Uno de los aspectos que marcaron de forma más acusada nuestra vida durante el confinamiento que la pasada primavera padecimos fue la inmersión en una nueva forma de relación con el tiempo, una vez suspendida la trepidante cotidianeidad a la que hoy nos vemos abocados. Durante aquellos meses, más de una vez me acordé de la música de Morton Feldman (Nueva York, 1926 - Búfalo, 1987), pues, como pocas, ésta nos lanza a una vivencia de lo temporal radicalmente al margen de las prisas que caracterizan a la sociedad occidental: una vivencia que nos exige el repensar nuestra propia relación con ese tiempo que en las partituras tardías del genio norteamericano deviene una sustancia plasmática que parece expandirse ad infinitum por medio de unas intrincadas secuencias de patrones.
La última partitura orquestal completada por Morton Feldman -apenas…
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