Pocos operómanos saben de Hugo von Hofmannsthal algo más que su colaboración como libretista de Richard Strauss. Pero hay más, muchísimo más. Stefan Zweig lo definió como el más grande escritor de la lengua alemana después de Goethe, pensando más en su temprana contribución literaria, cuando era un adolescente que firmaba bajo el psedónimo de Loris. Pasados los veinte, Hofmannsthal cayó de su genial inocencia literaria a una crisis personal profunda, de esas que terminan arrasando a quien comprende que finalmente es imposible encapsular la vida en el idioma. Su desesperación está plasmada en Una carta, en la cual un ficticio Lord Chandos explica a Francis Bacon por qué ha decidido no escribir más.
Para construir un concepto capaz de emparentar la obra de Hofmannsthal con el oratorio beethoveniano, Cristo en el monte de los olivos, Manfred…
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