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Te llamaremos bandoneón

Juan Carlos Tellechea

martes, 16 de junio de 2020
Heinrich Band © Heinrich Band Museum Burg Linn Krefeld/Horst Klein

Innumerables leyendas, novelas y poemas han rodeado siempre la historia del mítico bandoneón, ese instrumento que inventara y diseñara el violonchelista y comerciante de instrumentos musicales Heinrich Band a mediados del siglo XIX en Krefeld (Baja Renania), del que se apoderara para siempre el tango pocas décadas después y del que ahora por primera vez ve desvelados algunos de sus secretos mejor guardados gracias a la musicóloga e investigadora alemana Janine Krüger en un nuevo libro.

Heinrich Band. Bandoneon. Die Reise eines Instruments aus dem niederrheinischen Krefeld in die Welt* (Heinrich Band. Bandeoneón. El viaje de un instrumento de la ciudad bajorrenana de Krefeld por el mundo) se titula la obra de 365 páginas y decenas de ilustraciones que acaba de publicar la prestigiosa editorial Klartext de Essen. Todo un acierto. ¡Enhorabuena!

La ciudad de Krefeld planea celebrar por todo lo alto el año próximo el 200º aniversario del nacimiento de Heinrich Band el 4 de abril de 1821. El programa contemplará conciertos, actos conmemorativos y exposiciones alusivas.

Krüger ya había dedicado en 2012 una muy interesante obra de 302 páginas titulada ¿Cual es tu tango?*, publicada por la editorial Waxmann de Münster, en la que repasaba analíticamente los diferentes estilos (1900-1960) de este género musical, producto de una particularísima simbiosis cultural con elementos europeos, africanos e iberoamericanos que se daría primero en Buenos Aires y que saltaría el charco del Río de la Plata para dejar prendado también a Montevideo (Uruguay). Ambas ciudades habían ejercido el comercio de esclavos desde el siglo XVIII durante el período colonial español.

La oficina cultural de la ciudad de Krefeld organiza desde 1985 su célebre Festival del bandoneón. Jürgen Sauerland-Freer director de esa autoridad durante decenios, y su sucesora, la Dra. Gabriele König, se ocupan intensamente de promover y apoyar la difusión de este instrumento y sus artistas.

El pasado festival fue en 2018 y este año correspondía realizar una nueva edición, pero la pandemia del coronavirus desbarató todos los planes. El bandoneón, de la mano del tango, experimenta un renacimiento en todo el mundo, y las nuevas generaciones alzan musicalmente su justificado reclamo de autenticidad, como muestra el libro de Krüger.

Band comenzaría a desarrollar en 1845 la versión sui géneris de su creación a partir del acordeón, la armónica (de fuelle), inventados o al menos patentados en Viena entre 1821 y 1824, y de la concertina (1829) del inglés Sir Charles Wheatstone (mejorada y patentada en 1844), pero todos con un ilustre y antiquísimo ancestro común en China, el sheng (笙, Pinyin shēng), de la familia de los instrumentos de lengüeta libre, que data del año 3000 aC aproximadamente.

El músico y comerciante de Krefeld guardaba celosamente para sí el secreto de quién le proveía concretamente de esos acordeones que él modificaría más tarde bajo el nombre de Bandonion. Krüger dió con la pista, tras una labor que le demandó dos años de investigación: los instrumentos habían sido fabricados primeramente por un comerciante de Waldheim (Sajonia), cerca de Chemnitz, que utilizaba mano de obra de presos de la carcel local. Este hecho era ocultado por Band contra viento y marea para que no trascendiera al público. La afinación de los instrumentos se hacía en la también cercana localidad de Klingenthal. Las maderas que se utilizaban para sus cajas eran de cerezo y de palisandro, posteriormente incluso de variedades más exóticas como el jacarandá.

En 1850, Wilhelm Seyffart, un joven emigrante alemán (vástago de una influyente familia de Krefeld) ya había llevado consigo el instrumento a Estados Unidos. Un lustro después, en mayo de 1855, escribiría a sus progenitores que le enviaran un Bandonion de Heinrich para un amigo. Es esta la mención más antigua que se conoce hasta ahora de la denominación del instrumento, utilizado principalmente para amenizar reuniones bailables, pero también para ceremonias religiosas, para interpretar música folclórica local, marchas (incluso la Marcha de los Socialistas, compuesta por Carl Gramm, con texto de Max Kegel), así como para tocar composiciones de autores clásicos, fragmentos de óperas y ballets.

