Discos

Composición-reciclaje

Paco Yáñez

lunes, 3 de agosto de 2020
Brigitta Muntendorf: PLAY ME back and forth. Ole Hübner: Lied mit Chor: "Nachtigall mit Melodei". Stefan Prins: Hände ohne Orte. Matthias Kranebitter: Stack overflow: Exploiting 24 preludes. Leopold Hurt: Dissociated Press. Decoder Ensemble. Frank Kämpfer, productor. Ernst Hartmann, Hendrik Manook, Christian Rieseberg y Uwe Sabirowsky, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 63:59 minutos de duración grabado en la Deutschlandfunk Kammermusiksaal de Colonia (Alemania), del 10 al 13 de mayo y del 26 al 28 de octubre de 2018. Wergo WER 7376 2

Fiel a su vocación de situarse en el fértil terreno del mestizaje y la hibridación musical, el ensemble hamburgués Decoder nos presenta una nueva producción discográfica en el sello Wergo que es perfecta muestra ya no sólo de ese adentrarse por los caminos de la fusión estilística, sino de su habitual trabajo combinando medios acústicos, voz y electrónica: una electrónica que resultará fundamental en las claves en las que este disco, titulado Big Data, se nos presenta. 

Ello es debido a que serán las muchas pistas de audio que cada día nos rodean (y tantas veces, asedian) las que los cinco compositores aquí reunidos utilizarán para crear cinco piezas que se adentran en ese gran archivo en el que se han convertido los medios de comunicación e internet, con sus millones de pistas sonoras: materia prima para su estilización, reciclaje, boicoteo, copia-y-pega, inserción a modo de samples y cuantas técnicas permitan a estos cinco creadores llevar a cabo una inmersión en el marasmo acústico en el que vivimos: una inmersión que va de la fascinación al distanciamiento crítico, y cuya prolija hibridación de estilos nos recordará a tantas ya sidas en los últimos siglos, desde la presencia de la música popular en Joseph Haydn a la del rock en Frank Zappa, pasando por Gustav Mahler, George Gershwin, John Zorn y tantos otros. 

El ámbito en el que hoy nos movemos en esta reseña, más cercano al multimedia y a las fuentes musicales que internet propicia y alberga, ya había sido visitado por mundoclasico.com; precisamente, por medio de otra edición del sello Wergo (WER 6413 2): la dedicada al provocador, youtuber, enfant terrible y compositor alemán Johannes Kreidler, que en dicho álbum —que motivó una reseña titulada Conceptualismo-pastiche nos ofrecía, amparado por los exordios teóricos de su colega Harry Lehmann, un buen ejemplo de que para los «nuevos conceptualistas» (así se define la pandilla de Kreidler) el presente y el futuro de la composición no pasan por los instrumentos tradicionales (para ellos, restos de un pasado burgués), sino por los archivos digitales disponibles en internet, con su marasmo de sonoridades, orígenes y formas diversas (incluidas las más pestíferas y horrísonas)... 

...afortunadamente, lo ofrecido en esta ocasión por Wergo en Big Data es, en términos musicales, más sustancioso y logrado que buena parte de las piezas de Johannes Kreidler (con una mención especial para su serie Compression Sound Art: directamente, lamentable), primando en este compacto lo artístico y la naturaleza musical de la obra, más que lo anecdótico y lo panfletario. Ello se debe, en buena medida, a que estamos ante una selección de los ocho trabajos presentados en el festival Big Data Weekend, organizado en 2017 por el Decoder Ensemble y en el que se incluyeron diversos encargos que trataban el tema de la remezcla en la música actual; algo que, como apunta la clarinetista del Decoder, Carola Schaal, tiene sus riesgos y sus efectos colaterales; pero, también, unas enormes posibilidades de ampliar horizontes estéticos y de resignificar códigos y músicas en diversos contextos, haciéndonos más conscientes del paisaje musical que nos rodea a través de unas formas artísticas tan potentes como las que buena parte de estas cinco partituras nos tienden. 

Una de ellas es, indudablemente, PLAY ME back and forth (2015), de la compositora alemana Brigitta Muntendorf (Hamburgo, 1982). Parte de su fuerza proviene de su coherencia, y es que en este tipo de composiciones intertextuales, tan habitualmente entramadas a modo de collages, es frecuente el caer —como veremos en el caso de la segunda partitura de este compacto— en la dispersión y en la falta de unidad; y ejemplos ilustres tenemos de excelencia compositiva a lo largo de las últimas décadas de piezas creadas por medio de citas o inserción de músicas de diversos orígenes, ya sea la Sinfonia (1968) de Luciano Berio o el magno Requiem für einen jungen Dichter (1967-69), de Bernd Alois Zimmermann. Ambas genialidades comparten esa fuerte unidad, a pesar de la profusa disparidad estilística y formal de sus elementos constituyentes; algo que volvemos a encontrar en PLAY ME back and forth. La voz, presencia fundamental en esta pieza, se erige aquí no sólo como el instrumento más antiguo y por antonomasia del ser humano, sino como eje y núcleo vertebrador, como bastión del yo, frente al asedio de diversas fuentes acústicas y electrónicas, que incluyen referencias a otras músicas, como el rock o aquéllas que nos asedian a través de los medios de comunicación. Ante tal acechanza y cacofonía, PLAY ME back and forth nos propone la búsqueda de una estabilidad tan compleja como necesaria en estos tiempos de líquida volatilidad; unos tiempos en los que la hiperestimulación por parte de dichos medios se ha convertido (incluso, durante esta pandemia) en una constante que dificulta el encuentro con quien cada uno de nosotros pueda ser y sea. 

