Joaquín Achúcarro forma parte orgánica de todas las salas de conciertos y escenarios de su ciudad natal, Bilbao, como si fuera una pared o la propia tarima sobre la que actúa. Entra en un espacio y el espacio es suyo. También está completamente integrado en la memoria de la afición, tanto en su ciudad como en otros muchos lugares, porque su vida en activo es ya muy larga y supera en años a la de muchos y muchas maduros oyentes de sus conciertos, oyentes que le contemplan con una mezcla de devoción y asombro hacia este maestro menudo y vivaz, capaz de buscar y ofrecer un pianismo fresco y de gran nivel después de tantos años en activo. Achúcarro ama el piano, eso es palpable desde la primera nota hasta la última. El instrumento es una prolongación de sí mismo, forma parte de un todo que él domina hasta el extremo. A lo largo de este…
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