Novedades bibliográficas

Capital e ideología (I)

Juan Carlos Tellechea

jueves, 16 de abril de 2020
Kapital und Ideologie © 2020 by C.H.Beck

De un tiempo a esta parte están pasando cosas extrañísimas en este mundo. Estados Unidos, el emporio del capitalismo, siente amenazada su existencia y reacciona sintomáticamente contra China y contra la Union Europea. El cambio climático que predecían los científicos hace ya décadas se ha hecho realidad. Incluso una adolescente de 16 años se atreve a lanzar un rapapolvo al sistema capitalista ante Naciones Unidas, afirmando que (…) estamos al principio de una extinción masiva, y todo de lo que podéis hablar es de dinero y de cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¿Como os atrevéis?

Ahora un microorganismo denominado COVI-19, de cuyo génesis poco se sabe, pero que podría estar conectado con los efectos del recalentamiento atmosférico global, amenaza con provocar la mayor recesión económica en la historia de la Humanidad con consecuencias aún imprevisibles.

En 2013 y adelantándose un lustro al bicentenario del filósofo, economista y revolucionario comunista Karl Marx se publica en Francia El capital en el siglo XXI, por el profesor Thomas Piketty de la École d’Économie y de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Poco después, y antes del 200º aniversario del natalicio de Friedrich Engels en 2020, el mismo autor publica en la editorial C. H. Beck de Múnich, Kapital und Ideologie*, versión alemana de su último libro que está siendo un éxito de ventas tanto en su versión francesa original como en sus traducciones al español* y al inglés.

Ambos libros han siendo mascados y deglutidos con la mayor atención y propensión al desasosiego en Estados Unidos y en otros subemporios capitalistas, porque Piketty se anima a pronosticar que la creciente desigualdad en el planeta no solo daña la productividad económica, sino también la cohesion social y el progreso. Sus conclusiones son aterradoras.

El mundo vive en tiempos de hipercapitalismo, con una interconexión sin precedentes en la que los vínculos financieros entre empresas y países han crecido mucho más rápido que la economía real. Más aún, las instituciones estatales habrían renunciado a sus propios instrumentos para reducir la desigualdad socioeconómica hasta tal punto que ahora tienen poco margen de maniobra para contrarrestar los efectos político-económicos y los mayores desafíos de nuestro tiempo: la fragmentación de la identidad, la creciente pobreza, la inminente catástrofe climática.

La revalorización histórica que formula el economista sobre las desigualdades, absolutamente documentadas, es impresionante. Los hechos concretos sobre nuestro presente son sorprendentes: los ingresos han aumentado en los últimos 30 años, pero son sobre todo los países más ricos los que más se han beneficiado de todo esto.

Como era dable de aguardar, el dolor de callos que han generado estas radiografías lo expresan altisonantemente algunos medios de comunicación afines al sistema, tildando a Capital e ideología de libro demasiado ingenuo y poco concreto.

Según las constataciones de Piketty, el respectivo régimen de propiedad tiene una influencia central en la formación de la desigualdad social y en su desarrollo desde la antigüedad hasta los tiempos de las empresas modernas y globalizadas basadas en la tecnología digital.

Keyword: Redistribución

En resumen: no es un libro de ciencia escrito con sobriedad, sino un trabajo monumental ideológico para justificar la redistribución económica con el objetivo de lograr una sociedad justa. Piketty resulta ser un analista meticuloso, increíblemente detallado e irremediablemente trabajador que describe las desigualdades sociales desde una perspectiva impulsada por la ideología y, en última instancia, lucha por el orden social, por un socialismo participativo, a través de la redistribución masiva de riqueza y de los ingresos. El camino hacia Karl Marx no está lejos y las propuestas para reducir la concentracion de la riqueza son esencialmente iguales a las del filósofo alemán. Pero tampoco está muy distante del austríaco-británico Karl Popper y su filosofía política que concilia ideologías democráticas como la socialdemocracia, el liberalismo clásico y el conservadurismo.

En el capítulo 17 de su libro, Piketty describe lo que denomina bloques de construcción para lograr una sociedad justa en la que, siguiendo la línea tradicional de un socialismo democrático, todos los miembros que pertenecen a ella tengan el mayor acceso posible a los bienes básicos (como educación, salud y participación en todas las formas sociales de vida). Esto es, para proporcionar a los miembros menos favorecidos de una sociedad las mejores condiciones de vida posibles.

Al mismo tiempo, el sistema actual de propiedad privada debiera ser superado como un objetivo político. El concepto de Piketty para el socialismo participativo se basa en dos pilares básicos destinados a desarrollar condiciones para la propiedad justa.

Por un lado, propone superar la propiedad privada, involucrando a los empleados y sus representantes en la gestión de las empresas. El objetivo es conseguir una mejor distribución del poder en las empresas. Piketty entiende esto mucho más allá del concepto actual de participación (cogestión) a la alemana. Los derechos de voto en la empresa deberían dividirse entre empleados y accionistas en una proporción de 50% / 50%.