Band presentaría su invento, toda una curiosidad en aquel entonces, en la Exposición Universal de París de 1855 como harmonica chromatique avec méthode pour apprendre à jouer de cet instrument. Por fin, en 1857 Heinrich Band lo incluiría en el catálogo de instrumentos musicales de su tienda bajo el nombre de Bandonion. Nunca se imaginó el prodigioso futuro que llegaría a tener su ingenio. Un alumno belga, de apellido Ellinckhuysen, que aprendía a tocar ese instrumento en Bruselas en 1857, anotaba claramente a mano al pie del prefacio del texto de enseñanza: L'accordion perfectionné par H. Band s'appele maintenant Bandonium (en allemand Bandonion).

A esta altura de la evolución ya había abundantes partituras (grabadas e impresas en Mainz), libros de enseñanza de Band para difundir su método y numerosos conjuntos de bandoneonistas. Lamentablemente él no viviría mucho tiempo más para disfrutar del gran éxito y de la emancipación de su instrumento, porque fallecería prematuramente en 1860 a la edad de 39 años. El negocio sería continuado primero por su viuda y por un miembro de la Sociedad Musical de Krefeld, Jacob Dupont, maestro de música y comerciante de cigarros, más tarde por su hijo, Alfred Band, también docente de música, y después por otros familiares y socios.

En el curso de la industrialización, cuya fuerza social era el proletariado, el bandoneón fue testigo asimismo de grandes cambios y evoluciones en Europa. Los padres y abuelos de Heinrich Band eran humildes tejedores que trabajaban en Krefeld, en aquellos tiempos un importante centro de textiles seda. Hasta hoy la ciudad produce tejidos y corbatas de esa fibra natural, en una de las últimas fábricas que sobreviven a las enormes transformaciones ocurridas desde esas lejanas épocas.

Aprovechando el invento del bandoneón pronto se fundarían otras empresas de venta (Arthur Weber, en Dortmund) y de producción, también en la misma Sajonia (Huthmeinel-Otto Meinel; F. Lange-C. F. Uhlig) , donde finalmente surgiría la conocida marca Alfred Arnold (o doble A), de la localidad de Carlsfeld, que lleva la gran mayoría de los instrumentos que fueron llegando con el correr de los decenios a comienzos del siglo XX al Río de la Plata; primero a Buenos Aires, después a Montevideo (Uruguay), seguidamente al sur de Brasil y que perduran con su calidad e invariable y peculiarísimo sonido hasta hoy.

Cómo arribó a Argentina el bandoneón es un tema que sigue siendo objeto de las más diversas especulaciones y leyendas, algunas de ellas muy románticas, como la del marinero alemán que perdió en el juego todo el dinero que tenía en alguna timba de los alrededores del puerto de Buenos Aires y tuvo que entregar el bandoneón que llevaba consigo para pagar sus deudas.

Los primeros tangos fueron inspirados por los nostálgicos inmigrantes europeos (con tantas dramáticas historias en sus vidas). Los grupos pioneros, los de la denominada Guardia Vieja, se componían de guitarra, violín y flauta o clarinete, pero a los conjuntos típicos les faltaba un pulmón, y esa función la pasaría a ejercer el bandoneón, desde el último tercio del siglo XIX (los límites son difusos y no hay acuerdo entre los especialistas) y comienzos del XX (Guardia Nueva).

Un conocido maestro y bandoneonista alemán de la época, Walter Pörschmann, de Leipzig, representante viajero de Alfred Arnold, informaba desde Buenos Aires a su casa matriz en 1925 que en la capital argentina había ya millares de bandoneonistas. Desde antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se importaban bandoneones de Alemania. Los instrumentos eran muy apreciados y pronto se expandirían hacia el interior de Argentina y más tarde a los referidos países vecinos.

Primero se habían introducido acordeones y armónicas, pero luego éstos quedaron totalmente desplazados por el bandoneón y Pörschmann recomendaba en aquel entonces a Arnold afinarlo no con el timbre suave y dulce de los primeros, sino con el tono de concierto más seco, ronco e inconfundible que caracteriza al fueye (como se le apoda en el Río de la Plata). Fue tal el influjo recibido por Pörschmann en el Río de la Plata que regresaría a Alemania con una composición suya bajo el brazo titulada Hasta la vista, Tango argentino.

Aquella lejana fe de bautismo de finales del XIX sería evocada en un tango que ganaría en 2004 el Primer Premio Nacional de las Artes de Argentina, con música de Oscar Pometti y letra de Alejandro Szwarcman.

Te llamaremos bandoneón

Tal vez un viejo sacristán

se reviró con su sermón

de compadritos y arrabal

y le mandó la inquisición.

Y se piantó de polizón

oyendo el canto de la mar

y en su destierro se olvidó del alemán.

Un barco lo dejó

varado en el umbral

de un ispa cafetín

con sueños de percal.

Un tano de acordeón

y un ruso de violín

le hicieron con unción

un alma de escarpín...

Lo bautizó el “esplín”

en charcos de malvón...

