Tras la muerte de Pierre Boulez (Montbrison, 1925 - Baden-Baden, 2016), hace ya cuatro años, no fueron pocos los que se preguntaron si la música del compositor francés lograría mantenerse en las temporadas de conciertos como lo había hecho en vida de su autor; máxime, teniendo en cuenta la nómina de grandes orquestas, ensembles, academias y festivales con los que Boulez trabajaba: directamente, los mejores del planeta (además de contar con toda una legión de acérrimos valedores que, como su amigo Daniel Barenboim, no sólo siguen programando y grabando la música de Pierre Boulez, sino poniendo su nombre a una de las salas más novedosas e interesantes -tanto por arquitectura como por programación- de cuantas se han inaugurado en los últimos años en Europa, la Pierre Boulez Saal de Berlín).
Lejos del objetivo y de la dimensión de esta reseña…
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