Vivo en un país donde los miembros de la Real Academia Española se han mostrado reiteradamente incapaces para ofrecerme un verbo que defina mi actividad artística con la dignidad que se merece. Así, cuando me preguntan a qué me dedico, no me queda otra opción que balbucear el mismo término con el que hago cochinadas. A saber, toco la viola como me toco las partes blandas pues, entre tocar una cosa u otra, los señores de la Lengua no le ven diferencia alguna.Antes de chocar frontalmente con la Real Academia quería decirles que toco (qué remedio) la viola en una orquesta de un país donde los músicos gozamos del mismo prestigio que los toreros en Finlandia. Eso sí, si leen las páginas de espectáculos de cualquier periódico nacional descubrirán que los sinfónicos estamos al mismo nivel que la fiesta- a estas alturas de legislatura no sé si…
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