En el caso del joven compositor alemán Ole Hübner (Bremerhaven, 1993) y su pieza para voz, ensemble y electrónica Lied mit Chor: "Nachtigall mit Melodei" (2016-17, rev. 2018) el problema es, como en el anterior párrafo apuntamos, de excesiva dispersión. Quizás es cosa de su juventud el pretender abarcar muchos de los estilos, referencias y archivos de audio como nos rodean, algo que se multiplica por las capas históricas que se superponen en una partitura cuyas referencias llegan hasta Palestrina, Shakespeare y Mendelssohn; este último, por medio de Ein Sommernachtstraum (1826-43), con sus consecuentes reminiscencias shakesperianas. Ahora bien, lejos estamos de la lírica unidad de Felix Mendelssohn, tan clásica y elegante, y lo que aquí escuchamos (especialmente, en los samples electrónicos que se introducen continuamente en la partitura, así como en una voz convertida en ágora polimórfica de estilos) es un batiburrillo que va de momentos sumamente horteras con músicas propias de anuncios radiotelevisivos naíf en clave romántica a otros dignos de la mítica banda brasileña de thrash metal Sepultura. Únicamente escuchando con mucho sentido del humor Lied mit Chor: "Nachtigall mit Melodei" podremos tomar cierta distancia e, incluso, tomárnoslo como un ejercicio de rastreo y muestreo de la diversidad estilística tan propia de los medio de (in)comunicación e internet: posibilidades cuyo mayor interés residiría, ya, en lo sociológico, más que en lo propiamente musical, ámbito en el que a esta partitura le queda mucho para poder ser considerada una obra de enjundia. 

Tras lo escuchado en Lied mit Chor: "Nachtigall mit Melodei", hasta un compositor tan heterogéneo como el belga Stefan Prins (Kortrijk, 1979) nos sonará con un monolitismo digno de Anton Bruckner. En cierto modo, ello no carece de lógica en el caso de Hände ohne Orte (2016-17); al menos, con respecto al estilo compositivo del propio Prins, pues a lo que procede aquí el belga es a «una remezcla de una remezcla de una remezcla de una remezcla»: tal es el proceso que se da con respecto a partituras previas en su catálogo que se encadenan formando una suerte de work in progress por remezcla y adición de nuevos elementos. De este modo, la cadena de partituras que hasta Hände ohne Orte nos lleva parte de Study for a Mirror Box (2014) y se va desarrollando a través de Mirror Box (2014), Mirror Box Extensions (2015) y Peel (2016), para desembocar en la pieza que escuchamos en Big Data. Como es habitual en Stefan Prins, los procesos ruidistas y electrónicos adquieren un papel fundamental, dando como resultado una música que hibrida ambos medios de forma que hasta lo humano parece robótico, cual si los instrumentistas tocasen como músicos virtuales, con sus extremidades convertidas en prótesis mecánicas, con la cierta rigidez que caracteriza a la música de Prins. Tal y como indica en sus notas Egbert Hiller —a su vez, citando a Carola Schaal—, las manos —siguiendo el título de la partitura— se sitúan en los instrumentos en lugares no convencionales que agudizan esa sensación de deslocalización y extrañeza, de músicos fuera de su contexto habitual, algo que en Prins se entronca con el pensamiento de un compositor al que tanto debe como Helmut Lachenmann, cuando en los ensayos de sus obras el alemán dice a los músicos que sufren «deformación profesional» a causa de sus muchos años en los conservatorios. Aquí, esa «deformación» es sometida a un nuevo aprendizaje del instrumento, así como de su relación con la fisicidad del músico: reinventada como lo es una música que nos sitúa de lleno en un siglo XXI del que Stefan Prins se ha convertido en uno de sus mayores exponentes en el ámbito de la nueva música. Hände ohne Orte nos ofrece una estupenda posibilidad de comprobar hasta qué punto hay un lenguaje, un estilo y una unidad subyacentes (ya no sólo en esta pieza, sino con respecto —como hemos visto anteriormente— a otras de su catálogo) en la música del compositor belga. 

