A la última obra de Mozart le cuesta imponerse en el repertorio aunque vaya haciendo lentos progresos. La acusan de retrógrada por el libreto (un Metastasio ‘bastardeado’), por los recitativos que en buena parte serían de su discípulo Süsskind ya que el plazo y las condiciones económicas de Wolfgang no eran ideales (alguno arriesga que incluso alguna de las arias menos comprometidas), de haber retrocedido a momentos previos a la reforma de Gluck, etc. Es cierto que no tiene la presa directa sobre el público que sus hermanas dapontianas o incluso los dos ‘singspiel’ en alemán; es verdad que se le prefiere Idomeneo y a veces incluso obras de extrema juventud como Mitridate y Lucio Silla (aunque las dos últimas penan más para entrar en el repertorio).
En 1969, cuando aún no había aparecido en Buenos Aires (o sea, cuando había discos de…
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