Discos

Liza Lim, mujer, compositora

Paco Yáñez

domingo, 8 de marzo de 2020
Liza Lim: Extinction Events and Dawn Chorus; Axis Mundi; Songs Found in Dream. Lorelei Dowling, fagot. Sophie Schafleitner, violín. Klangforum Wien. Stefan Asbury y Peter Rundel, directores. Wolfgang Danzmayr, Tristan Linton y Wolfgang Racher, productores. Reinhard Prosser y Friedrich Trondl, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 62:36 minutos de duración grabado en Salzburgo y Viena (Austria), en agosto de 2005, mayo de 2018 y junio de 2019. Kairos 0015020KAI.

Un año más, celebramos en Mundoclasico.com el Día Internacional de la Mujer trayendo a esta sección discográfica a una de las grandes compositoras de nuestro tiempo; hoy, la australiana Liza Lim (Perth, 1966), una creadora que destaca, además, por sus facetas docente e investigadora, así como por su trabajo implicando a la comunidad en un proceso compositivo que es concebido, de este modo, como un acto concientizador. Tal fue el caso de su cuarta ópera, Atlas of the Sky (2018), página escénica en la que se daban cita algunas de las cuestiones que más interesan a Liza Lim en la actualidad, como las emociones, el deseo, la memoria, la espiritualidad y las dinámicas de poder que mueven a las masas: temas que, en mayor o menor grado, encontramos presentes en las tres óperas que anteceden a Atlas of the Sky en el catálogo de la australiana: The Oresteia (1993), Moon Spirit Feasting (2000) y Tree of Codes (2016).

El título de la más temprana de estas óperas nos remitirá, indefectiblemente, a una pieza escénico-ritual de Iannis Xenakis varias décadas anterior, la Oresteïa (1965-66). Citar aquí al genio greco-francés no es baladí, pues las dos primeras piezas de la partitura para violín y ensemble que abre el disco que hoy reseñamos, Extinction Events and Dawn Chorus (2017-18), realizan un atávico uso del glissando en los vientos que nos recordará a muchas partituras xenakianas en las que tal técnica es prácticamente una seña de identidad. Aunque la presencia de Xenakis no se inserta en Extinction Events and Dawn Chorus a modo de cita, bien podría hacerlo, pues nos encontramos ante una pieza que reflexiona sobre los residuos, ya sean estos los contaminantes (y es que Liza Lim se adentra aquí en un tema tan de actualidad como el de la degradación medioambiental), ya los que en la composición actual permanecen como ecos de la tradición, condicionando las nuevas partituras desde las improntas del ayer.

En diciembre de 2019, al reseñar la edición discográfica de las Wittener Tage für neue Kammermusik 2018, ya presentamos a nuestros lectores dos de las piezas que conforman Extinction Events and Dawn Chorus (las dos primeras): 'Anthropogenic debris' y 'Retrograde Inversion'. En aquella reseña nos referíamos a esas presencias musicales del pasado (o «reliquias», como Liza Lim las califica) injertadas en nuestra memoria, jugando con sus progresivos degradados dentro del ensemble. Una de ellas es la pianística Po zarostlém chodníčku (En un sendero cubierto, 1900-11), de Leoš Janáček, que aquí se une a sonidos de la naturaleza como una transcripción del canto del Moho braccatus, especie aviar ya extinguida: parte de un universo de motivos musicales que se erosionan y que, pese a su periódico ascenso a la superficie de la memoria, terminan por desaparecer, cual un coro inquietante que recorre el ensemble, cada vez más como un fantasma. Como en la edición fonográfica de las Wittener Tage für neue Kammermusik, dichos espectros son aquí encarnados por la violinista Sophie Schafleitner y el Klangforum Wien, nuevamente bajo la dirección de Peter Rundel, si bien en esta edición del sello Kairos se nos ofrece ya el ciclo al completo, con las cinco partes que integran Extinction Events and Dawn Chorus para llevarla a sus más de cuarenta minutos de duración.