Como Ole Hübner, el austriaco Matthias Kranebitter (Viena, 1980) mira, asimismo, al pasado para armar el entramado de citas superpuestas que escuchamos en Stack overflow: Exploiting 24 preludes (2016-17). En este caso, y como su título nos sugiere, son los Préludes opus 28 (1835-39) de Frédéric Chopin las piezas que sirven a Kranebitter para asaltar el gran joyero de la historia de la música, poniendo la música del polaco en perspectiva con una Europa que empezaba entonces a ver el auge de la industrialización. Es por ello el tono mecanicista (como en el caso de Stefan Prins) de Stack overflow: Exploiting 24 preludes, una música de una poderosa com-pulsión rítmica, en la que los teclados MIDI están conectados a fuentes electrónicas que lanzan samples con los referidos preludios chopinianos, de forma que escuchamos los originales comprimidos armónicamente, así como acelerados, lo que eleva la sensación de vértigo que los propios Préludes ya confieren por su virtuosismo. Pero, a pesar de la explotación tan evidente del opus 28 chopiniano, no serán muchos los momentos en los que podamos reconocer las piezas decimonónicas, por cómo Kranebitter las amalgama y enreda con sonoridades instrumentales y electrónicas que parecen al borde del colapso a lo largo de los 13:24 minutos que Stack overflow: Exploiting 24 preludes dura. Ello es parte del sentido conceptual de una pieza que juega con los procesos de saturación y fallo en los sistemas informáticos motivados por un exceso de información: una buena metáfora de eso que hoy en día somos nosotros mismos en esta sociedad hiperconectada. De este modo, por el trabajo de la compresión, el fallo y la intertextualidad (incluidas las referencias a clásicos como el propio Chopin), estamos ante una propuesta en una órbita kreidleriana, si bien con más empaque que lo mostrado en Compression Sound Art por el alemán (y es que, en todo caso, pese a las estridencias conceptuales y musicales del propio Kreidler, algunas de sus partituras para ensemble hasta se dejan escuchar). 

Cierra este vibrante compacto el decano de esta selección presentada por Wergo, el alemán Leopold Hurt (Ratisbona, 1979), de quien escuchamos Dissociated Press (2017), partitura para narradora, ensemble y banda magnética que se encuentra próxima a la de Brigitta Muntendorf por el uso tan constante de la voz en un primer plano. En el título de su partitura, juega Leopold Hurt con las reminiscencias que éste genera de la Associated Press, lo cual no es, ni mucho menos, casual, pues Hurt se adentra en la tirante construcción de la verdad y la posverdad en estos albores del siglo XXI a través de la manipulación de las noticias. Utilizando algoritmos y recursos textuales de internet, Leopold Hurt construye una narración que por momentos carece de sentido, mientras que, en otros, hace resonar música rap y otras fuentes que, como en las anteriores partituras, nos hablan de un mestizaje muy propio de las urbes contemporáneas, así como de las propuestas de fusión en el ámbito de la música germánica más joven. Con ese género de músicas comparte Dissociated Press un carácter muy rítmico y sincopado, desarrollado a golpes en continuo movimiento, marcada la partitura por una voracidad de engullir nuevos materiales, por más que la coherencia interna de los mismos y su sentido direccional (tanto técnico como artístico) se muestre un tanto titubeante: aquilatado y prístino reflejo de buena parte de los medios de (in)comunicación que nos rodean. 

El propio Leopold Hurt es parte, en este compacto, de un Decoder Ensemble en el que toca un instrumento tan poco común como la cítara eléctrica: buen ejemplo de un conjunto cuyas propuestas artísticas son de lo más rompedor y, como tales, conforman todo un reto para nuestra forma de entender el hecho musical, creando una tensión con nuestros imaginarios previos que recuerda a tantas novedades en el pasado y su choque contra lo establecido. Afortunadamente, en este caso las interpretaciones son de total garantía, beneficiándose, además, del trabajo codo con codo con los propios compositores incluidos en este excelente retrato de unas nuevas generaciones que, con obras como éstas, vienen a dar varias vueltas de tuerca a cuanto conocemos; de ahí, la subsiguiente tensión artística e intelectual a la que nos someten, pues como oyentes nos obligarán a repensarnos. 

Las tomas de sonido están a la altura de las interpretaciones: excelentes, con una muy equilibrada presencia de fuentes acústicas, electrónicas y vocales. El libreto presenta datos completos de las obras, material fotográfico de los intérpretes y un muy informativo ensayo a cargo de Egbert Hiller que resulta fundamental para conocer cuáles son las sendas musicales que transitamos y sus prolijas relaciones con el presente y el pasado, pues en muchos momentos —por bregados que estemos en la nueva música— estas piezas podrán llegar a desorientarnos. De modo que, una vez más, el Decoder Ensemble nos conduce a los límites entre los estilos y a la más apurada estética del mestizaje en estos tiempos convulsos tan marcados por la necesidad (muchas veces, artificialmente autopropulsada y enloquecida) de lo nuevo.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Wergo 

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