Recensiones bibliográficas

Fatum: Epidemias, cambio climático y caída del imperio romano

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 8 de abril de 2020
Fatum © 2020 by C. H. Beck Fatum © 2020 by C. H. Beck
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La historia de la Humanidad está signada por la influencia de grandes epidemias que cambiaron su rumbo. El estudio de ellas es materia obligada en la carrera de Medicina. Desde los tiempos bíblicos, se describen epidemias que asolaron poblaciones enteras produciendo miles de muertos, algunas interpretadas como castigo divino por sus faltas, por someter a la esclavitud a otros pueblos, o por robarles objetos sagrados.

El texto más antiguo que se conserva sobre el tema data, aproximadamente, de 1500 aC, siendo el más notable el papiro hallado por el egiptólogo profesor Georg Ebers en una tumba de Tebas en 1862. Al parecer, las prácticas médicas que se detallan en ese extenso catálogo eran mucho más antiguas que el texto. También en otros escritos fragmentarios que se han encontrado se describen prácticas similares, lo cual corrobora que eran las habituales de la época.

En Éxodo 7-12 se relata la plaga que asoló a Egipto alrededor del año 1500 aC, cobrándose la vida de todos los primogénitos recién nacidos (Éxodo 12:29), desde el hijo del Faraón hasta los que nacían en las cárceles y aún las crías del ganado. Frente a esa situación, el pueblo exigió al Faraón que deportara a los esclavos israelitas, quienes después de muchas tribulaciones y de deambular durante años por tierras inhóspitas, alcanzaron su tierra prometida. Éste es un claro y remoto ejemplo de cómo la enfermedad influye en la Historia de la humanidad.

Esto a título de brevísimo preámbulo. Ahora, el historiador Kyle Harper, de la Universidad de Oklahoma, acaba de presentar un interesante libro, titulado Fatum. Das Klima und der Untergang des Römischen Reichs* (Destino. El clima y el ocaso del Imperio Romano) que acaba de publicar en Alemania la editorial C. H. Beck, pionero en el examen y descripción del papel catastrófico que desempeñaron el cambio climático y las epidemias en el colapso del Imperio Romano.

Basándose en los últimos conocimientos científicos en los campos de la climatología y de la genética, Harper relata la historia de un infierno en el que se pueden reconocer características aterradoras y que nos resultan familiares, de nuestro propio mundo, como si las viéramos reflejadas en un espejo a la distancia.

El destino del Imperio Romano no fue determinado por emperadores, legionarios y bárbaros. Por lo menos tan importantes fueron las erupciones volcánicas, los ciclos solares, la inestabilidad del clima y los virus y bacterias letales para los seres humanos. El catedrático lleva a sus lectores desde la cima del siglo II d. C., cuando el Imperio Romano parecía una fuerza casi insuperable, hasta las depresiones del siglo VII, cuando el imperio estaba demacrado, políticamente fragmentado y materialmente agotado.

Harper describe cómo los romanos aguantaron valientemente cuando los cambios ambientales deprimieron todo el imperio, hasta que finalmente las consecuencias de lo que denomina la Pequeña Edad Glacial y la repetida aparición de la peste habían agotado la resistencia de la antigua potencia mundial.

Es la historia de una de las civilizaciones más grandes que haya visto el mundo, en el momento de su desafío más dificil, que tiene que rendirse a la fuerza aplastante de la naturaleza, en forma de cambio climático y epidemias. El ejemplo de Roma parece un recordatorio de los pretéritos tiempos en los que las perturbaciones del clima y la evolución de los agentes patógenos dieron forma al mundo en que vivimos.

Cualquiera que sepa leer los signos de los tiempos sabe que puede repertirse lo que aquí se describe sorprendente y exhaustivamente. El historiador, especializado en el período entre el Imperio Romano y la Edad Media, no menciona acontecimientos de palpitante actualidad y ni siquiera los insinúa, pero el lector piensa y concluye, con razón, cuando accede a este análisis intelectualmente tan claro y brillante, que de nada sirven los conocimientos empíricos recogidos en sus campos de golf por un ignorante empresario inmobiliario devenido en el peor presidente de un gran país.

Kyle Harper es actualmente el representante más destacado de la tesis climática, por supuesto también polémica, como toda investigación científica pionera. Según esta tesis, el Imperio Romano no se rompió debido a la migración, sino a causa del cambio climático y tres epidemias graves: Los gérmenes son más mortales que los germanos, afirma Harper, al evocar la sublevación de Odoacro, quien destronó al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, en el 476 dC., convirtiéndose en rey de Italia.