La conjunción de lo humano (quintaesenciado en dichas «reliquias» de la tradición) y de lo natural hace que Extinction Events and Dawn Chorus pierda, muy premeditadamente por parte de Liza Lim, la progresión lineal que suele caracterizar al arte y a la música occidentales, a nuestros sistemas de pensamiento, para dar lugar a un modelo más orgánico y natural en el que las fuerzas de creación, destrucción y extinción de eventos sonoros parecen ajenas a cualquier lógica al uso; de ahí, la libérrima forma de estas cinco piezas y lo imprevisible de cada una de ellas, que comportan desde rastros de lenguaje armónico y melódico (el violín solista, en muchos compases, parece querer esbozar unas nuevas Sonatas y partitas bachianas) hasta un ruidismo de furibundas audacias tímbricas muy en línea con la Musique saturée francesa (movimiento con el que Lim comparte tantos elementos expresivos; especialmente, en su música de cámara). Esa cohabitación y poderosa intersección de técnicas y modelos de producción sonora se entrevera en distintos grados en cada una de las cinco piezas: desde la alternancia de la cuarta, 'Trasmission', en la que una post-bachiana Sophie Schafleitner ve como, tras cada una de sus virtuosísticas partes, se adentra en escena una masa rugosa de sonoridades frotadas en una percusión que intenta, en vano, aprender de la solista, hasta la masiva acumulación de ruidismo saturado en la impresionante quinta parte del ciclo, 'Dawn Chorus': una pieza realmente mayor por la fusión de fantástica inventiva tímbrica y estructura netamente arquitectónica, con crescendi y clímax dignos de una construcción orquestal (hasta bruckneriana, por su solidez y empaque).

Tal y como señala Tim Rutherford-Johnson en sus notas, en este último movimiento, que pretende remedar el sonido de los grandes arrecifes de coral en peligro de extinción, Liza Lim utiliza sonidos de contrafagot que, alterados por medio de un tubo de plástico de un metro de largo, alcanzan frecuencias inaudibles para los humanos (sumándose en 'Dawn Chorus' a otras frecuencias graves de un poderío y atractivo enormes). De este modo, se produce una ininteligibilidad de la música tal y como ésta ha sido escrita, pues hay regiones de la misma que nos resultarán, por pura fisiología, ignotas, cual los procesos orgánicos de esos arrecifes coralinos cuya existencia depende de nuestros hábitos de vida, por más que no lo percibamos en el día a día. Ello nos situaría, dentro de esta partitura de marcada reivindicación ecologista, ante la presencia de otros residuos, no solamente los musicales, sino los del cúmulo de plásticos que flota a la deriva por los océanos, cercando islas completas del Pacífico, así como siendo engullidos por peces que, posteriormente, entran en la cadena trófica, llegando a ser consumidos por los humanos. Todo un artefacto musical, por tanto, para el disfrute estético y la reflexión medioambiental.

Para adentrarnos en la siguiente partitura, me gustaría rescatar un fragmento de Speak, Memory (Habla, memoria, 1966), la autobiografía de Vladímir Nabókov, en el que el escritor ruso dice, refiriéndose tanto a las transparencias de gelatina sobre cristal como a los preparados en tubo para ser observados al microscopio, que «Existe, parece ser, en la escala dimensional del mundo, cierto delicado lugar de encuentro entre la imaginación y el conocimiento, un punto al que se llega reduciendo las cosas grandes y ampliando las pequeñas, y que es intrínsecamente artístico». Ello me ha recordado a la segunda obra de este disco, Axis Mundi (2013), partitura para fagot solo que parece querer condensar lo macroscópico y lo microscópico, buscando los resquicios en los que ambos se reflejan para mostrar esos sutiles destellos que espejean el todo. La vertiente más amplia de Axis Mundi viene dada por el hecho de que el propio fagot representaría al Yggdrasil: el árbol cósmico de la vida en la mitología nórdica, un fresno perenne que se encargaría de unir el cielo y la tierra; aquí, a través del tubo vertical de un instrumento, también, de madera. Mientras, lo minúsculo ve alterada la dimensión de su naturaleza, ampliándola generosamente Liza Lim para que resulte más audible. Se incluyen aquí las sutiles series de escalas microtonales que la partitura enlaza, las alteraciones tímbricas del fagot por medio de la embocadura o de los multifónicos, así como su combinación, lo que finalmente produce una sensación de compendio de los universos ruidista y armónico (algo que, a su vez, nos remite a una globalidad que es síntesis e integración omnicomprensiva a partir de elementos, autónomamente, tan pequeños). De este modo, podríamos nabokovianamente decir que en Axis Mundi se produce ese «encuentro entre la imaginación y el conocimiento»; un conocimiento que viene dado por una actualización de la tradición y de los recursos propios de un instrumento de tan camaleónica presencia -ya que a un escritor ruso hemos citado, pensemos en el comienzo de Le Sacre du printemps (1911-13), por lo que al fagot se refiere-, dando lugar a un ejercicio de virtuosismo impresionante que se adentra en los vericuetos armónicos y ruidistas del instrumento haciendo hablar tanto a su pasado como a su presente; por lo que podríamos volver al texto de Nabókov y afirmar, tras escuchar la deslumbrante interpretación de Lorelei Dowling, aquello de que «Soy feliz testigo del supremo logro de la memoria, que es el de la magistral utilización que hace de las armonías innatas cuando recoge en sus repliegues las tonalidades suspendidas y errantes del pasado»; pensamiento extrapolable a las «reliquias» de Extinction Events and Dawn Chorus, así como a los aún más antiguos ecos que escucharemos en la página que cierra el disco...