El acceso al sistema educativo también juega en este contexto un papel especial. Además, sugiere el concepto de una propiedad temporal con una circulación permanente de activos. Todo debería estar descentralizado y formar un contrapunto al socialismo de Estado hipercentralizado de antaño. Piketty sostiene que todo esto tiene por objetivo superar el capitalismo privado. Me puedo imaginar cómo se les ponen los pelos de punta a muchos radicalmente opuestos a estas teorías.

El segundo elemento fundamental en el concepto de redistribución de Piketty es un sistema tributario justo. Piketty usa algo difícil de entender; el término tríptico del impuesto progresivo que significa un impuesto a la propiedad progresivo anual. Esto es, esencialmente un impuesto a la riqueza, un impuesto progresivo a la herencia y un impuesto progresivo a la renta. Este último incluye el impuesto de sociedades como una especie de anticipo del impuesto sobre la renta. Además, el impuesto progresivo sobre la renta debería incluir contribuciones a la seguridad social y un impuesto sobre el CO2 igualmente progresivo para apoyar las medidas de protección ambiental y el financiamiento de la transición energética.

Estos fondos fiscales se utilizarían para financiar conceptualmente el estado de bienestar, incluido su sistema de salud, educación y pensiones, así como un ingreso básico para todos. La progresión se basa en múltiplos del patrimonio / ingreso promedio, al nivel máximo con el 90% de las tres áreas impositivas. Las tasas impositivas del 60% y más deberían aplicarse a partir de diez veces el monto por herencia / ingreso promedio.

Todo esto estaría destinado a implementar un sistema de herencia pública para dotar a los adultos jóvenes de 25 años con capital inicial (de entre unos 125.000 a 175.000 euros). Finalmente Piketty desarrolla un concepto de cupón para la igualdad democrática con el fin de lograr una democracia partidaria justa y participativa. En este contexto, también vale la pena leer las consideraciones políticas extremadamente coloridas de un economista sobre el derecho constitucional. Pone como ejemplo de abuso de poder por parte de jueces de los tribunales constitucionales, el caso en Alemania del abogado especializado en temas fiscales Paul Kirchhof . Menciona en este asunto el precepto de la división a medias (splitting) en derecho tributario y la escándalosa propuesta para un impuesto fijo del 25% de la tasa impositiva máxima sobre los ingresos. En fin, una visión algo reducida de las cosas y que no tiene mucho que ver con abuso de poder.

Keyword: Visión fiscal

Finalmente Piketty expresa consideraciones para una justicia fiscal global, que debería implementarse organizacionalmente en una democracia transnacional. En opinión de Piketty esto tiene el propósito de prevenir la competencia fiscal internacional con el dumping fiscal y la no tributación de las ganancias corporativas, lo que está acelerando, sin lugar a dudas, la desigualdad y que habría que ponerle término a toda costa.

Por supuesto, todas estas ideas solo funcionarían bajo una premisa fundamental: que todos los países del mundo, sin excepción, las adoptaran para poner fin a los paraísos fiscales que dan refugio a los capitales especulativos y negros (narcotráfico y tráfico de armas, entre otros) que ascienden a billones y billones de dólares.

El mismo Piketty admite, y con razón, que Las sugerencias pueden parecer radicales. La visión fiscal que desarrolla supera en su efecto de progresión incluso la redistribución real de los ingresos y de la riqueza en Alemania que, sin embargo, es bastante justa en comparación con otros países capitalistas. Por otra parte su idea desencadenaría una gigantesca máquina de redistribución que eliminaría todas las fuerzas competitivas productivas.

La libertad individual y la búsqueda de intereses económicos no tienen lugar en el concepto de Piketty, lo cual significaría un error de análisis importante. Los impuestos indirectos, especialmente a las ventas, como un gravamen general al consumo (a ricos y pobres), van en aumento en los países capitalistas industrializados, Alemania incluida. Éstos desencadenan relativamente poco esfuerzo administrativo, la resistencia fiscal es significativamente menor que con los impuestos directos, y los efectos de erosión de la competencia fiscal global son mucho menos notables. Sin embargo, los impuestos indirectos también cumplen con requisitos de equidad tributaria que pueden ser legislativamente regulados. En el concepto de Piketty, empero, el impuesto a las ventas no aparece como una fuente significativa de financiamiento para el gasto gubernamental.

En síntesis, si bien sus teorías son aventuradas, Capital e ideología es un libro muy interesante para economistas especializados en temas fiscales, así como para abogados y asesores impositivos a los que brinda la oportunidad de tratar estas cuestiones en un contexto ideológico muy diferente.

Mas como Piketty afirma, tratando de despegarse un poco de Marx, (…) La desigualdad social no es un fenómeno tecnológico ni económico, sino político e ideológico y es aquí donde esta obra -que carece de una propuesta política realista- debiera influir en una reflexión decisiva, porque toda sociedad debe dar sentido a sus desigualdades para que puedan ser justificadas y, por ende, aceptadas en paz, sin fenómenos explosivos irreversibles, indeseados y que solo conducen al caos.

Notas

1. Thomas Piketty, "Kapital und Ideologie", München: C.H.Beck, 2020, 1312 pp. ISBN 978-3406745713

2. Thomas Piketty, "Capital e ideología", Barcelona: Ed. Planeta, 2019, 1248 pp. ISBN 978-8423430956. Traducción de Daniel Fuentes.

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