Esta producción creada por Giorgio Strehler hace más o menos 20 anos en el Teatro de Corte de Versalles fue progresivamente adaptada, agigantada para las distintas escenas de la Scala de Milan y, ahora, del nuevo Teatro degli Arcimboldi. Una ampliación hecha con la fotocopiadora, perfecta formalmente, pero sin la pulsación interna que el genial regista sabía imprimir. ¿Que ha quedado entonces? Una arquitectura sobria (de Ezio Frigerio), un vestuario elegante (Franca Squarciapino) y una iluminación que intenta reproducir esas atmósferas 'strelherianas' de contraluz, de luz indirecta, de luz filtrada, que eran una firma reconocible (Gianni Mantovanini). Por lo demás, Michael Heltau, se ha limitado a 'montar' una escena que con los años ha perdido su razón de ser. Hubo muchos momentos de embarazoso parón en la acción y se tuvo la sensación…
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