...ésta es la obra para ensemble Songs Found in Dream (2005), la más antigua de las aquí reunidas y una partitura que se relaciona con la cultura aborigen australiana; en concreto, con la del pueblo yolngu, que habita la Tierra de Arnhem, en el noreste del país. Se une Songs Found in Dream, de este modo, a otras partituras que manifiestan el trabajo de Liza Lim sobre las raíces australianas, como In the Shadow's Light (2004), The Compass (2006), o Invisibility (2009), obra que ya visitó nuestra sección discográfica por medio del estupendo compacto de Séverine Ballon (gran defensora de la música de Liza Lim) para el sello æon (AECD 1647). Como sucede en la mayor parte de culturas arcaicas del mundo, el canto se convierte en el eje central de la música, como forma ritual aglutinadora de la comunidad, proveyendo un conocimiento compartido que va desde la mitología al propio territorio y las costumbres rutinarias.

En Songs Found in Dream, Liza Lim utiliza el concepto aborigen del «bir'yun»: principio estético-espiritual que manifiesta, por medio de patrones, el brillo de los espíritus ancestrales. Los cantos aborígenes cifran este conocimiento de forma cerrada para los miembros de la comunidad, algo que Lim lleva a cabo con los músicos del ensemble, cuyos instrumentos entran en un sistema de relaciones igualmente basado en patrones de brillos y espejeos mutuos; de ahí, la tensa polifonía que la partitura muestra en sus catorce minutos de duración, fundiendo técnicas extendidas propias de la música contemporánea occidental y sonoridades aborígenes (netamente percusivas, incluyendo palos de lluvia y cascabeles) que confieren a Songs Found in Dream una presencia tímbrica de lo más peculiar. De este modo, y según Rutherford-Johnson, las cinco secciones (ininterrumpidas) en las que se divide la partitura podrían ser concebidas como cinco canciones aborígenes: cinco canciones que refulgen desde turbulencias sonoras creadas a partir de un prolijo uso percusivo de los instrumentos, así como de unos armónicos en las cuerdas que, unidos a glissandi nuevamente post-xenakianos, confieren unidad y estilo personal a las tres piezas reunidas en este compacto. Así, el texto nabokoviano sobre la memoria vuelve a estar vigente, aún más, en Songs Found in Dream, ya no sólo por lo que al propio catálogo de Liza Lim se refiere, o por la presencia de la tradición occidental, sino por su forma de hacer brillar de nuevo cantos que no deben caer en el olvido, tanto por su valor cultural como por lo que conllevan de derechos adquiridos de comunidades históricamente tan vapuleadas.

La interpretación de Songs Found in Dream vuelve a estar a cargo del Klangforum Wien, procedente de una toma en vivo efectuada el 21 de agosto de 2005 en el Festival de Salzburgo. En este caso, es Stefan Asbury quien se pone al frente de un conjunto austriaco que resulta apabullante en una partitura que ofrecen sin descanso, continuamente redoblando los contrapuntos armónicos o ruidistas entre los miembros del Klangforum, que durante catorce minutos no cesan de descubrir timbres, ya individuales, ya por síntesis entre sus músicos. Ayuda mucho a enfatizar este brillo que es, al tiempo, arcaico y contemporáneo, una toma de sonido excelente, como todas las del disco, siendo las de ensemble grabadas en vivo.

Completa la edición un libreto que presenta seis páginas de ensayo sobre las obras aquí reunidas, con un texto muy informativo a cargo del varias veces mencionado Tim Rutherford-Johnson, además de las biografías de rigor de compositora y músicos, junto con sus respectivas fotografías y una serie de ejemplos de las partituras y los esquemas de trabajo de Liza Lim, una investigadora y creadora que nos vuelve a demostrar la excelencia de las compositoras de nuestro tiempo, así como la importante vocación social que en muchas de ellas manifiestan sus partituras, haciendo de sus piezas un proceso no sólo estético, sino ético, espiritual y político.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Kairos.

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