Al hombre gris de la ciudad

lo fue metiendo en su pulmón

y Dios le dijo al despertar:

"- Te llamaremos bandoneón -".

Su negra tos de callejón

lloró una curda de alquitrán

goteándole en el corazón su soledad.

Un barco lo dejó

varado en el umbral

de un ispa cafetín

con sueños de percal...

Y al verse el bandoneón

de piel y lagrimal

a un gordo bonachón

y a un Astor sideral

les hizo un berretín

y un cielo de gotán.

Entre 2012 y 2013 Krefeld celebró una interesante exposición monográfica sobre el bandoneón, con los primigenios y valiosos artefactos de Band que posee en sus fondos, en el cercano castillo de Burg Linn. En 2019 Berlín y Buenos Aires celebraron sus 25 años de hermanamiento con una muestra titulada Che Bandoneón (por el icónico tango de Aníbal (el gordo, Pichuco) Troilo con letra de Homero Manzi, 1949) en el Museo de Instrumentos Musicales de la capital alemana (junto a la sede de la Filarmónica).

El duende de tu son, che bandoneón,

se apiada del dolor de los demás,

y al estrujar tu fueye dormilón

se arrima al corazón que sufre más.

Estercita y Mimí como Ninón,

dejando sus destinos de percal

vistieron al final mortajas de rayón,

al eco funeral de tu canción.

Bandoneón,

hoy es noche de fandango

y puedo confesarte la verdad,

copa a copa, pena a pena, tango a tango,

embalado en la locura

del alcohol y la amargura.

Bandoneón,

para qué nombrarla tanto,

no ves que está de olvido el corazón

y ella vuelve noche a noche como un canto

en las gotas de tu llanto,

¡che bandoneón!

Tu canto es el amor que no se dio

y el cielo que soñamos una vez,

y el fraternal amigo que se hundió

cinchando en la tormenta de un querer.

Y esas ganas tremendas de llorar

que a veces nos inundan sin razón,

y el trago de licor que obliga a recordar

si el alma está en "orsai", che bandoneón.

Carlsfeld también tiene su festival dedicado no solo al tango, sino al instrumento en sí y su utilización en los más variados géneros musicales. Faltaría crear un gran Museo del Bandoneón en Krefeld, pero seguramente faltan fondos oficiales para ello; tal vez podría hacerse realidad con un fuerte apoyo privado, si hubiera interés en un proyecto así, afirman representantes de la Oficina de Cultura de Krefeld.

Sobre lo que no cabe absolutamente ninguna duda, tal como lo refleja el libro de Janine Krüger, es que el bandoneón, exploradas sus grandes posibilidades, experimentaría en el Río de la Plata una evolución incomparablemente mayor, de una creatividad singularísima, que lo catapultaría a todo el planeta, Asia incluida, con músicos como Juan (Pacho) Maglio, Eduardo Arolas, Vicente Greco, Julián Plaza, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Luis Di Mateo, Daniel Binelli, Raúl Jaurena...y tantos otros, argentinos y uruguayos...la lista es enormemente larga; las historias de sus vidas llenarían holgadamente varios tomos enciclopédicos.

El centenario del nacimiento de quien revolucionara el tango a mediados de la década de 1950, Astor Piazzolla, se conmemorará el próximo 11 de marzo de 1921 en Argentina y con toda seguridad músicos, orquestas, compositores, arreglistas, musicólogos y profesores de música evocarán la fecha en todo el mundo con diversos homenajes y conciertos.

Unos versos a modo de compendio quedarían cincelados en este emotivo, genuino, celebérrimo e inolvidable tango de Juan Bautista (Bachicha) Deambroggio (música) y Pascual Contursi (letra), de 1928, que cita también Janine Krüger en su maravillosa obra:

Bandoneón arrabalero

viejo fueye desinflado,

te encontré como un pebete

que la madre abandonó,

en la puerta de un convento,

sin revoque en las paredes,

a la luz de un farolito

que de noche te alumbró.

Bandoneón

porque ves que estoy triste y cantar ya no puedo,

vos sabés

que yo llevo en el alma

marcao un dolor.

Te llevé para mi pieza

te acuné en mi pecho frío...

Yo también abandonado

me encontraba en el bulín...

Has querido consolarme

con tu voz enronquecida

y tus notas doloridas

aumentó mi berretín.

Notas

Janine Krüger, "Heinrich Band. Bandoneon. Die Reise eines Instruments aus dem niederrheinischen Krefeld in die Welt", Essen: Klartexte Verlag, 2020, 368 Seiten. ISBN 978-3-8375-1970-9

Janine Krüger, "¿Cuál es tu tango? Musikalische Lesarten der argentinischen Tangotradition", MUnster, Waxmann Verlag, 2012, 302 Seiten. ISBN 978-3-8309-2736-5

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