Ópera y Teatro musical

Plácido Domingo y el derecho a cantar

Vicente Carreres
Plácido Domingo Plácido Domingo © 2019 by Catherine Ashmore

Para mí la ópera nació en el 84, en un cine de Valencia, cuando mi madre se empeñó en que viera la Carmen de Francesco Rosi. Entré sin expectativas, pero salí en shock, sobrecogido por la pasión de aquel hombre locamente enamorado, que se precipitaba al abismo cantando como un ángel y como un demonio. Ese hombre se llamaba Plácido Domingo y aquella interpretación me abrió un mundo maravilloso que se llama ópera.

Hoy resulta intempestivo recordar al cantante en estos términos, pero creo que es también necesario. Desde luego que estaba justificado investigar algunas de sus conductas del pasado como director general de la Ópera de los Ángeles, porque son graves las acusaciones que se han hecho contra él y no se trata de una mera difamación. Pero eso no implica negar lo que este hombre ha hecho como cantante. Quien de verdad ama la ópera,…

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Notas

Hoy día ya no parece justo imputar también a Puccini el famoso suicidio de una empleada del hogar. Si hay que buscar un responsable, todo apunta a su esposa, que, devorada por unos celos infundados en este caso, aireó sus sospechas de adulterio creando un escándalo que la joven no pudo soportar. La autopsia demostraría que era virgen.

Comentarios
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Jorge Ariel Binaghi
22/5/2020 13:15:21

el tema es complicado, pero aquí va alguna reflexión más... Yo he admirado tanto como el autor (no sé si más, no creo) al artista sin haber apreciado nunca demasiado a la persona, justamente por lo que el autor menciona de la 'leyenda blanca'. El problema es que de un tiempo a esta parte yo procuro NO ir a ver al Domingo que parece inmune a cualquier crítica musical y parece/parecía destinado a morir sobre un escenario (o, a lo peor, en el foso de una orquesta donde nunca tuvo mucho que hacer). Hay teatros que prefieren llenar fácilmente una noche (y en según qué sitios con Plácido los llenan a ojos cerrados independientemente de qué haga; en alguno incluso cuando dirige - y los que tenemos oídos además de ojos pasamos  sofocos- y no estoy señalando a Viena, que es obvio) o que tienen afecto al cantante, o comparten con él esos gustos que últimamente le han acarreado problemas, y no van a tirar piedras contra su propio tejado por la cuenta que les trae. Y sí, hay públicos y países a los que parece no importarle absolutamente nada lo que Domingo haga, no sólo fuera de la escena sino, últimamente, en ella. Pues cada uno elige. No veo que nadie se mese las barbas porque lo mismo, exactamene, le haya ocurrido a un tenor importante -que a mí no me interese no es óbice para que reconozca su 'gancho'- como Grigolo al que se le han cerrado las puertas del mundo anglosajón, pero sigue cantando en Italia, Suiza, creo que Alemania, en países exóticos, en Austria... y en España me parece que no porque el propio artista no debe de estar muy interesado (recordemos su cancelación del protagonista de Los cuentos de Hoffmann en el Liceu de la que hasta ahora carecemos de explicación). Domingo es un cantante histórico sin ninguna duda (después si es mejor que Caruso, Gigli, Martinelli, Pertile, Bergonzi es opinable, como lo es su afán de coleccionar papeles, muchos de los cuales no profundiza ni ha profundizado en la segunda mitad de su carrera). Yo personalmente preferiría verlo retirado por propia voluntad: el famoso Indian Summer al que se referían, él y sus adoratrices neoyorquinas (conozco algunas inconsolables) al parecer ha acabado, pero algunos no se dan cuenta, lo que puede ser lógico y entendible, pero Verdi, por ejemplo, no tiene la culpa. Y a propósito, la diferencia con Puccini, Gesualdo, Brahms y podríamos seguir y ampliar la lista con, por ejemplo, los que murieron de sífilis, es que ellos fueron compositores, no intérpretes, y todos sabemos que las personas más ilustres tienen pies de barro, pero aunque  nos den grima de sus obras no podemos prescindir. Del gran Plácido quedan sus grabaciones en distintos soportes, y lo nuevo o último francamente no está a la altura de lo anterior y sí, desde un punto de vista estrictamente artístico resulta prescindible; como fenómeno sociológico no, `pero para el análisis ya hay abundante material...



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