Estas tres epidemias se conocen como las plagas Antonina, Cipriana y Justiniana. La Antonina afecto al imperio a mediados del siglo II, según el historiador, era probablemente viruela.

La Cipriana (en conmemoración a san Cipriano, obispo de Cartago, testigo de la plaga) la conoció Roma cien años después, posiblemente fue el primer brote documentado del virus del Ébola. Después de ella no pasa nada durante 300 años, hasta que en 541 un barco mercante introduce una plaga en Egipto y en Constantinopla que, en algunos lugares, mata hasta el 50 por ciento de la población. Hace algunos años se pudo probar por muestras de ADN que este gérmen patógeno era la bacteria de la peste Yersinia Pestis.

Pero esto no es todo. El profesor de la Universidad de Oklahoma cree que desde mediados del siglo II, al mismo tiempo que la primera epidemia, se produjo un enfriamiento del clima mediterráneo. Éste descenso de la temperatura habría remplazado el óptimo clima cálido y lluvioso romano que, según fuentes históricas, permitió la viticultura y la agricultura a grandes altitudes, y que para Harper fue una precondición esencial para el surgimiento de Roma.

Sin embargo, ese enfriamiento que el investigador cree ver desde el siglo II en adelante resulta controvertido para los expertos en climatología, quienes carecen aún de evidencias irrebatibles. Es seguro que se produjo un descenso de la temperatura global en el siglo VI. La llamada anomalía climática de 535 y 536 de nuestra era causó que la exposición al sol se redujera notablemente. Hubo malas cosechas y hambrunas.

El fenómeno ya había sido descrito por contemporáneos, como el historiador bizantino Procopio de Cesárea. Según Harper, la causa fue una serie de erupciones volcánicas, cuyas cuyas fumarolas entraron en la estratosfera y redujeron allí la exposición al sol. Así habría comenzado la llamada Pequeña Edad Glacial de la antigüedad tardía.

Mas, el Imperio Romano, que se unió por última vez bajo el emperador Justiniano al derrotar a los ostrogodos, se había dividido en dos partes durante más de dos siglos y en realidad había decaído. Por lo tanto, es seguro que las epidemias han contribuido a la caída de Roma, pero con respecto al clima esto no es posible asegurarlo con absoluta certeza.

De todas formas, esta tesis no disminuye el valor general del libro, porque Fatum (Destino) es sobre todo una historia sobresaliente que combina una descripción del clima y de las epidemias en el Imperio Romano a lo largo de extensos períodos y hace accesible al gran público el estado de las investigaciones de las últimas décadas.

Por ahora aprendemos sobre todo dos cosas. Primero, el recalentamiento global desde el comienzo del Holoceno, el período postglacial, hace casi 12,000 años, hizo posible nuestra civilización. El calentamiento de la Tierra en ese entonces creó las condiciones idóneas para el desarrollo de las civilizaciones antiguas; hoy procuramos ansiosamente promover un enfriamiento global.

En segundo lugar, el coronavirus (COVID-19) no es la primera pandemia que pone en peligro un orden mundial. La peste de Justiniano, ya derrumbó al mayor imperio del orbe. Cabe concluir además que es inevitable la aparición de nuevas epidemias y amenazas globales en las próximas décadas, tanto de origen natural, como accidental e incluso intencionadas. Con excepción de las pandemias gripales, la Humanidad, en su conjunto, no sufrirá en términos cuantitativos grandes pérdidas humanas, en comparación con las enfermades cotidianas, como la hipertensión y el cancer.

Sin embargo, las sociedades se han sentido, se sienten y se sentirán fuertemente amenazadas y en riesgo, alterándose en todos los ámbitos, incluyendo el económico y el político. El impacto local puede ser mucho mayor, como hemos visto en China, en Italia, en España, en Francia, en Alemania y ahora en Estados Unidos (su nuevo epicentro), así como veremos posiblemente en otros países a corto plazo, por lo que se requieren permanentemente más que redoblados esfuerzos de detección, investigación y control de los sistemas de salud en los lugares de origen, dentro y fuera de fronteras. Se dice facil, pero requiere de políticos, estadistas y gobiernos con visión y talento para ello.

Notas

HARPER, Kyle, "Fatum: Das Klima und der Untergang des römischen Reichs", München: C. H. Beck, 2020, 567 pp, 42 ilustraciones, 26 mapas y 8 tablas. ISBN 978-3-406-74933-9

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