una sola toma de aire. Qué clase, siempre al servicio de la música y del personaje. Admirable. 

El cierre con el aria de Tonio que todos esperan, con sus nueve dos de pecho, fue todo lo brillante que se puede desear, no en vano La fille du régimen es una de sus cartas de presentación y uno de sus mayores éxitos. Todo el público puesto en pie y una salva de aplausos y bravos certificaban el éxito. De nuevo se dirigió al público para explicar que había varios bises previstos, pero que empezaba a sentir la voz muy fatigada. En todo caso, no se resistía a cantar el tercero, “y luego ya veremos”. Acompañado con gran delicadeza al piano para la ocasión por Ángel Rodríguez, atacó Malagueña salerosa con un gran sentimiento, dulzura, agudos en falsete y pianissimi alargados a placer. Como segundo bis, el bolero Contigo en la distancia. La flexibilidad del cantante se revela en estas ocasiones, en que no “tenorea”, sino que aborda las piezas con naturalidad y el estilo que requieren, sin destrozarlas como ocurre con otros artistas líricos. Para terminar, con toda la complicidad del público, aclarando que sería el último bis, dio a elegir entre “Flor roja” de Los Gavilanes y “No puede ser” de La tabernera del puerto. Ante las pocas manos alzadas para la primera se rió y con un expresivo “¡Ustedes quieren sangre!”, que provocó las carcajadas del respetable, dio paso a la Romanza de Leandro con la misma pasión que pone a todo lo que canta. Un recital memorable. 

La Filarmónica de Málaga fue perfecta cómplice del mexicano. A las órdenes de Iván López-Reynoso, exhibió ductilidad y calidad de sonido, sonando juguetona con la obertura de La gazza ladra y marcial con la de Adelia, como corresponde al sentido de ambas piezas. Sus integrantes mostraron en todo momento su satisfacción por tocar con Camarena. 

El recital regaló más de lo que prometía, no solo ha sido uno de los puntos fuertes de la temporada, sino probablemente lo mejor que tengamos en Málaga en 2020, una función de las que marcan época. Ojalá se pueda mantener este nivel más allá de la conmemoración del 150 aniversario del teatro. Ya no solo responde el público local como lo está haciendo, se atrae público de fuera y se sitúa la ciudad en la primera línea del panorama musical nacional. Realmente, ahora sí, por una vez no se puede pedir más. Bravo. 

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